En el mercado literario suele privilegiarse la novela por sobre el cuento, no solo desde la esfera comercial, sino también desde la creativa. Al momento de insertarse en el circuito editorial, los autores suelen verse obligados a presentar obras de largo aliento, pues es lo que las editoriales aceptan, los agentes promocionan y el público busca. Sin embargo, el relato breve mantiene una fuerte presencia tanto en la escena nacional como en la internacional. Se ha comenzado a desdibujar aquel horizonte en que el narrador se encontraba sujeto al formato extenso y su legitimación dependía exclusivamente de este factor.

Determinados acontecimientos locales han permitido que el género recupere terreno. En 2022, el escritor y periodista Pablo Silva Olazábal lideró una petición formal titulada “Carta a favor del cuento” junto con otros 60 autores, con el fin de que en los premios literarios esta categoría tuviera una consideración distinta a la de la novela. La propuesta fue escuchada por agentes culturales nacionales y departamentales; ese mismo año, el Instituto Nacional de Letras lanzó el llamado Felisberto Hernández, destinado a subvencionar libros de cuentos de autores uruguayos respaldados por sellos locales.

En la misma línea, la editorial española Páginas de Espuma, caracterizada por un catálogo mayoritariamente dedicado a la narrativa breve, ha publicado recientemente a las uruguayas Tamara Silva y Fernanda Trías, lo que ha propiciado que tanto los lectores como el mercado presten especial atención a este género.

A partir de esta serie de hitos que dinamizan la creación y la distribución, los cuentos han abandonado la franja de invisibilidad. Hoy encuentran su lugar sistemáticamente gracias a editoriales que se arriesgan con la brevedad y a premios que condecoran este formato. Dos ejemplos de publicaciones recientes en este sentido son Es Londres, G (2025), de Julio Vera, y La calor (2025), de Rodrigo Costas Ferreira.

En el primer caso, nos encontramos con un volumen que contiene 17 relatos divididos en tres partes. Cada una posee un núcleo semántico específico en el que se visita la ciudad de Londres desde la añoranza y la reconstrucción ficcional mediante recreaciones escénicas al estilo de Arthur Conan Doyle. Con un lenguaje hermético, las historias privilegian no solo la ambientación oscura –propicia para climas sórdidos e incómodos–, sino también la caracterización minuciosa y perversa de sus protagonistas. La obra fue galardonada con la primera mención en el concurso literario Juan Carlos Onetti de la Intendencia de Montevideo en 2022.

Foto del artículo 'Breves y emergentes: Es Londres, G y La calor'

El segundo libro, titulado La calor (2025), contiene 28 relatos cortos cuyo eje temático es el verano. Los narradores de estas postales estivales transitan desde la descripción de la frivolidad de los resorts hasta la nostalgia noventera de un balneario uruguayo. Una particularidad de estos textos es la cercanía con el territorio local a través de la memoria infantil, la crítica social y los rituales playeros de arena y puestas de sol, que contrastan con una urbanidad asfixiante habitada por personajes solitarios.

Ambas obras dan cuenta de la heterogeneidad temática y creativa de la escena actual, con autores nuevos que se aventuran en el formato breve explorando universos distintos. Por un lado, la riqueza de introducir conflictos psicológicos en ámbitos de amenaza y oscuridad mediante estrategias que apuntan a la introspección; por otro, una serie de relatos que retratan la cotidianidad de nuestros balnearios con toques de humor y ternura, marcados por la soledad de un sistema que lucra con el turismo y la distancia de no pertenecer a ciertos rituales sociales. Estos libros demuestran la vigencia del género y la pluralidad discursiva que define la vitalidad de la literatura uruguaya actual.

Es Londres, G, de Julio Vera. 138 páginas. Fundación de Cultura Universitaria, 2025. La calor, de Rodrigo Costas Ferreira. 124 páginas. Devuelo, 2025.