En su última actualización, la Agencia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para los Refugiados (Acnur) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) comunicaron que desde que comenzó la invasión rusa, el 24 de febrero, aproximadamente 14 millones de ucranianos debieron dejar sus hogares. De acuerdo a lo que informó el portal oficial de la ONU, ocho millones de personas se encontraban desplazadas internamente en todo el país a finales de abril, un aumento de 322.000 personas en sólo dos semanas, de acuerdo con la OIM. Además, la Acnur informó que 5,9 millones de ucranianos dejaron el país y que Polonia es el país que más refugiados recibió, casi tres millones, en su mayoría mujeres y niños, y Rumania es el segundo, con más de 800.000.

Por otra parte, 2,7 millones de personas que se habían trasladado dentro del territorio ucraniano decidieron retornar, por múltiples motivos, a sus lugares de residencia, lo que destaca aún más la complejidad de la movilidad que se está dando en el país.

Según la OIM, 13% de los retornados, 353.000 personas, manifestaron tener la intención de abandonar sus hogares nuevamente debido a la situación actual.

Por otro lado, la Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos continúa recibiendo informes y denuncias de graves violaciones de las garantías fundamentales en Ucrania.

Entre esos abusos se alegan presuntas violaciones, amenazas de violencia sexual contra mujeres y niñas, hombres y niños civiles, y desapariciones forzadas y desplazamiento supuestamente cometidas en su mayoría por las fuerzas armadas rusas y sus aliados.

La Misión de Vigilancia de los Derechos Humanos de la ONU en Ucrania informó que está documentando e investigando los casos, algunos de los cuales podrían constituir crímenes de guerra.

Según este organismo, más de 3.380 civiles murieron desde que comenzó la invasión rusa y cerca de 4.000 resultaron heridos.

Pero la australiana Matilda Bogner, jefa de la misión que está monitoreando la situación de los derechos humanos en Ucrania, expresó que “una vez que sea lo suficientemente seguro y los investigadores puedan visitar el terreno, se espera que el número real de víctimas se ubique muy por encima del actual, incluyendo a los de la devastada ciudad portuaria Mariúpol”.

La situación en este puerto, ubicado en el sureste de Ucrania, en las costas del Mar de Azov, sigue siendo extremadamente compleja. El alcalde de la ciudad, Vadym Boichenko, quien desde hace semanas está fuera de Mariúpol, comunicó en su cuenta de Telegram que aproximadamente 10.000 personas que viven en la ciudad podrían morir por las enfermedades contraídas desde que se impuso el bloqueo ruso. La ciudad, en la que antes de la invasión vivían alrededor de 400.000 habitantes, está de hecho bajo el control de las fuerzas de Moscú, y 80% de las infraestructuras de la urbe fueron completamente destruidas por los persistentes ataques.

El único lugar de la ciudad que todavía no cayó en manos rusas es la planta siderúrgica Azovstal, donde alrededor de 1.000 combatientes ucranianos, la mayoría de ellos integrantes de la formación ultranacionalista neonazi Batallón Azov, permanecen resguardados de los bombardeos rusos, aunque su caída es inminente.

Otro lugar que es controlado por las fuerzas rusas es casi la totalidad de la región de Jersón, ubicada al norte de Crimea, territorio que desde 2014 fue anexionado por Rusia.

Este miércoles las nuevas autoridades de la región impuestas por el Kremlin comunicaron que planean pedir la anexión del territorio a Moscú, una medida que reforzaría la idea de que el gobierno de Vladimir Putin no tiene la menor intención de dejar de controlar los lugares que logró conquistar durante la campaña militar, que ya lleva casi 80 días.

El llamado a la anexión fue hecho por Kirill Stremousov, el jefe adjunto de la administración militar que Rusia puso al frente de Jersón, región cuya capital tiene el mismo nombre. Esta ciudad fue ocupada por las tropas rusas a comienzos de marzo, en los primeros días de la invasión, y es, por el momento, la única gran ciudad ucraniana que está totalmente controlada por Moscú.