Se trata de una noticia casi sin precedentes en un momento en que las relaciones entre Argelia y Francia están atravesando un período de complejas turbulencias diplomáticas. Con el telón de fondo de una historia compartida, la secuencia de conflictos de los últimos meses estuvo marcada por profundas discrepancias que dejaron sentir un aire de patriotismo sin pudor.

Podría haber sido la sentencia del tribunal argelino en el caso del escritor franco-argelino Boualem Sansal la que pacificara las relaciones bilaterales, como esperaba la clase política francesa. Sin embargo, el autor fue condenado el jueves 27 de marzo a cinco años de prisión y a pagar 500.000 dinares (157.539 pesos uruguayos), aunque Emmanuel Macron intentará dialogar para que el autor “recupere su libertad”.

Sansal, de 80 años y enfermo de cáncer, fue detenido a su regreso a Argelia por atentar “contra la seguridad del Estado, la integridad territorial y la estabilidad institucional”, tras haber publicado un artículo en el periódico Frontières (de línea identitaria y antiinmigración). Su caso adquirió una dimensión mayor, en el contexto de las fuertes tensiones pendientes entre estos dos países a ambos lados del Mediterráneo.

El período de hostilidades entre Argelia y Francia comenzó en julio, cuando Macron declaró su apoyo al plan de autonomía del Sahara occidental bajo soberanía marroquí. Dicho territorio, al oeste de Marruecos, es el teatro de varios conflictos y tensiones entre marroquíes e independentistas del Frente Polisario apoyados por Argel. La posición de Francia respecto a este asunto rompió de alguna manera el equilibrio de las relaciones históricas que tiene con Argelia y provocó fuertes reacciones de esta. Su presidente, Abdelmadjid Tebboune, tomó inmediatamente represalias contra lo que consideró un ataque, explicando que “Francia y Marruecos se llevaban muy bien, incluso antes de nuestra independencia. Y eso no molesta a Argelia. Sabemos que Francia siempre ha estado del lado de Marruecos en la cuestión del Sahara occidental. Pero hacerlo de forma ostentosa plantea un problema. Molesta a la ONU y a la legalidad internacional”. También retiró al embajador argelino en París tras estas declaraciones.

Otro punto importante de fricción entre los dos países se refiere a la aplicación de las OQTF (órdenes de abandono del territorio). Argelia parece negarse sistemáticamente a readmitir a sus nacionales residentes ilegalmente en Francia. El primer ministro, François Bayrou, abordó recientemente la cuestión, amenazando a Argelia con revisar el acuerdo de 1968 que otorga a los argelinos en Francia un estatuto especial. Pero fue sobre todo la actitud del ministro del Interior, Bruno Retailleau, lo que realmente molestó a los argelinos. Retailleau defendió mantener una posición de fuerza con Argelia. En una entrevista el 19 de marzo, en Sud Radio (de derecha), comentó: “No somos belicosos, no queremos la guerra con Argelia. Es Argelia quien nos agrede”, dijo en referencia a la negativa de Argelia a aceptar de vuelta a sus ciudadanos deportados.

Los recientes fracasos en las expulsiones de influencers argelinos residentes en Francia, acusados de amenazar a opositores del régimen argelino exiliados en territorio francés, han agravado la situación. Un caso emblemático es el de Boualem Naman, conocido como “Doualemn” en redes sociales, quien en su cuenta de Tik Tok, de 140.000 seguidores, publicó un video incitando a propinar una “severa paliza” a un opositor del régimen en Argelia. Además, a principios de marzo, en Mulhouse, un hombre argelino de 37 años con orden de abandono del territorio causó la muerte de una persona y dejó a otras seis heridas. El violento incidente contribuyó a exacerbar aún más estas tensiones bilaterales.

La actitud del ministro del Interior podría, de alguna manera, ser considerada como una forma de sacar provecho de la situación dentro del calendario político francés. A sólo un mes de las nuevas elecciones para elegir el presidente del partido de derecha Les Républicains, Retailleau intenta seducir a un electorado más derechista, y las tensiones con Argelia parecen ser una buena forma de conseguirlo. Según un reciente estudio de la empresa encuestadora Ipsos, el ministro goza actualmente de 36% de opiniones favorables entre los franceses, lo que lo sitúa como uno de los políticos más populares del país, justo detrás de figuras como Jordan Bardella, Gérald Darmanin, Edouard Philippe y Marine Le Pen. La popularidad creciente de Retailleau podría explicar su postura firme en temas migratorios. En ese sentido, declaró en X que su política busca, “por una parte, perseguir a los islamistas y, por otra, reforzar el sentimiento de pertenencia a nuestra comunidad nacional entre nuestros compatriotas musulmanes”.

Pero Argelia tiene ases bajo la manga para tratar con Francia. Tebboune no quiso entrar en la dinámica acusadora del ministro del Interior francés. Declaró: “Para no verme envuelto en el jaleo político y la confusión que hay allí [en Francia], sólo quiero decir unas palabras: mantenemos al presidente Macron como único punto de referencia”. Llamó y consiguió un apaciguamiento de la situación al priorizar el diálogo con Macron, quien parece compartir el mismo interés. El presidente argelino descalificó así a Retailleau y aprovechó la situación para denunciar que su país fue víctima de un complot de la “extrema derecha francesa revanchista y rencorosa”.