El Instituto del Agua, Medio Ambiente y Salud (INWEH, por sus siglas en inglés) de la ONU publicó este martes un nuevo informe en el que declaró que el mundo entró en “la era de la bancarrota hídrica global”.

Kaveh Madani, director del instituto y uno de los principales autores del informe, señaló que “muchas regiones viven por encima de sus posibilidades hidrológicas y muchos sistemas hídricos ya están en bancarrota”, lo que deja como resultado cada vez más cantidad de “acuíferos compactados, tierras hundidas en deltas, ciudades costeras, lagos y humedales desaparecidos y una pérdida irreversible de biodiversidad”.

En el informe, los científicos se distancian de conceptos como “estrés hídrico” o “crisis del agua”, porque se trata de situaciones reversibles, mientras que este no es el caso, por lo que lo definen como una nueva realidad de “poscrisis” para miles de millones de personas y llaman a las autoridades a asumir esta postura.

Los autores se basaron en un artículo escrito por colegas científicos para la revista Water Resources Management, que define la quiebra del agua como “una extracción excesiva persistente de aguas superficiales y subterráneas en relación con las entradas de energías renovables y los niveles seguros de agotamiento, y la resultante pérdida irreversible”.

Si bien Madani advierte que no todos los países están en “bancarrota”, existen “suficientes sistemas críticos” que sí lo están, y, como consecuencia, “el panorama global de riesgo está fundamentalmente alterado”.

En términos financieros, muchas sociedades no solamente gastaron más de sus ingresos anuales de agua renovable, sino que también agotaron los ahorros a largo plazo que estaban acumulados en acuíferos, glaciares y humedales.

Los puntos más críticos son Medio Oriente, el norte de África, partes del sur de Asia y el suroeste de Estados Unidos. En Medio Oriente y en el norte de África, el “alto estrés hídrico”, la vulnerabilidad climática, la baja productividad agrícola, la desalinización con alto consumo de energía y las tormentas de arena y polvo “se entrelazan” con economías políticas complejas. Mientras que, en el sur de Asia, la agricultura y la urbanización, que dependen de las aguas subterráneas, provocaron grandes descensos de los niveles “freáticos [agua acumulada en el subsuelo]” y hundimientos locales. En Estados Unidos, el río Colorado y sus embalses “se convirtieron en símbolos de un agua prometida en exceso”.

Costos naturales y económicos

Entre las cifras presentadas, se destaca que el 50% del agua de uso doméstico proviene de aguas subterráneas, mientras que más del 50% de los grandes lagos del mundo vienen perdiendo agua de manera constante desde principios de la década de 1990.

Por su parte, más del 40% del agua de riego extraída de los acuíferos se está agotando y el 70% de los principales acuíferos muestran tendencias en declive a largo plazo. Además, 410 millones de hectáreas de humedales desaparecieron en los últimos 50 años y se perdió más del 30% de masa de los glaciares. En este sentido, se estima que cordilleras enteras de latitudes bajas y medias pierdan la totalidad de los glaciares en las próximas décadas. Asimismo, el informe indica que el agua de docenas de importantes ríos no llega al mar durante algunas partes del año.

Las consecuencias de estos hechos para la humanidad no pasan desapercibidas: el 75% de las personas viven en países con inseguridad hídrica y/o inseguridad hídrica crítica. Además, 4.000 millones de personas enfrentan una grave escasez de agua al menos un mes al año y 2.200 millones carecen de agua potable gestionada de forma segura, mientras que 3.500 millones no cuentan con saneamiento gestionado de forma segura.

En términos de costos, el valor anual de los servicios ecosistémicos de humedales perdidos es de 5,1 billones de dólares y el costo anual de la sequía es de 307.000 millones de dólares.

“Millones de agricultores intentan cultivar más alimentos a partir de fuentes de agua cada vez más escasas, contaminadas o en vías de desaparición. Sin una transición rápida hacia una agricultura inteligente en el uso del agua, la bancarrota hídrica se propagará rápidamente”, aseguró Madani.

La oportunidad de actuar

El autor del informe destacó que el mundo tiene una “importante oportunidad estratégica para actuar” y advirtió que no se puede proteger el agua “si se permite que el ciclo hidrológico, el clima y el capital natural subyacente que la producen se interrumpan o dañen”.

Además, señaló que el agua puede servir de “puente” para generar “confianza y unidad”, porque trasciende fronteras políticas. “El agua puede convertirse en un poderoso foco de cooperación y también para alinear la seguridad nacional con las prioridades internacionales”, estimó.

Según Madani, una inversión en agua es también una inversión en la mitigación del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la desertificación. Asimismo, plantea que poner el foco sobre el agua “podría reactivar negociaciones estancadas”. “Un enfoque práctico y cooperativo en el agua ofrece una manera de conectar las necesidades locales urgentes con los objetivos globales a largo plazo”, puntualizó.

Para finalizar, el director del instituto explicó que la declaración de una “bancarrota hídrica global” no implica el mismo impacto en todas partes, pero sí que “suficientes sistemas en todas las regiones y niveles de ingresos se han vuelto insolventes”.

“La agricultura representa la mayor parte del consumo de agua dulce y los sistemas alimentarios están estrechamente interconectados a través del comercio y los precios”, expresó.

Cuando la escasez de agua afecta esta actividad en una región, “sus efectos se extienden a los mercados globales, la estabilidad política y la seguridad alimentaria en otras partes. Esto hace que la escasez de agua no sea una serie de crisis locales aisladas, sino un riesgo global compartido”, aseguró.