Según The New York Times, la operación Resolución Absoluta que realizó el gobierno de Estados Unidos el 3 de enero para capturar al expresidente de Venezuela Nicolás Maduro fue “la más riesgosa de su tipo desde que miembros del Equipo SEAL 6 de la Marina mataron a Osama bin Laden” en 2011, y que implicó “más de 150 aviones militares, incluidos drones, aviones de combate y bombarderos”.
Cerca de 80 personas murieron en el operativo, incluyendo a 32 cubanos cuyos cadáveres fueron devueltos a La Habana y recibidos en una ceremonia solemne por toda la plana mayor del gobierno de la isla.
El analista sueco Robin Torrusio*, máster en Crimen Organizado Transnacional de la Universidad de Staffordshire y licenciado en Paz y Conflictos por la Universidad de Uppsala, dijo a la diaria que, además de terminar con la presidencia de Maduro, el despliegue militar “aportó mayoritariamente tres cosas” al gobierno de Estados Unidos que lidera Donald Trump.
El primer elemento es “la importancia de tener inteligencia precisa”. Torrusio indicó que “la CIA desplegó un equipo meses antes de la operación, quienes siguieron a Maduro para recolectar información” y también “reclutaron una fuente interna en la administración”. Lo anterior demostró que la disciplina de “HUMINT” –obtener información a través de fuentes humanas– aún “está viva y es muy relevante”, a pesar del auge de otros ámbitos, como el “SIGINT”, la interceptación de señales.
De acuerdo con The New York Times, “la inteligencia recopilada sobre los movimientos diarios del líder venezolano, combinada con una fuente cercana a Maduro y una flota de drones furtivos que sobrevolaban la zona, permitió a la agencia descifrar detalles minuciosos de sus rutinas”.
El segundo punto es “la importancia de la coordinación entre las varias unidades especiales militares y también de la CIA”, dado que se trató de “una operación a gran escala”. El mismo artículo del periódico estadounidense sostuvo que, además de la llamada Fuerza Delta, participaron aeronaves de “20 bases militares diferentes”.
Finalmente, el tercer nodo está representado por “la importancia de una supresión fuerte de la defensa aérea enemiga” ante sistemas antiaéreos, que consideró “bastante formidables”, incluyendo “los sistemas S-300 y Buk-M2”, procedentes de Moscú. “Eso incluyó no sólo la destrucción de equipos, en este caso rusos, sino también un plan de interferencia electrónica. La operación incluyó 150 aeronaves y no perdieron ninguna”, aseveró Torrusio en la misma línea.
“La defensa aérea venezolana no funcionó y eso puede deberse a varias cosas. Tal vez fue una incompatibilidad respecto de los sistemas que usaba Estados Unidos, o también hemos leído que los radares no fueron conectados con los sistemas. El entrenamiento del personal militar o el mantenimiento del equipo tal vez no era adecuado, y además se necesitan doctrinas implementadas y practicadas para poder operacionalizar este tipo de sistemas”, afirmó el analista.
En suma, “si las fuerzas armadas venezolanas intentaron operar los sistemas antiaéreos el 3 de enero”, eso significa que Estados Unidos ahora “podría tener una mayor confianza en realizar operaciones contra este tipo de sistemas rusos”, ya que “varios países tienen el mismo tipo de sistemas”.
Torrusio planteó: “La cuestión es si la confianza de Estados Unidos se va a trasladar para realizar operaciones también en otros países”.
Similitudes entre Donald Trump y Vladimir Putin
La operación estadounidense en Venezuela implicó la actuación de “unidades especiales militares, no fuerzas convencionales”, explicó Torrusio. Así, el operativo contra Maduro marcó que, en comparación con sus antagonistas, “la diferencia de habilidades entre las fuerzas especiales de Estados Unidos y sus adversarios es mucho mayor que la diferencia entre las fuerzas convencionales” debido a “décadas de experiencia de operaciones especiales en Afganistán e Irak”, pero “no así entre las fuerzas convencionales”.
“Recordemos que también Putin quería una operación especial de sólo pocos días en Ucrania, pero que fue basada en inteligencia errónea y una sobrevaluación de sus propias habilidades militares convencionales. La operación en Venezuela muestra que la administración de Estados Unidos tiene una gran confianza en sus habilidades en el ámbito de la inteligencia, y una gran aversión de riesgo, ya que estaban dispuestos a arriesgar, a ponerse en una situación como en 1993”, indicó el analista sueco en referencia a la batalla de Mogadiscio, la capital de Somalía, donde “murieron 18 soldados de Estados Unidos y más de 70 fueron heridos”.
Además, señaló que se está viendo a “un Trump que se está moviendo en la misma dirección del deseo de Putin”, porque “quiere un orden mundial multipolar, que en realidad significa el establecimiento de esferas de interés”.
Torrusio dijo que esta situación “implica que Estados Unidos hace lo que quiere en el hemisferio occidental, Rusia puede hacer lo que quiera en el espacio postsoviético y un poco en Europa oriental, y China puede hacer lo que quiera en el sureste asiático”, en “un tipo de imperialismo regional”.
“La operación en Venezuela muestra –y también ya se está hablando bien abiertamente– la reavivación de la doctrina Monroe. La administración de Estados Unidos ve el mundo de la misma manera que Putin y que América Latina es su patio trasero, además de que pueda poseer Groenlandia, en su hemisferio, en su esfera de interés”, acotó.
De esta manera, la administración estadounidense “está mostrando que no está tan interesada en la cooperación con Europa”, y, a pesar de que no haya una acción militar contra la isla, las tensiones “están socavando la unidad transatlántica” en un tiempo en que “la OTAN necesita estar muy unida contra Rusia”.
Robin Torrusio es máster en Crimen Organizado Transnacional de la Universidad de Staffordshire y licenciado en Paz y Conflictos de la Universidad de Uppsala. Estuvo seis años en una unidad de reconocimiento militar sueca, incluyendo dos misiones en África encargado de entrenamiento de fuerzas locales y HUMINT. Ocupó cargos diplomáticos por el gobierno sueco y la Unión Europea analizando la guerra en Ucrania y la política de seguridad en El Salvador. Participó en la Misión de la ONU en Colombia verificando la implementación del acuerdo de paz y analizando el tráfico de cocaína en el Caribe para InSight Crime.