Saltar a contenido
Mundo Brasil
Flavio Bolsonaro durante la Marcha por Jesus, el 4 de junio en San Pablo. · Foto: Miguel Schincariol, AFP

Flavio Bolsonaro durante la Marcha por Jesus, el 4 de junio en San Pablo.

Foto: Miguel Schincariol, AFP

Flávio Bolsonaro no consigue la confianza que su padre logró de los evangélicos

Católico, Jair logró ser visto como enviado por Dios, pero su hijo enfrenta resistencia desde un sector que tiene un peso electoral determinante.

Nuestro periodismo depende de vos

Si ya tenés una cuenta Ingresá

Flávio Bolsonaro ha sido bautizado cuatro veces en la fe evangélica. Primero en su juventud, en la Iglesia Bautista de Itacuruça, en el barrio de Tijuca, en la zona norte de Río de Janeiro. En 2016, a los 35 años, el entonces diputado del estado de Río fue bautizado de nuevo acompañando a su padre, Jair Bolsonaro, en un chapuzón en las aguas del río Jordán, en Israel. En 2024, él y su esposa Fernanda fueron bautizados una vez más en la Iglesia de la Comunidad de las Naciones en Brasilia. Finalmente, a principios de este año, el ahora precandidato a la presidencia de la República regresó al río Jordán para “renovar el pacto con Dios”.

El bautismo simboliza un acto público de obediencia, el renacimiento a la vida espiritual y la limpieza de los pecados. A diferencia del catolicismo, en el que los bautismos suelen reservarse para los bebés, la mayoría de las iglesias evangélicas practica el rito en adultos como un acto consciente de fe. Aunque no está prohibido bautizarse varias veces, el gesto suele estar reservado para personas que se han alejado de la religión o han cambiado de denominación.

De acuerdo con pastores consultados por Agência Pública, la repetición del ritual por parte de Flávio también tiene un componente político. Por un lado, busca seguir los pasos de su padre, que viajó a Israel poco antes de su exitosa campaña presidencial de 2018. Por otro, intenta acercarse al grupo religioso que fue uno de los más determinantes para la victoria de Jair, y que todavía no selló un acuerdo con Flávio. Para eso, señalan, no basta con que Flávio sea evangélico; también debe parecerlo.

Jair fue impulsado por su agenda conservadora

Flávio siempre se ha identificado como evangélico, influido por su madre, Rogéria Bolsonaro –la primera esposa de Jair–. Estudió en un colegio bautista privado tradicional y asiste a servicios religiosos con su familia. Jair, en cambio, es católico confeso y no cambió de religión ni siquiera tras el episodio en el río Jordán. A pesar de este contraste, existe una diferencia en la forma en que la comunidad evangélica los percibe a los dos.

Incluso sin ser fiel de ninguna congregación, Jair se acercó a ese ambiente después de su bautismo, oficiado en aquel entonces por el pastor Everaldo, que era presidente del Partido Social Cristiano, al que estaba afiliado el dirigente. Everaldo cuenta con lazos con políticos influyentes como el exgobernador de Río Anthony Garotinho y el expresidente de la Cámara de Diputados Eduardo Cunha. Los dos son evangélicos y miembros del partido Republicanos. Asimismo, fue el padrino político de Wilson Witzel en su campaña a la gobernación de Río (Witzel también se convirtió después a la fe evangélica). Años más tarde, tanto el pastor como Witzel se vieron envueltos en el mismo escándalo de corrupción que involucraba al sector de la salud durante la pandemia. No obstante, Jair se adentró en este ámbito legitimado por figuras con prestigio.

En 2018, recibió el apoyo explícito de varios líderes evangélicos de peso, como el obispo Edir Macedo –propietario del grupo mediático Record, de la Iglesia Universal del Reino de Dios y del banco Digimais– y el pastor Silas Malafaia, de la Asamblea de Dios Victoria en Cristo –que incluso celebró su casamiento con Michelle–. Uno de los motivos para este respaldo fue que se percibía al candidato como el más alineado con las posturas morales defendidas por la iglesia, tales como la oposición al aborto, a la legalización de las drogas y a la llamada “ideología de género”. Por aquel entonces, el actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva (PT), se encontraba encarcelado, y su candidato, Fernando Haddad, fue rápidamente vinculado con el llamado “kit gay” (una falsa información acerca de supuestos materiales pedagógicos que buscaban promover la homosexualidad en los niños).

Por aquel entonces, el nombre de Jair fue consensuado en varias reuniones de comunidades evangélicas, a pesar de tratarse de un grupo amplio y diverso con diferentes visiones. Una de estas reuniones aparece descrita en el libro A Noiva sob o Véu (La novia bajo el velo) –obra del pastor bautista y especialista en estudios religiosos Sérgio Dusilek que aborda la participación evangélica en las elecciones–. El autor relata una sesión de preguntas y respuestas organizada por la Global Kingdom Partnership Network, una red fundamentalista estadounidense que coordina a quienes él denomina los principales pastores evangélicos de Brasil, celebrada en 2018 con el entonces candidato en la Iglesia Bautista Central de Belo Horizonte.

“Dos semanas después del encuentro, en una acción visiblemente coordinada, los pastores más mediáticos allí presentes publicaron videos de apoyo a Bolsonaro en sus redes sociales. En el transcurso de apenas unos días, y recurriendo a diversos argumentos y experiencias, expresaron su respaldo a Bolsonaro llevándolo a términos espirituales. Estamos hablando de más de 25 millones de seguidores alcanzados directamente por estas publicaciones, sin contar las veces que fueron compartidas”, escribió Dusilek.

Así, Jair adquirió un “aire davídico” [en referencia al rey David, descrito en la Biblia como “un hombre acorde al corazón de Dios”] y fue presentado como “un Mesías”, según la investigación de Dusilek. Contribuyó a ello el hecho de que Jair tuviera Messias como uno de su nombres. Con esta aura de enviado de Dios, logró sortear controversias y acusaciones sin apenas dañar su imagen.

“El evangélico lo vería así: ‘Es un hombre santo de Dios, un emisario; si alguien habla mal de él, es el diablo intentando acusar a este hombre santo’. La persona descree de esa información”, dijo a Pública el pastor –que tiene posturas progresistas–. “Es como el teflón antiadherente: nada de lo que intentas pegarle se le adhiere, debido a ese recubrimiento”.

“Cuando Bolsonaro asistía a los servicios religiosos, cruzaba los brazos durante las oraciones y mantenía los ojos abiertos con una expresión extraña en el rostro; aun así, estaba allí, y hubo una construcción colectiva de esa figura mesiánica que se instaló. Más tarde, también necesitaron la imagen de Michelle como mujer evangélica. Él no es evangélico, pero su esposa sí, y gradualmente él se apropió de eso”, afirma el pastor Valdemar Figueiredo, coordinador del Observatorio de la Escena Política Evangélica.

Sin embargo, durante su mandato, Jair se enfrentó a desafíos que erosionaron gradualmente su imagen mesiánica. En 2022, cuando buscaba la reelección, el país enfrentaba el luto por las cientos de miles de muertes de la pandemia. Algunos pastores optaron por distanciarse de la imagen bolsonarista, como el diputado Otoni de Paula, del Partido Social Democrático (PSD), un pastor de derecha que afirma haber dejado de apoyar a Jair tras percibir que las iglesias evangélicas estaban convirtiendo al político en un objeto de veneración.

Las principales dirigencias evangélicas terminaron por mantener su apoyo al entonces presidente en aquellas elecciones, aunque con cierta timidez y muestras de dudas. El pastor Luciano Subirá, uno de los líderes de la iglesia Comunidade Alcance, grabó un video en el que afirmaba haber ayunado durante 40 días para saber a quién votar, y cuando Dios le dijo que votara a Bolsonaro, ayunó otros 40 días para tener la certeza. Como respuesta, Michelle asumió un papel destacado en la campaña, resaltando su condición de mujer cristiana y reiterando que su esposo había sido “enviado por Dios”.

Actualmente, la defensa de cuestiones morales sigue ejerciendo un gran atractivo entre los votantes religiosos más conservadores; sin embargo, la noción del “hombre elegido por Dios” no parece extenderse automáticamente al “hombre elegido por Jair” –su hijo Flávio–, según los pastores entrevistados.

El problema de Flávio

Jair fue condenado por intento de golpe de Estado y cumple prisión domiciliaria. Antes de eso, ya había sido declarado por la justicia electoral inhabilitado para postularse a cargos públicos. Con la proximidad de las elecciones de este año, se desató una pugna de aliados que se disputaban el lugar de heredero de los votos del bolsonarismo. Entre los nombres que se barajan, Flávio no solía figurar como la primera opción.

El entonces senador anunció su precandidatura a la presidencia a principios de diciembre de 2025, pero la decisión recién se confirmó el día 25 de ese mes, cuando leyó una carta escrita por su padre frente al hospital donde el expresidente iba a ser sometido a una cirugía de emergencia. El texto tenía un tono emotivo: “Encomiendo lo más importante en la vida de un padre –mi propio hijo– a la tarea de rescatar a nuestro Brasil”, decía.

Desde entonces, Flávio ha tenido dificultades para movilizar a la misma base que se había unido en torno a su padre pocos años antes. Pero la situación se complicó en junio, cuando aparecieron audios que vinculaban al precandidato con el banquero Daniel Vorcaro, una figura implicada en el escándalo del banco Master. En dichas grabaciones, el senador presuntamente negociaba millones de reales para una película biográfica sobre su padre, fondos cuyo destino está siendo investigado actualmente por la Policía Federal. Su participación en la Marcha por Jesús también suscitó críticas por introducir la política en lo que debía ser un acto religioso, según la consultora Ativaweb DataLab, que analizó 17 millones de publicaciones en redes sociales después del evento.

También en junio, la esposa de su padre, Michelle, publicó un video en el que afirmaba haber sido maltratada y humillada por Flávio tras discrepancias sobre las alianzas políticas del Partido Liberal en los estados. Respetada en los círculos cristianos y con buenos contactos entre líderes religiosos de gran relevancia nacional, Michelle contribuyó a complicar la imagen de Flávio entre las mujeres y los evangélicos, dos sectores demográficos en los que el senador ya estaba perdiendo terreno.

La caída se reflejó en las encuestas electorales. Un sondeo de Genial/Quaest mostró que el apoyo al hijo mayor de Bolsonaro descendió nueve puntos entre los evangélicos en apenas un mes, pasando del 61% al 52% en intención de voto entre mayo y junio. Otra encuesta, realizada por AtlasIntel/Bloomberg, que se hizo poco después de las declaraciones de Michelle constató que el senador había perdido 10 puntos porcentuales entre las mujeres y ocho puntos entre quienes se identifican como evangélicos. Para amortiguar el golpe, Flávio grabó de inmediato videos disculpándose ante la ex primera dama e intensificó las publicaciones en redes sociales en las que aparece rezando.

Malafaia, que ya había declarado públicamente su preferencia por el gobernador de San Pablo, Tarcísio de Freitas (Republicanos), como candidato, incluso llegó a asistir a un servicio religioso junto a Flávio, pero parece haberle dado la espalda al decir que él “no protege a los corruptos”. El pastor Robson Rodovalho, de la iglesia Sara Nossa Terra –también cercano a Bolsonaro–, siguió el mismo camino. “Los evangélicos piensan: a veces es mejor votar por un candidato que no es cristiano que por uno que dice serlo pero carece de coherencia”, dijo.

Pastores de congregaciones menores también se han mostrado reticentes a apoyarlo abiertamente, según relata Filipe Gibran, líder de la iglesia Comuna del Reino. “En los grupos de Whatsapp veo a pastores de diversos lugares, con visiones diferentes, debatiendo sobre su relación [la de Flávio] con Daniel Vorcaro, del Banco Master. Cayó mal, surgió una sensación de desconfianza”, afirma. “Eso no significa que vayan a empezar a apoyar a Lula, pero si votan por Flávio, será más por un sentimiento de oposición al PT –que sigue siendo predominante– que porque realmente les guste Flávio”.

Hasta el momento no hubo un respaldo firme a la candidatura de Flávio por parte de los líderes evangélicos. Si eso llegara a ocurrir –algo que no está descartado–, podría reservarse para el período más cercano a las elecciones. Mientras tanto, Lula y otros políticos intentan estrechar lazos con ellos. El Ministerio Madureira, parte de las Asambleas de Dios, liderado por el obispo Samuel Ferreira y que tiene 5.000 templos, fue una de las pocas organizaciones que ya han declarado su apoyo a un candidato: el elegido fue el exgobernador de Goiás Ronaldo Caiado (PSD), visto como una opción para los votantes de derecha cansados del bolsonarismo.

Fiestas, vapeo y sexo fuera del matrimonio

Flávio tampoco logra conectar con el público porque “no parece evangélico”, según líderes religiosos entrevistados por Pública. Más allá de las acusaciones de corrupción que ha enfrentado –como el escándalo de la “rachadinha” (desvío de parte de los salarios de sus asesores) en la Asamblea Legislativa del estado de Río y la aparición de su nombre en investigaciones relacionadas con el caso “Master”–, se le ve frecuentemente en fiestas y bailes de carnaval, ha sido filmado vapeando y emplea un lenguaje considerado “no muy cristiano”.

En 2023 circularon rumores de que había mantenido una relación con una mujer transexual en una fiesta organizada por el futbolista Neymar (algo que Flávio niega). Ahora se enfrenta a rumores sobre su supuesta aparición en un video en una fiesta organizada por Vorcaro, rodeado de mujeres (también lo niega). Es posible que estas cuestiones no sean decisivas para muchos sectores de la sociedad, pero tienen un fuerte impacto en un electorado religioso conservador.

Para el pastor Ricardo Gondim, presidente de la Iglesia Betesda, el mayor problema de Flávio no son las acusaciones de corrupción, sino la percepción de que no vive conforme a la disciplina de su fe. “Si se llega a ver a Flávio como alguien que asistía a las fiestas de Vorcaro y que no lleva una vida virtuosa, por así decirlo, podría sufrir un duro golpe. Eso sería mucho más perjudicial que si lograran demostrar que se embolsó los 136 millones de reales de la película [Dark Horse, suma que habría negociado con Vorcaro y que equivale a más de 26,5 millones de dólares]; mucho más perjudicial a los ojos de la comunidad evangélica”.

Según Figueiredo, la imagen de Flávio parece desconectada de los valores de la cosmovisión cristiana. “Flávio fue bautizado en la Iglesia Bautista, pero nada en él resulta auténtico en ese sentido, porque parece falso. Es como una obra de arte: si viste la original, sabés distinguir la falsificación”, afirma el pastor. Cita como ejemplo el video grabado por Michelle. “Hay muchos símbolos ahí que evocan la fe evangélica. Su postura, el vocabulario que emplea, los accesorios... ella encaja perfectamente en ese entorno. Pero imagina poner a Flávio ahí. Va a sonar ridículo”.

Gondim, un destacado teólogo de Betesda, considera improbable que Flávio logre librarse de los escándalos sin daños en su imagen. “El hechizo que Bolsonaro lanzó durante las elecciones de 2018 no se repetirá ahora. Puede que incluso gane, pero esa seducción, esa hipnosis colectiva en la que el país estaba inmerso en 2018, no se repitió en 2022 y tampoco se repetirá ahora”, afirma Gondim.

“El carisma no es hereditario. Y el ‘teflón’, digámoslo así, tampoco es transferible”, señala Dusilek. También cita un principio fundamental de la fe evangélica: “La cuestión del llamado, de la vocación, de la elección divina para una misión especial, es algo individual. No se transmite de padres a hijos como un apellido”.

Este artículo fue publicado originalmente en Agência Pública.