Tras una noche llena de tensión, en la mañana del domingo se confirmó que la mayoría de los ciudadanos de Islandia votaron en contra de una propuesta promovida por el gobierno para reanudar las negociaciones de adhesión a la Unión Europea (UE), tras una campaña muy reñida que dividió al país en un contexto de volatilidad mundial.
Finalmente, de acuerdo con lo que informaron las autoridades electorales islandesas, el “no” tuvo el 52,8% de los votos contra 47,2% del “sí” en el referéndum celebrado el sábado en la isla situada en el norte del océano Atlántico. La participación electoral fue elevada, alcanzando 82,5%, según lo que informó el diario británico The Guardian.
La votación se celebró bajo la sombra de las reiteradas amenazas del presidente estadounidense Donald Trump de invadir o adquirir la vecina Groenlandia.
Aunque Islandia integra la OTAN desde su fundación, en 1949, los partidarios de la adhesión a la UE argumentaban que la solidaridad europea ofrecería una mayor protección si Trump llegara a lanzar amenazas similares contra el país cuya capital es Reikiavik.
En una conferencia de prensa que dio después de conocer los resultados, la primera ministra, Kristrún Frostadóttir, afirmó que la campaña había “elevado el nivel del debate en Islandia”, al tiempo que reconocía que hubo aspectos que “podrían haberse gestionado mejor”.
Debido a lo apretado del resultado, la dirigente de 38 años, líder de la Alianza Socialdemócrata, señaló que era importante respetar las opiniones de quienes votaron a favor, aunque remarcó: “Está muy claro que este asunto no avanzará bajo este gobierno”.
La noticia generó decepción en Bruselas, la capital de la UE, que tenía la intención de sumar a su bloque a un miembro próspero y con el que estaban dispuestos a llegar a acuerdos sobre temas altamente sensibles para Islandia, como la pesca, para facilitar su adhesión.
Pero fue precisamente el factor pesca el determinante para decidir el referéndum. Islandia tiene una extensa zona económica exclusiva en el Atlántico norte, la industria pesquera está profundamente arraigada en la conciencia nacional y además es un sector clave del empleo, aporta en torno al 8% del PIB del país y casi 40% de sus exportaciones, recordó el portal Euronews.
La victoria del “no” intentó ser capitalizada por líderes europeos ultraderechistas y euroescépticos, como la francesa Marine Le Pen. “En un momento en que algunos impulsan un mayor federalismo y la transferencia de soberanía a la Comisión Europea, esta votación nos recuerda que otra Europa es posible: una Europa de naciones libres y soberanas que cooperan voluntariamente en asuntos de interés común”, expresó Le Pen en un mensaje en su cuenta de X.
Por su parte, el británico Nigel Farage, líder de Reform UK, escribió: “Felicidades a Islandia por votar a favor de mantener su independencia”.
El gobierno de Reikiavik había planteado su plan de avanzar en las negociaciones con la UE como una decisión de “ahora o nunca”. En ese sentido, a comienzos de agosto, la primera ministra había dicho a la ciudadanía que un voto negativo zanjaría definitivamente las especulaciones sobre la integración del país al bloque comunitario.
El domingo, la mandataria declaró a la cadena estatal local RÚV que esperaba que la votación no dejara a la nación de 400.000 habitantes dividida.
La primera ministra, quien participó en actos públicos por todo el país durante las últimas semanas defendiendo el “sí”, afirmó: “No vivo esto como un dolor personal. Sé que algunas personas quedaron conmocionadas, pero hablé con grupos numerosos en todo el país y la gente estaba totalmente abierta a diferentes desenlaces”.
Reconoció que muchos islandeses, especialmente en las zonas rurales, albergaban inquietudes sobre el posible impacto de la adhesión a la UE en la agricultura, la pesca y los recursos naturales.
Esos temores de los pobladores rurales se reflejaron en la votación, ya que la capital, Reikiavik, fue la única zona de del país donde la mayoría apoyó el “sí”.
