“La prensa del país unánimemente comenta el éxito del reciente festival cinematográfico realizado en Cantegril, Punta del Este, departamento de Litman (antes Maldonado)”, decía el artículo satírico “Montevideo en el año 2000” de la revista Peloduro el 5 de marzo de 1952. Era una denuncia al poder de la fama y la fortuna sobre la identidad. No ha perdido actualidad. Nos lo recuerda, entre otros ejemplos, el artículo “Reabrió el Hotel Serena en Punta del Este”, supuestamente ubicado “en la parada 24 de la Mansa, Punta del Este” (la diaria Maldonado, 2 de febrero de 2022).

El hotel pertenece a la jurisdicción de la capital departamental, San Fernando de Maldonado. El municipio de Punta del Este termina oficialmente en la parada 16 de la rambla Claudio Williman y el Serena se halla considerablemente más allá, en la 24. El área se vincula íntimamente con la historia de la ciudad desde siglo y medio antes de que Punta del Este existiese como localidad. El desplazamiento extraoficial en el artículo no chocaría tanto si no fuese porque los motivos se sienten obvios: Maldonado es hoy un nombre ramplón para esta zona que supo defender, abastecer y comunicar a la ciudad, la única población de esta costa durante mucho tiempo y la principal después.

El edificio ocupa el del hotel Las Delicias (1941), erigido en la zona de baños de los fernandinos y visitantes de Maldonado desde que se popularizara mundialmente la moda de los baños de mar, en la segunda mitad del siglo XIX. Décadas antes de su inauguración, en 1889, la policía local promulgaba edictos regulando los “baños públicos en la playa de Maldonado” sin mencionar “la Punta del Este” –como era conocida la península–, colocando el paraje de señoras “a una cuadra, más o menos, a la izquierda del muelle de hierro y de allí en dirección a la punta de la Ballena” (periódico El Conciliador, Maldonado, 26 de diciembre de 1889).

Aquel muelle fue uno de los varios que tuvo Maldonado. En 1889, su puerto era el que operaba en los hechos. En la Punta del Este había muelle y se había levantado una aduana (1886), pero la inaccesibilidad terrestre de la península por las enormes dunas volvía impracticable su uso en forma continua. Se dependía del puerto de Maldonado, que desde la colonia servía de área de embarque y desembarque para la ciudad y su región. En 1895, los empresarios Cavallo realizaban gestiones para que se les permitiese descargar mercadería en el muelle de su propiedad allí, a fin de evitar “los enormes gastos que les origina la conducción desde la Aduana de la Punta del Este a esta ciudad, motivada por el largo trayecto a recorrer y los obstáculos que ofrece el camino” (El Conciliador, 15 de diciembre de 1895). Hoy, olvidado el pasado, alguien se ha referido al puerto de Maldonado como el “primer puerto mercante de Punta del Este”; en todo caso, el de Punta del Este sería el segundo puerto mercante de Maldonado.

A la rada de Maldonado y su playa llegaron Alvear, Luccock, D’Orbigny, Darwin y muchos otros visitantes más o menos ilustres que pusieron pie en San Fernando de Maldonado. Una de las razones para preferir este punto para el desembarque era la inmediatez de fuentes de agua. La más importante, conocida como “la aguada” (a una cuadra del Serena) se conserva hoy como parque.

Tan ligado estaban el puerto y la playa a la ciudad de Maldonado que ahí nacía el camino más antiguo para acceder al poblado desde la costa. Por su importancia, a fines del siglo XIX se aprobó que fuera empedrado para convertirlo en “la hermosa avenida que cortará las dunas que nos separan del puerto” (La Opinión, Maldonado, 12 de octubre de 1897). Se lo llamó avenida “Marcelino Sosa”, “Porvenir”, “Las Delicias” y hoy “España”, aunque en el vocabulario fernandino perdura el penúltimo nombre.

La península avanza sobre la identidad histórico-geográfica porque, aparentemente, el nombre “Maldonado” suena comercialmente pedestre.

Por el acceso directo al mar y la comunicación inmediata con la ciudad, los Cavallo solicitaron en 1893 la construcción de un galpón. Era el origen de las instalaciones que coronarían en 1896 con su famoso molino, sobre “el puerto de Maldonado, a un kilómetro y cuarto de la histórica ciudad”.1 La zona de alrededor comenzó a poblarse y en 1900 el periódico local propuso llamar “Las Delicias” a la nueva urbanización, nombre que perdura en el hoy barrio de Maldonado. El establecimiento cambió de firma en 1915 y quedó abandonado poco después, hasta ser reemplazado por el hotel Las Delicias, hoy Serena.

Desde el siglo XVIII, ese espacio ha estado flanqueado por íconos históricos de naturaleza militar estrechamente vinculados a la historia de San Fernando de Maldonado: las baterías del Medio y de la Aguada (la primera, en la parada 16, ha sido relocalizada parcialmente para salvarla del deterioro producido por el mar; sobre la segunda, a principios del siglo XIX se construyó un chalé).

Otros hechos significativos se dieron en las inmediaciones del sitio. Atribuir su ubicación a Punta del Este ofende la memoria histórica de la ciudad de Maldonado (a la que María A Díaz de Guerra dedicó décadas de investigación histórica) y la sensibilidad de su gente, a menudo postergada e ignorada por el brillo de cámaras y marquesinas. Alguien dijo cierta vez, con una inocencia tal que no se percató del insultante error en el orden de la comparación: “París es Buenos Aires en chiquito”. Algo parecido ocurrió aquí, donde una turista frecuente del balneario peninsular preguntó: “¿Cómo se llama ese pueblito encantador al lado de Punta del Este?”. Se refería a Maldonado. Su ignorancia no era enteramente su culpa, porque el ninguneo a la capital departamental no es nuevo.

Lo que se entiende por glamour y elegancia, ¿excluye a los fernandinos de su propia jurisdicción como si fuera inconcebible detectarla en Maldonado? Si en el lugar del hotel se tratara del molino o una fábrica, ¿los medios lo colocarían en Punta del Este? La península avanza sobre la identidad histórico-geográfica porque, aparentemente, el nombre “Maldonado” suena comercialmente pedestre. El caso del artículo es sólo un ejemplo de muchos. Ojalá que quienes visiten Punta del Este recuerden que a menudo el viajero ignora dónde ha estado –esto dicho sin el sentido edificante de la frase original de Lin Yutang– y tengan presente que quizá los sitios recorridos formen parte de Maldonado.

Marcelo de León Montañés es integrante del Instituto María Díaz de Guerra.

Referencias

Curbelo, Carmen. Por debajo de Maldonado. En Academia, [2015], [consulta: 26 de marzo de 2021], udelar.academia.edu/CarmenCurbelo

Díaz de Guerra, María A. Las ocho manzanas alrededor de la plaza de la ciudad de Maldonado. Maldonado, 2005.

Díaz de Guerra, María A. Historia del periodismo en Maldonado (1873-1973). Montevideo, 1984.

Seijo, Carlos. Maldonado y su región. Maldonado, 1999, reimpresión.


  1. Elías L Devincenzi, “El molino Cavallo hermanos: Puerto de Maldonado”, Rojo y Blanco, Montevideo, 3 de noviembre de 1901.