El 9 de abril se reunirá la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) en Honduras. La actual presidenta pro témpore, Xiomara Castro, será sucedida por el presidente de Colombia, Gustavo Petro.
Esta cumbre asume una especial relevancia atendiendo la compleja y delicada situación global, signada por la crisis muy grave del multilateralismo y las acciones confrontativas del presidente estadounidense, Donald Trump.
Petro ha anunciado que buscará una agenda de relacionamiento estratégico que incluya, además de la Unión Europea (UE), a China y la Unión Africana en la siguiente cumbre entre la Celac y la UE, que sería fijada para octubre.
La incertidumbre y el desorden global hacen de dicha reunión una posibilidad especial para intentar definir acuerdos que permitan bregar por un orden basado en reglas que sean respetadas y ponerle freno a la geopolítica basada en la fuerza o en la amenaza de su uso, tal como está operando Trump, que en el caso de Ucrania parece contar claramente con el apoyo de Vladimir Putin. Así se desprende de múltiples señales derivadas de las reuniones bilaterales que están sosteniendo Estados Unidos y Rusia.
La posibilidad de que se produzcan definiciones que cuenten con el apoyo de Brasil y México seguramente estimularán a la UE para aquilatar el valor político de avanzar en el Acuerdo UE-Mercosur y las perspectivas de una ampliación de sus vínculos con América Latina a partir de ello, ante la crítica situación que experimenta en su relación con Trump y su manifiesta amistad con Putin.
Estas instancias de la Celac en Honduras y la participación de China y África en la cumbre Celac-UE en octubre tienen un valor geopolítico estratégico.
China está tomando definiciones de muy importante significado geopolítico. Las inversiones en México y Brasil tienen un gran impacto en el panorama mundial e incrementan su ya decisivo papel como primer socio comercial de la mayoría de los países de Latinoamérica, incorporando grandes y nuevas inversiones en la región.
Más allá de que puedan no contar con unanimidades, orientaciones apoyadas por los países más grandes y poderosos del continente pueden minimizar desacuerdos potenciales que sean expresados aún por Argentina, a la que no le resultaría sencillo aislarse de China.
Estas instancias de la Celac en Honduras y la participación de China y África en la cumbre Celac-UE en octubre tienen un valor geopolítico estratégico. Uruguay tiene un papel a jugar para lograr los objetivos señalados. Su activa y decidida participación debe coadyuvar en los esfuerzos para defender principios y valores que están siendo vulnerados en el mundo y en el interés de las posibilidades de tener garantías recuperando la vigencia del derecho internacional. Sólo actuando en conjunto y con la mayor unidad tendremos oportunidades de crear condiciones mejores que las que la coyuntura actual nos presenta.
Carlos Pita fue embajador de Uruguay en Chile, España y Estados Unidos.