¿Qué hace el imperio? Si bien las situaciones creadas en lo interno y en lo externo por el gobierno de Estados Unidos (aplicando medidas económicas primero y militares después) nos hacen pensar en una ofensiva, también podrían ser manotones desesperados por sostener algo que se derrumba. El presidente Donald Trump refiere a este período histórico como la aplicación de la “doctrina Donroe”.

¿Qué hacemos nosotros? Y este nosotros se va a referir a cómo sentimos las decisiones tomadas por nuestro gobierno, por el Frente Amplio (FA) y por la oposición ante los hechos.

La doctrina Monroe, formulada en 1823, establecía que el continente americano no podía volver a recolonizarse por los viejos colonizadores, o sea, por ninguna potencia europea. Monroe establecía dos áreas de influencia, América y Europa. Decretaba que las tierras independientes del hemisferio occidental serían de dominio exclusivo de Estados Unidos. La frase creada por John Quincy Adams, “América para los americanos”, expresa el verdadero sentir del futuro imperio, “América para los americanos de Estados Unidos”. Esta doctrina estaba sellada con un sentir religioso, el “destino manifiesto”, el cual establecía que la providencia les había dado todo el continente para su expansión.

Esta doctrina tuvo varias reinterpretaciones, a cual peor, y concluyeó en la síntesis de América para los norteamericanos de Estados Unidos porque es mandato de la providencia, y cualquier intento de injerencia sobre los países independientes de América Latina sería tomado como una agresión a Estados Unidos. Concepto de patio trasero. En este marco doctrinario se han movido Estados Unidos y sus políticos, tanto los del Partido Demócrata como los del Partido Republicano.

Y llegó Donald, un empresario devenido político caracterizado por ser un conservador reaccionario, antiinmigrante, fascista, racista, pedófilo, misógino, machista, narcisista, todo lo cual lo posiciona como un neonazi. En una mano, la nueva doctrina Monroe y, en la otra, los valores cultivados del neonazismo: qué más podemos pedir para que se esté avanzando hacia un conflicto generalizado, en un país que desde que se fundó ha permanecido siempre en guerra, autoadjudicándose el rol de defender al mundo libre, que son justamente los países que se encuentran presos de sus designios. Entre ellos, nosotros.

Al igual que las otras dos guerras mundiales, los verdaderos motivos son las materias primas y la lucha por los mercados; todo lo demás que se argumente es para confundir. Donde exista petróleo, tierras raras, minerales, agua dulce y tierras productivas estará Estados Unidos, y hoy lo dice con todas las letras: “Vamos por esas riquezas para que todo siga como está”.

La situación es tan frágil que se ha tornado imprevisible, de tal modo que Trump ha tomado medidas que lo enfrentan a su propio pueblo, tratando de alinear a su pueblo tras un objetivo en común: los inmigrantes como causa de todos los problemas internos (recuérdese que Hitler lo hizo con los judíos) ¿Erró al enemigo y la sociedad norteamericana se levantó en protesta, lo cual le complica la interna? Y en lo externo tiene muchos frentes abiertos y sigue abriendo más.

Trump logró cumplir con el objetivo de cristalizar el genocidio en Gaza y Palestina, concretando una limpieza étnica sin precedentes, y en paralelo llevó adelante múltiples negociados, entre ellos inmobiliarios, vendiendo los terrenos recientemente conquistados, pertenecientes a los palestinos, a colonos judíos. Los diferentes gobiernos del mundo, salvo excepciones, guardaron silencio cómplice y esto fue una señal para seguir adelante.

Los gritos de Gustavo Petro, los planteos de Lula da Silva, la posición de Cuba y las jugadas económicas y de muestreo de tecnología bélica por parte de China, que intentaba poner freno a tanta impunidad sin desencadenar un conflicto armado a escala mundial, hasta ahora no han tenido un gran resultado. Si pienso en México, que con valentía enfrenta con declaraciones y alguna medida económica a Trump, nunca se hizo más vigente la frase “pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”.

No tengo dudas de que para lograr los objetivos que Orsi se plantea deberá impulsar el programa que lo llevó a la presidencia, el programa del Frente Amplio, cuya definición antiimperialista es primordial.

Y por casa

En nuestro país el entrevero es enorme. En el Partido Nacional, el expresidente Luis Lacalle Pou dijo que no justificaba la intervención armada pero se preguntó hasta cuándo iba a seguir esa dictadura. Luego el honorable directorio publicó una breve declaración en la que censuraba la intervención. El Partido Colorado, que hoy ya debería autodenominarse Partido Riverista, terminó justificando la invasión. Ambos hicieron más énfasis en criticar a Nicolás Maduro y su régimen que en oponerse a la invasión estadounidense y en defender los derechos de los pueblos y la no intervención.

El FA, por intermedio de su presidente, Fernando Pereira, expuso un firme rechazo a la invasión y a cualquier otra forma de presiones o injerencias en otros países. Reivindicó los acuerdos internacionales y la posición pactada en la Organización de las Naciones Unidas.

Un capítulo aparte es la posición de nuestro gobierno, el presidente y la cancillería. Si bien la declaración del gobierno es acertada y rechaza las medidas tomadas por Estados Unidos, las posteriores declaraciones de nuestro presidente por lo menos debemos decir que las consideramos desacertadas.

Son varios los errores cometidos por nuestro presidente:

1) El 3 de enero dijo que “el fin no justifica los medios”; sin aclarar cuál es el fin y cuáles son los medios, dejó al libre albedrío que se podría pensar que el fin es derrocar a Maduro, y estoy convencido de que eso lo deben decidir los venezolanos.

2) El 8 de enero declaró que lo sucedido es una buena noticia “en la medida en que el régimen autoritario deje de existir y aparezca una democracia”. Y esto es grave, porque es una forma de justificar la invasión. No podemos hablar del régimen de Venezuela si no tenemos una posición firme y que sea respetada por todo el mundo sobre la no intervención.

3) No queremos olvidar, porque es un punto de partida, el negarse a declarar como genocidio lo hecho por Israel con el pueblo palestino.

Si no tenemos una firme posición antiimperial y de rechazo a sus designios estamos condenados a ser colonia nuevamente.

Yo quiero volver a ver al señor presidente cumpliendo con el compromiso de respetar e impulsar el programa del FA. Quiero volver a escuchar las palabras que pronunció cuando se enteró de que era el nuevo presidente de Uruguay: “Voy a ser el presidente que convoque al diálogo, que construya una sociedad y un país más integrado... Nadie quedará atrás desde lo social y lo político. Seré el presidente que haga crecer y avanzar al país”.

No tengo dudas de que para lograr los objetivos que se plantea deberá impulsar el programa que lo llevó a la presidencia, el programa del FA, cuya definición antiimperialista es primordial, así como tener un programa que intenta proteger a los más desposeídos, que defiende la no injerencia en los países y que toma principios básicos de nuestra raíz artiguista. Queremos a América Latina desde el sur del río Bravo hasta el sur de Argentina y Chile, toda unida contra el imperialismo.

Daniel Parada es médico y fue profesor agregado en la Facultad de Medicina de la Universidad de la República.