En el vendaval global de las autocracias de derecha o izquierda, Lula, con sus 81 años, hoy es el símbolo de la democracia en Occidente. Javier Milei predica desprecio por la democracia, guerra verbal contra el periodismo y goce de la crueldad, pero hasta ahora no ataca la alternancia. El bolsonarismo ya organizó un golpe militar para seguir en el poder mediante una dictadura, lo frustró la negativa de la mayoría de los mandos militares.
Flávio Bolsonaro se apoya en el poder territorial criminal parapolicial y paramilitar de las milicias que, según una investigación de Globo, le aseguró 86% de votos en las regiones que controlan. El conservador periódico Estadão avisó esta semana: “Que todos sean conscientes de que la candidatura presidencial de Flávio Bolsonaro conlleva adentro el peligro del ascenso de las Milicias al tope del poder de la República”.
Sobre la base de poder miliciano, el integrismo religioso evangélico, las prósperas economías exportadoras de cadenas del agronegocio y una base parlamentaria sometida del “centrón” Bolsonaro ya anunció reformas inmediatas de la Constitución. La llegada al poder de la familia Bolsonaro no instalaría una democracia iliberal: busca implantar una verdadera autocracia pasando a controlar una por una las instituciones de la justicia o las elecciones con el apoyo de la mayoría de los gobernadores, limitando las disidencias democráticas.
Desde 2018 Brasil está partido al medio en un empate estructural. Tanto el bolsonarismo como el petismo expresan coaliciones sociales “positivas”, pero en esta nota queremos analizar el empate desde debilidades estructurales del Partido de los Trabajadores (PT) y las políticas de su gobierno, porque hay lecciones que Uruguay puede aprender.
En Brasil no hay un declive de los partidos, sino una reestructura de las bases territoriales de representación y combinaciones entre políticas posanalógicas y de algoritmo con políticas presenciales de cercanía montadas en redes sociales variadas. El sistema de voto distrital brasileño, basado en marcar la preferencia personal de una lista, siempre supone campañas costosas, partidos débiles o “taxi partidos” de los candidatos, corrupción estructural1 y fragmentación.
La coalición social bolsonarista ahora se expresa como partido en el Partido Liberal (PL), en auge electoral, pero también aparece una nueva generación del PT dentro de la estabilidad global de todos los partidos de izquierda con el mismo peso parlamentario de 25% en 2022 y 2026. Entre diputados federales las izquierdas suman estables 124 bancas (el PT pasó de 80 a 88), el PL bolsonarista crece de 99 a 122 bancas y el “Centrón” cae de 228 a 207 bancas. El voto de izquierdas para diputados crece en las grandes ciudades de 13% en Belo Horizonte a 1 punto en las de peor performance, como Río de Janeiro y San Pablo.
Un estudio de Daniel Schteingart en el Atlas mostró cuál fue la variable que varía y explica el vuelco de siete puntos de Lula a Bolsonaro entre la segunda vuelta de 2022 y la primera vuelta de 2026: 8,5 millones de votos de diferencia, con un corrimiento en 25 de 27 estados. La pérdida de Lula es invariante: no pierde más o menos en dimensiones como evangelismo, renta, bolsa familia o no, género.
Hay una sola variable que varía en la pérdida: el tamaño de los municipios: a más pequeños, más pérdida, y viceversa. La caída de Lula de siete puntos empieza en las ciudades de 100.000 habitantes hacia abajo. Esto refiere solo a la pérdida, no al peso de las candidaturas en grupos y categorías, que varía fuertemente. Muestra poder social y control social creados en pequeña y mediana escala, la importancia del lazo social, religioso, económico, parapolicial, educativo ante el Estado y en los mercados. La cohesión social es importante en comunidades intensivas sojeras, graneleras o ganaderas extensivas. La economía, el aumento de las transferencias, la confianza en la Policía o el control de los narcos, el endeudamiento, la juventud o vejez y el género importan distinto dependiendo de la escala que define lugares y prácticas de la batalla político cultural. La gran estructura de distribución del voto entre los dos polos no fue alterada por el nuevo gobierno del PT.
¿Mudança o cambio emancipatorio?
La campaña de Bolsonaro se basó en la idea de mudança y en una insatisfacción con la economía, pese a los buenos indicadores. El desempleo cayó de 9,3% en el segundo trimestre de 2022 a 5,4% en el segundo trimestre de 2026, y el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística lo ubicó en 5,3% a agosto. Brasil volvió a salir del Mapa del Hambre de la FAO y se retomó la regla de valorización real del salario mínimo. El beneficio medio del Bolsa Familia subió más de 70% en términos reales.
Desde enero de 2026, quienes ganan hasta 975 dólares mensuales están exentos del impuesto a la renta, financiado por una tributación mínima a las altas rentas, aunque su implementación es lenta e irá de 2026 a 2033. La economista Juliane Furno la considera la principal medida del gobierno. El Minha Casa, Minha Vida contrató 2,11 millones de viviendas entre 2023 y 2025. La Farmácia Popular entrega gratis 41 ítems a 27 millones de personas, y el Mais Médicos tuvo 27.329 profesionales en 2025.
El Pé-de-Meia, que paga incentivos a estudiantes de secundaria pública, ya alcanza a 7,2 millones de alumnos y puede ascender a unos 1.790 dólares anuales por estudiante. Para 2026 tiene unos 2.240 millones de dólares. La ciencia y la tecnología aprobaron un presupuesto de unos 2.870 millones de dólares en 2025, frente a unos 166 millones del bolsonarismo en 2019, y las becas de maestría y doctorado subieron cerca de 40%.
El BNDES destinó unos 58.500 millones de dólares a la promoción de la llamada “Nova Indústria” Brasil hasta diciembre de 2025. Hubo reducción de las alertas de deforestación en la Amazonia con la reactivación de sistemas de alertas.
¿Cuáles son, pese a estos logros, algunas de las razones del empate? Primero. La campaña del PT hacia la primera vuelta siguió siendo analógica, pero a la vez tampoco fue una campaña presencial clásica de movilización territorial y puerta a puerta.
Segundo. Los indicadores de la economía son buenos, pero fueron cuestionados por la alta expectativa derivada de los tiempos del alza de commodities y la desconexión con los bolsillos. La desconexión se debe al endeudamiento de las familias, que pasó de 12% a 30% del promedio familiar mensual de ingresos en 2026. La prohibición de las apuestas deportivas por aplicaciones busca producir un alivio. ¿Llegó tarde? ¿Es insuficiente?
Tercero. El poder orgánico del PT estaba anclado en la clase obrera industrial de la región del ABC de San Pablo, en el sindicalismo cutista y en las redes de movimiento popular de las décadas de 1980-1990. Esa base se descompuso con la desindustrialización relativa, la terciarización y la informalización. Bolsa Familia movió al PT hacia el nordeste y las grandes masas populares que viven en las favelas y periferias segregadas. Pero ahora en las favelas2 estaba la competencia de los evangélicos políticos y el paramilitarismo de las milicias que controlan territorios, pero también reclutan amplias clientelas y controlan el suministro de bienes públicos.
En el PT convivieron dos gramáticas. Una desarrollista clásica (política industrial, BNDES, Plan de Aceleración del Crecimiento, Estado inductor) y otra de ortodoxia macroeconómica (meta de inflación, superávit primario, apertura relativa, articulación con fracciones del capital financiero y productor). En lugar de la política obrera, un desarrollismo de arriba busca políticas de largo plazo en un país federal con enormes potestades de las gobernaciones y a veces de las prefecturas. El partido se especializó en la gestión del Estado federal (y en algunas gobernaciones y alcaldías importantes), pero perdió densidad territorial y capacidad de escuchar y representar a las nuevas fracciones populares. El resultado fue la “estatización” del partido: más peso de la burocracia y aparatos activistas rentados que de bases sociales espontáneas en movimiento. El partido abandonó muchos barrios y favelas.
El laberinto de la contingencia no anuncia solo el terror, también sorprende cuando los caídos con la agencia política y social se descubren haciendo nuevamente la historia. El octubre brasileño.
Cuarto. Ninguna de las dos construyó una narrativa y una política pública coherente para tres sujetos que se volvieron decisivos: beneficiarios de Bolsa Familia, emprendedores y jóvenes.
Un movimiento era captar y organizar a los emprendedores y desarrollar encadenamientos productivos con pymes competitivas, sobre todo en la economía digital. Después de Bolsa Familia no hay una suma de rutas de salida que deben incluir los emprendedores y el avance en carreras educativas y experiencias laborales o formación dual. Ese campo quedó vacío y entero para la teología de la prosperidad y la prédica del individualismo económico duro del bolsonarismo con un lenguaje simple: el beneficio es punto de partida, no destino; el objetivo es “prosperar” y dejar de depender. Pero la izquierda petista rehuyó pensar de nuevo el individuo social, la cooperación y los mercados, a diferencia del Partido Comunista Italiano en 1946 en Emilia Romagna cuando el propio Palmiro Togliatti ubicó –en su célebre discurso3–, justamente en la promoción de las pequeñas y medianas empresas, los emprendimientos y el desarrollo de un cooperativismo eficiente y productivo, la clave de la vía italiana del socialismo.
Quinto. Los emprendedores populares en los hechos no fueron promovidos dentro de una verdadera estrategia. Paradójicamente, el PT creó el MEI (Microempreendedor Individual o Microemprendedor Individual) como régimen tributario y empresarial simplificado para los trabajadores por cuenta propia. El lenguaje oficial insiste en llamarlo “emprendedurismo”. Pero la gran mayoría de MEI no son “emprendedores”, sino cuentapropistas que no buscan escala, innovar o generar empleo neto significativo. El instrumento no está pensado para el crecimiento del negocio, porque el techo de facturación y el límite de empleados lo impiden deliberadamente. El PT creó (y ahora amplía) el instrumento, pero nunca lo convirtió en el centro de un proyecto político propio de autonomía popular centrado en la emancipación personal y grupal como en los inicios de Bolsa Familia.
El discurso de desconfianza hacia el Estado como obstáculo burocrático o clientelar fue apropiado por amplios sectores y capturado por el bolsonarismo. Hoy Brasil se está metiendo dentro de la economía digital y según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe se encuentra parejo con Uruguay en adaptación de las empresas en la inteligencia artificial (IA). Pero el PT no dirige el movimiento. Uruguay va tercero.
Sexto. En Uruguay los equipos de la Agencia Nacional de Desarrollo, junto con otras agencias públicas, están a toda máquina impulsando la transformación de la IA y la economía digital con las pymes. Más arriba, el Uruguay innovador trabaja con la ciencia, empresas grandes públicas o privadas, científicos y tecnólogos. Pero ambas líneas, con razón, están en la punta de la pirámide del tejido empresarial o centradas en la locomotora de la competitividad. El avance en la locomotora es esencial, pero de inmediato Brasil recuerda que el gran tema son los vagones de los barrios populares segregados en disputa con el crimen organizado y las capas medias que la pelean allí diariamente. Ese es el modelo emiliano que logró movilizar toda la economía de redes de pymes y cooperativas eficientes, despuntando después las áreas innovadoras más dinámicas de Europa sin perder raíces en la sociedad civil y el capital social de base: 80 años de gobiernos de izquierda.
Séptimo. El empate brasileño se produce sobre la batalla de la seguridad abajo que hace décadas perdió todo Brasil, tal vez desde siempre, cuando se formaron las favelas después de la esclavitud, pero ya en la misma industrialización de la dictadura militar. En los barrios. Por supuesto que en un Estado federal estas batallas dependen decisivamente de las gobernaciones y prefecturas. El PT no es hoy un actor institucional potente en los barrios ni en los poderes locales. En Brasil, como antes en Colombia, emergen junto con el narcotráfico poderosos ejércitos parapoliciales o paramilitares que son la base de élites regionales que sostienen la ultraderecha.
Los guetos presenciales o de algoritmo son la base de la crisis de socialización. Hoy los antiguos barrios heterogéneos son guetos de callejuelas estrechas, viviendas rotas sin espacios públicos ni veredas ni plazas ni lugares de encuentro. El programa Más Barrio busca transformarlos en ciudad. Uruguay puede lograr el casamiento entre el emprendimiento individual o asociativo encadenado a la punta de la pirámide; la producción de ciudad en todas las periferias; la presencia de una Policía profesional aliada a la sociedad civil y con una estrategia implacable de ocupación de todos los territorios; y la alianza eficaz de las instituciones de socialización o formación laboral del Estado desde la Administración Nacional de la Educación Pública al Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional, pero basados en la presencialidad de la juventud y adolescencia en el fútbol, los deportes, la cultura y un servicio público comunitario laico, no partidista y masivo, reconociendo a los diferentes.
Octavo. Peter Evans mostró países pequeños con democracias de izquierdas: Estados profesionales y promotores de la autonomía organizada de la sociedad civil en barrios, pueblos y comarcas junto con procesos de creación abajo de mercados son ejes del “reformismo de profundidad”. Émile Durkheim llamó la atención sobre requisitos no contractuales de los contratos y supuestos organizativos y valorativos de los mercados que exigen tanta cooperación como disposición de competencia genuina. El Frente Amplio busca una estrategia de crecimiento con distribución que exige formación de capital humano e innovación y debe unir señales claras para la inversión con políticas efectivas de reducción de la pobreza e integración social bajando la inseguridad. Pero las cadenas de los emprendedores son cruciales, junto a la alianza de la seguridad y la producción de ciudad con fuerte apropiación de las comunidades.
Noveno. El gobierno del PT nunca logró no ya la adhesión de la juventud, sino tender puentes de interés con la juventud. Las políticas más visibles del gobierno (Bolsa Familia, Farmácia Popular, vivienda, impuestos) se orientan a hogares con hijos, adultos y trabajadores de ingresos medios. Lo que más toca la vida joven, como primer empleo, estabilidad laboral y los 6,2 millones que ni estudian ni trabajan, mejora pero sigue siendo el punto débil.
La generación que creció bajo el PT no experimentó el mundo del trabajo industrial fordista ni el sindicalismo de masa. Experimentó escuela expandida, empleo precario, apps, informalidad y una aspiración de autonomía individual. El PT siguió hablando en clave de derechos laborales y de carteira assinada, mientras una parte significativa de esa juventud ya no veía ese horizonte como el más deseable. La pregunta abierta es si el PT (y la izquierda brasileña) es capaz de renovarse mediante una narrativa de emancipación que no sea “más Estado” ni solo “más mercado”, sino una integración de protección colectiva, iniciativa social –como vemos en el fútbol de Uruguay o las comparsas de candombe– y en trayectorias individuales de autonomía de cada barrio.
La sorpresa de la segunda vuelta de Brasil es la juventud nuevamente en las calles y también en las redes relanzando desde abajo, y sin las máquinas del PT, la mayor movilización por la democracia desde las inmensas Diretas Já de 1985. El laberinto de la contingencia no anuncia solo el terror, también sorprende cuando los caídos con la agencia política y social se descubren haciendo nuevamente la historia. El octubre brasileño.
Eduardo de León es sociólogo.
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Odebrecht tiene “Caja 2” de aportes ilegales a los candidatos desde la primera elección democrática de 1946, hace 80 años. ↩
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Es el legado de la destrucción de la teología de la liberación por el papado de Wojtila y la crisis de la noción de comunidad ante el individuo económico evangélico. ↩
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El célebre discurso de Palmiro Togliatti en Emilia-Romaña tuvo lugar el 24 de setiembre de 1946 en el Teatro Municipal de Reggio Emilia. Esta intervención histórica es ampliamente conocida bajo el título “Ceto medio ed Emilia rossa” (Clase media y Emilia roja) o “Il Partito Comunista e i ceti medi”. ↩
