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Opinión Posturas

Otra lectura de la evaluación de los centros María Espínola

El 14 de octubre se presentó la evaluación de los centros María Espínola (CME), realizada por el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed), disponible en su página web. Después se hicieron varias lecturas del informe, con las que tengo varias discrepancias, que compartiré en el presente artículo. En primer término, reconozco como un logro el contar con la propia evaluación externa de una innovación educativa. La evaluación, que se inició casi desde el principio y acompañó la implementación de los CME, muestra tanto aciertos como carencias de lo hecho. Se hizo con una rigurosa muestra de control que permite evaluar su impacto. Esta práctica no es común en la política educativa y en la pública en general, pero debería serlo.

En segundo lugar, destaco que los CME fueron una iniciativa de educación media, superando la fragmentación entre secundaria y UTU, que compartimenta desde la información sobre la educación de los adolescentes (en dos monitores de datos), hasta los planes y la gestión. Por lo menos desde la Ley General de Educación de 2008 se viene intentando y fracasando en superar la división entre una educación media generalista y otra técnica, que solo se justifica por la inercia de sus dos organizaciones. Con los CME, el Consejo Directivo Central (Codicen) de la Administración Nacional de Educación Pública se arriesgó a unificar la propuesta de educación media. La evaluación muestra las resistencias que encontró, especialmente en la UTU. Importa valorar la decisión y la visión integradora de educación media y también identificar los bloqueos fragmentadores que impidieron que los centros tuvieran algunos componentes, como las tutorías en UTU.

El actual Codicen desde hace tiempo parece orientado a discontinuar los CME. Corre el riesgo de “tirar al niño junto con el agua sucia”.

Tercero, los María Espínola se fortalecieron como centros educativos. Este logro es muy relevante, porque se ha observado, a través de PISA, entre otros estudios, la extrema debilidad de los centros educativos uruguayos y su fuerte dependencia de las decisiones tomadas fuera de ellos. Tenemos en nuestro país el sistema educativo más centralizado de los que participan en PISA. En contraste, prácticamente todos los CME cuentan con proyecto institucional a tres años e incorporaron una serie de roles internos y externos, que fueron muy bien evaluados por los actores de cada centro. Se registraron procesos institucionales de autoevaluación sistemática, planificación y desarrollo de proyectos de mejora, con alcances muy superiores a los centros de control.

En cuarto término, se avanzó en la cobertura de la ampliación del tiempo educativo (agregando tres comidas); de los 59 CME, 40 de ellos, dos tercios del total, tenían solo media jornada previamente. Como bien planteó en su momento Robert Silva y ahora Pablo Caggiani, no es fácil encontrar la mejor forma de hacerlo. De hecho, para las –ya arraigadas– escuelas de tiempo completo, tanto la evaluación nacional del Ineed como las realizadas en otros países muestran resultados diversos. Hay allí una cierta paradoja: las dobles jornadas no logran mejorar los aprendizajes y tampoco hay dudas de que conviene que haya cada vez más extensión del tiempo escolar. Se reconoce que no pueden ser “más de lo mismo” y también que son costosas. Por lo tanto, el desafío, como se hizo con los CME, es innovar, evaluar y mejorar.

El actual Codicen desde hace tiempo parece orientado a discontinuar los CME. Corre el riesgo de “tirar al niño junto con el agua sucia”. Por otra parte, todavía está estudiando cuál va a ser la modalidad de ampliación del tiempo a instaurar, por lo que parece difícil definir cuál es la alternativa que los va a reemplazar. Más allá de los nombres, lo importante es cómo se siga innovando, evaluando y mejorando.

Javier Lasida es director del Ineed por la oposición y fue presidente del instituto entre 2020 y 2025.