Resulta innecesario expresar las innumerables razones éticas, jurídicas, históricas y políticas para descalificar la creación de la Junta presidida por Donald Trump para supuestamente buscar la paz en Gaza. La desvergüenza de estar presentando esta propuesta exhibiendo imágenes de una proyectada zona turística del más alto nivel en el Mediterráneo oriental es una clara muestra del nivel de su impulsor principal y sus apoyos (familiares y no familiares), de la carencia total de respeto a la humanidad y de desprecio al sufrido pueblo palestino, víctima de la masacre.

Sólo pensar que haya quienes propusieron a Benjamin Netanyahu para integrar esta Junta genera desde asombro hasta perplejidad. Que el jefe de un gobierno responsable de un genocidio pueda ser considerado para ello torna en burla grotesca la iniciativa y la descalifica moralmente. El objetivo explícito y manifiesto del gobierno de Netanyahu es expulsar a todos los palestinos de sus territorios en Cisjordania y Gaza, incumpliendo total y absolutamente la resolución de la ONU para la creación de dos estados soberanos.

El mundo se encuentra en una situación en la que el gobierno de Estados Unidos, primera potencia militar, ha desconocido a la ONU, al Derecho Internacional y a todas las organizaciones que la integran. El discurso del primer ministro de Canadá en el Foro de Davos describió la situación del orden mundial y señaló un camino. La exposición del gobierno chino fue igualmente contundente.

Las naciones del mundo deben hacer valer estos valores de convivencia en paz y no ceder a la salvaje presión de la fuerza bruta.

La inmensa mayoría del planeta está a favor de un orden mundial basado en reglas, del multilateralismo regulado por el Derecho Internacional, de una gobernanza mundial basada en el respeto mutuo entre las naciones, el diálogo y la cooperación como único mecanismo para solucionar las diferencias, del rechazo al uso de la fuerza o a la amenaza de su uso. Las naciones del mundo deben hacer valer estos valores de convivencia en paz y no ceder a la salvaje presión de la fuerza bruta.

Hay que recrear a la ONU con todas las reformas necesarias para que pueda ser un instrumento de gobernanza. En paz, sin vetos y con plena vigencia de igualdad del derecho de todas las naciones en la participación en las grandes decisiones. Se hace necesario convocar a una Asamblea General Extraordinaria para avanzar en esa dirección, actuar políticamente y enfrentar a quienes la desconocen. Debatir un nuevo formato y nuevos organismos. Que se definan los gobiernos y avanzar en ese sentido.

Es necesario resistir y no resignarse. Rechazar explícitamente este nuevo orden basado en la ley de la selva que se está queriendo imponer, y vencer con los mejores valores de la humanidad a la prepotencia, el matonismo y el desprecio de quienes no respetan los derechos de la inmensa mayoría de los habitantes de nuestro planeta.

Carlos Pita fue embajador de Uruguay en Chile, España y Estados Unidos.