Al finalizar 2025 he decidido dejar por escrito algunas reflexiones surgidas a partir de mi primer año de ejercicio docente. Si bien suele emplearse la denominación docente novel –etiqueta que no resulta de mi agrado–, la utilizo aquí con el fin de facilitar la comprensión de quienes nos identifican de ese modo.

Quienes se desempeñan en el ámbito educativo saben que el inicio de la carrera profesional está atravesado por múltiples incertidumbres: el lugar de trabajo, la carga horaria, la cultura institucional con la que se encontrará el docente, entre otras variables. El comienzo de este año respondió, en gran medida, a esa lógica. Tuve la oportunidad de trabajar en contextos muy diversos, lo que me permitió aprender, observar y reflexionar críticamente sobre las prácticas, las dinámicas institucionales y los discursos presentes en cada espacio.

Al ingresar en el complejo entramado del sistema burocrático-estatal surgió una pregunta inevitable: ¿por qué no se prepara a los futuros docentes, durante su formación inicial, para enfrentar esta realidad administrativa? Considero que una preparación más adecuada en este sentido contribuiría a prevenir dificultades administrativas y a disminuir el malestar que, en algunos casos, los funcionarios no docentes trasladan al colectivo docente.

Otra de las observaciones registradas a lo largo del año refiere a la importancia de las dos semanas de vacaciones de invierno en el nivel secundario. Recientemente, se resolvió reducir dicho receso a una semana, compensándolo con dos días adicionales en setiembre. Lamentablemente, cuando este tema se instala en la agenda pública suele verse atravesado por expresiones reduccionistas como “ya tienen tres meses de vacaciones” o “no quieren trabajar”, entre otras afirmaciones recurrentes. Entiendo que esta medida está mal justificada bajo el argumento de que “ya casi no hay exámenes”. En el trasfondo, subyace una concepción de la educación –sostenida incluso por algunas autoridades con trayectoria docente– como un espacio de mera “guardería”, lo cual desplaza el foco central de su función: educar. La educación requiere mejoras sustantivas, pero estas sólo serán posibles si se escucha a los docentes, se los cuida y se reconocen sus condiciones laborales. El descanso, en un contexto donde la salud mental se ha convertido en una problemática crítica, resulta fundamental, al igual que el derecho a un salario vacacional digno.

Considero necesario señalar la importancia de que las voces de los docentes recientemente egresados sean escuchadas por el conjunto del colectivo docente, independientemente de su situación funcional.

Por último, considero necesario señalar la importancia de que las voces de los docentes recientemente egresados sean escuchadas por el conjunto del colectivo docente, independientemente de su situación funcional —efectivos, concursantes, interinos o suplentes—. Esta diferencia se vuelve evidente cuando quienes cuentan con mayor trayectoria acompañan, orientan y aconsejan, en contraste con aquellos que, aferrados a un ego profesional, reducen toda explicación a la frase “con el tiempo lo entenderás”. Frente al sistema educativo, las responsabilidades son las mismas para quienes recién comienzan y para quienes llevan años en la docencia; la diferencia es generacional. Por ello, el acompañamiento, la orientación y el diálogo intergeneracional fortalecen la profesión, mientras que la desvalorización la debilita.

Es probable que estas reflexiones representen el sentir de numerosos colegas recientemente egresados que, aunque las comparten, no siempre las expresan públicamente. ¿Existen soluciones? Tal vez comiencen con la reflexión, el abandono de los egos profesionales, el ejercicio de la empatía y el reconocimiento de que compartimos iguales responsabilidades. Sobre todo, resulta fundamental reenfocarnos en el disfrute de la tarea en el aula, continuar formándonos y asumir el compromiso de no reproducir en el futuro expresiones como “con el tiempo lo entenderás”.

A colegas, compañeros y funcionarios: es momento de recargar energías para regresar con la disposición necesaria para poner sobre la mesa aquellos temas que incomodan y continuar trabajando colectivamente en la mejora de todo aquello que sea necesario transformar.

Facundo Fernández Tejera es docente de Historia en Florida y en Montevideo.