La demora en los tiempos de espera para consultar un médico es un problema complejo y global, con consecuencias en diferentes niveles: paciente, sistema de salud y sociedad en general.1 En el usuario el impacto es más directo y sensible, dado que puede traducirse en un deterioro de su salud: la enfermedad puede empeorar -podría estar en una etapa temprana o reversible y convertirse en una condición crónica, avanzada o de manejo más complejo y peor pronóstico, reduciendo las opciones de tratamiento y las probabilidades de éxito-, e implica un período más largo de sufrimiento, dolor, ansiedad e incertidumbre sobre su estado de salud, con impacto en la calidad de vida. El malestar, la preocupación y la incertidumbre constantes son una fuente de estrés por lo que pueda estar pasando en el cuerpo, afectando la capacidad para trabajar, estudiar, realizar actividades cotidianas y disfrutar de la vida familiar y social.

También implica un mayor costo económico: el paciente puede incurrir en gastos no planificados como consultas a médicos privados, compra de medicamentos de venta libre para aliviar síntomas mientras espera, o incluso faltar al trabajo, lo que reduce sus ingresos. Asimismo, tiene impacto a nivel asistencial, porque implica una atención más compleja y costosa, al tener que tratar patologías en etapas avanzadas, que requieren procedimientos más complejos y caros, además de hospitalizaciones más largas, lo que eleva el gasto en salud.

Otra consecuencia importante es la saturación de servicios de urgencias, dado que, al no poder acceder a una consulta con el médico de cabecera o especialista, muchos pacientes acuden a las salas de emergencia hospitalarias para ser atendidos, lo que genera mayor saturación en las urgencias, que están diseñadas para atender casos críticos e imprevistos, y no para el seguimiento de enfermedades crónicas no urgentes, fragmentando el sistema de atención y haciéndolo ineficiente.

Todo ello lleva a un aumento de las listas de espera, en un círculo donde la demora en una primera consulta provoca una acumulación, que a su vez, retrasa todo el proceso y, mientras tanto, los pacientes se agravan, complican y hasta fallecen. Esto empeora con algunos modelos de atención instalados, como los sistemas de pagos por servicio o remuneración basados en el número de procedimientos (fee for service), que tienden a estimular el volumen de producción de consulta de forma innecesaria y generalmente no agregan valor al diagnóstico o tratamiento de los usuarios, incidiendo en el acceso a la consulta.

Este uso ineficiente de recursos impacta también en los recursos humanos asistenciales, dado que genera descontento y desconfianza en el personal sanitario, que se ve presionado por la alta demanda y, a menudo, son el blanco de la frustración de los pacientes que han esperado mucho tiempo, pudiendo desarrollarse un ambiente laboral tenso y contribuir al desgaste profesional.

Este escenario puede desarrollar situaciones de “malestar moral” en el personal, concepto desarrollado por Andrew Jameton, que hace referencia a los sentimientos de frustración, angustia y conflicto ético que atraviesan los profesionales de la salud cuando reconocen cuál sería la acción éticamente correcta, pero se ven impedidos de llevarla a cabo debido a limitaciones institucionales, legales u organizacionales.

No podemos dejar de mencionar el impacto que también generan algunos aspectos vinculados al paciente, como por ejemplo, la demanda inducida —solicitar más consultas de las requeridas—, además de cuando falta a la consulta. Si bien ambos podrían ser atribuidos a la responsabilidad del paciente, hay evidencia sólida y documentada que muestra que la causa es bidireccional: en el primer caso, cuanto más está informado el usuario sobre su enfermedad, más evita la demanda inducida y, por otra parte, cuanto mayor es el tiempo entre la derivación y la consulta programada, mayor es la probabilidad de que el paciente no asista, contribuyendo a listas de espera más largas que provocan más ausencias.

Finalmente, las consecuencias en los retrasos trascienden lo individual y lo sanitario, generando consecuencias a nivel social y económico por la pérdida de productividad laboral -trabajadores con incapacidad temporal o permanente que afectan la economía de las familias, empresas y el sistema de seguridad social-, el aumento de la desigualdad en salud -porque las personas con recursos pueden saltarse las listas de espera acudiendo a consultas privadas, lo que profundiza la brecha entre diferentes grupos socioeconómicos-.

Todo esto crea una percepción ciudadana de que el sistema no funciona correctamente por la demanda insatisfecha, desgastando la confianza en las instituciones, en el Estado y en los gobiernos responsables, generando debate político y social. Las listas de espera se convierten en un tema recurrente de discusión y de búsqueda de soluciones, que a menudo son difíciles de implementar a corto plazo.

Plan en marcha

El 3 de marzo, el Ministerio de Salud Pública presentó, en un documento denominado “Acceso oportuno a la salud”, un plan para abordar el tema de los tiempos de espera de consultas, estudios y cirugías. En ese marco, publicó una modificación del decreto de 2007, que actualiza plazos vigentes, incorpora nuevos y, principalmente, pasa a una conducción estratégica de rectoría del sistema, con prioridades en mejorar la oportunidad real de acceso mediante la reducción de las desigualdades territoriales, el fortalecimiento del primer nivel de atención, la integración de sistemas de información y el fortalecimiento de la rectoría sanitaria.

El plan establece plazos máximos nacionales, registro obligatorio y trazabilidad de las prestaciones, además de crear una comisión de seguimiento en la Junta Nacional de Salud. También propone medidas para reducir las denominadas “demoras administrativas”, con unidades de gestión de listas de espera y de coordinación de pacientes, prescripción de tratamientos crónicos y renovaciones frecuentes.

Invertir en enfermería es comprar tiempo para el paciente

En línea con lo planteado por el ministerio, se puede señalar de qué forma la enfermería profesional, como parte del equipo asistencial, puede incidir de forma importante en esta reorganización del sistema. La sobredemanda de consulta médica, presionada por el tiempo -y contraria a una práctica más pausada y reflexiva-, conlleva una atención apresurada y a descuidar muchas veces elementos relacionales cruciales, impactando en la calidad. Sin embargo, evidencia numerosa muestra cómo las consultas de enfermería, apoyadas en tecnología, nuevas funciones profesionales o modelos organizativos, contribuyen de manera significativa a reducir los tiempos de espera en diversos contextos clínicos, liberando agenda para consultas médicas de real necesidad: la eficiencia no depende solamente de más médicos, sino de empoderar el liderazgo enfermero en el proceso.

Numerosa evidencia muestra cómo las consultas de enfermería, apoyadas en tecnología, nuevas funciones profesionales o modelos organizativos, contribuyen de manera significativa a reducir los tiempos de espera.

La consulta de enfermería es un servicio autónomo y profesional que ofrece cuidados, educación para la salud, valoración y seguimiento a pacientes y sus familias en todas las etapas de la vida. Puede ser programada, a demanda o espontánea, y su objetivo es promover el autocuidado, la gestión de patologías y la prevención de riesgos, ya sea en centros de salud, domicilio o por vía de la telemedicina. Cuenta con un amplio marco legal nacional (Ley 18.815 y Decreto 354/14) e internacional (por medio del Consejo Internacional de Enfermeras), además de antecedentes en múltiples sistemas de salud a nivel regional e internacional (Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Canadá, España e Inglaterra), donde posee una larga tradición, siendo una de las prestaciones más brindadas a la población y con amplia evidencia de sus contribuciones a la mejora de la gestión clínica y la atención, junto con la satisfacción de los usuarios.

Las mejoras documentadas incluyen facilitar la accesibilidad al sistema de salud y el empoderamiento del usuario en su autocuidado, reduciendo complicaciones; además, incide en la optimización de la agenda médica -ahorrando a los usuarios reiteradas visitas a los servicios de salud-, al mismo tiempo que contribuye a la cobertura de atención en forma efectiva, especialmente en grupos poblacionales más desprotegidos, vulnerables y lejanos a centros poblados.

Sobre el papel de la enfermería en la consulta y la gestión del tiempo clínico, podemos mencionar, por ejemplo, intervenciones en salas de espera preoperatorias -con una reducción significativa del tiempo de espera real como del percibido- y clínicas grupales -que han demostrado mejorar el conocimiento de la enfermedad y calidad de vida, cambios que se mantienen en las personas de entornos de bajos recursos y desatendidas-.

También hay evidencia en la gestión compartida de la demanda de consulta: un estudio observacional en centros de salud en Salamanca (2025), con más de 5.000 consultas de enfermería, mostró en seis meses una reducción del 34,3% de las consultas médicas; los principales motivos de consulta fueron molestias al orinar, dolor de garganta, motivos administrativos, heridas y síntomas respiratorios superiores. La resolución autónoma de enfermería fue aún mayor en el medio rural, donde el 90% de los pacientes consideró que la atención recibida fue buena o muy buena, y el 83% que el problema de salud se resolvió satisfactoria o muy satisfactoriamente.2

En cuanto a la utilización de las tecnologías (telesalud), otro estudio de 2025, que utilizó una metodología de tiempo-movimiento sobre 47 equipos de salud familiar, bucal y de atención primaria, halló que el equipo de enfermería era quien realizaba la mayor cantidad de actividades de telesalud, el que dedicaba el mayor tiempo a la atención primaria de salud y el que se comportaba como más expresivo con los pacientes.3

La propia ministra dio un paso histórico el año pasado al reconocer a la enfermería como una disciplina clave para mejorar la calidad de atención de las personas en todo el sistema de salud, con la creación de un espacio de planificación y desarrollo estratégico de enfermería dentro del ministerio, que actualmente está a cargo de nuestra colega, la licenciada Mercedes Pérez. Sabemos acerca de las distintas realidades de nuestro país, más aún en el interior, donde no siempre se radican profesionales y especialistas, lo que vuelve especialmente difícil la gestión administrativa y el efectivo cumplimiento de los planes.

Esperamos que estas experiencias documentadas y con evidencia sólida puedan incidir en un cambio necesario de paradigma para abordar los tiempos de espera. Un nuevo plan de readecuación de procesos se beneficiaría de la instalación y la expansión de la consulta de enfermería para que redunde en una mejor gestión asistencial y satisfacción de la demanda. Esta racionalización no debería ser solamente un problema de flujo de consulta, sino una preocupación ética, y donde existe gran evidencia que demuestra que la enfermería profesional, en su rol, puede incidir significativamente.

José Luis Priore es docente, investigador y director editorial de la Revista Uruguaya de Enfermería de la Facultad de Enfermería de la Universidad de la República.


  1. Un estudio que relevó publicaciones sobre mortalidad por retraso en el tratamiento del cáncer (más de un millón de pacientes entre 2020 y 2023) demostró que una demora de cuatro semanas en el inicio de su tratamiento se asocia con un aumento significativo de la mortalidad para la mayoría de las indicaciones estudiadas (cirugía, quimioterapia y radioterapia). Hanna T. et al. DOI: 10.1136/bmj.m4087. 

  2. Evaluation of Nurse Demand Management in primary health care in Salamanca. 6 months after its implementation. 2025. DOI: 10.1016/j.aprim.2025.103266 

  3. Telehealth in primary health care: a study of activities and time spent by professionals. (2025). Doi: 10.1590/1518-8345.7255.4500.