La guerra, al internacionalizarse, genera una crisis política internacional. No se trata ya de un conflicto local, ni de un país contra otro. Justamente el acierto bélico de Irán fue generalizar la guerra en su zona de influencia, con los aliados de Estados Unidos.

Debemos tener en cuenta que cuando Donald Trump colocó aranceles a todas las economías del mundo, y ello en particular para golpear a China, esta respondió planteando que ya no enviaría tierras raras a Estados Unidos. Si ello se hubiera dado, hubiera repercutido negativamente en el aparato productivo de los gringos. Por ello tuvo Trump que recular con la medida inmediatamente.

Aquí lo que está en cuestión es una lucha por el petróleo y el gas, es ese el gran objetivo de Estados Unidos, pero la guerra no le está siendo tan fácil como lo pensaba. Dos cuestiones se están generando que les preocupan y mucho. La primera consecuencia es el aumento del precio del petróleo, que aceleró la inflación internacional, y la segunda consecuencia es que el impacto económico durará mucho más tiempo luego del fin de la guerra. Tanto en Estados Unidos como en Europa esto está golpeando y lleva la actividad a la baja.

En Estados Unidos la inflación crece y también las cifras de desempleo, y Trump tiene elecciones en noviembre. Si llegara a perderlas, cuestión que puede ser muy probable, se generaría a la interna una gran crisis política.

Hay que oponerse terminantemente a la guerra capitalista, esta es una de las grandes tareas de la izquierda. Se trata de levantar la consigna de la paz mundial hoy más que nunca.

Desde el punto de vista bélico, Trump había anticipado que iba a abrir el estrecho de Ormuz sin problema, pero no pudo realizarlo aún. Y les está pidiendo a los países de la OTAN que colaboren en la guerra contra Irán. Pero esto no le está resultando nada fácil; varios países de Europa han planteado que no tienen ningún interés en meterse en una guerra que no la generaron ellos.

Por otra parte, hay gran incertidumbre sobre la reunión que al parecer tendría Trump con el presidente chino, Xi Jinping; lo más factible es que esta no se realice aún, porque China observa que hoy por hoy Estados Unidos no puede abrir solo el estrecho de Ormuz. Lo que debería hacer Trump es incentivar la guerra terrestre, no por aire ni marítima, pero Estados Unidos tiene el síndrome de Afganistán e Irak, que le indica que no es nada aconsejable bajar tropas terrestres en Irán. El suelo de Irán es muy similar al de los países mencionados y no les fue bien en ambas experiencias bélicas.

Recordemos que Trump dijo que terminaba con Irán en una semana y ello no sucedió, no porque no quisiera, sino porque no pudo hacerlo por el momento.

Siempre que se analiza un hecho bélico de estas características debemos tener en cuenta cómo afecta a las distintas clases sociales. Debemos tener claro que capitales petroleros del mundo se están viendo sumamente beneficiados, con ganancias siderales, por el aumento permanente del precio del petróleo. En tanto, la clase obrera se ve absolutamente perjudicada, ya que los trabajadores se enfrentan a la inflación con un mercado laboral ya deprimido. Es decir, la inflación internacional la pagan los y las trabajadoras.

Hay que oponerse terminantemente a la guerra capitalista; esta es una de las grandes tareas de la izquierda. Se trata de levantar la consigna de la paz mundial hoy más que nunca.

Gustavo González es senador del Partido Socialista, Frente Amplio.