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Enrique Peluffo Panizza

Todo terreno

Cuando Tato me dio el libro dijo, al pasar y con verdadera modestia, que era un librito para leer en tres horas, riéndose estridentemente, como suele hacer. Se equivocó. Feo. Lo leí en dos. Como se dice vulgarmente, lo devoré. E igual todos los que supe que lo leyeron. Unos días después lo leí de vuelta. Y decidí recomendar y prestar el objeto.