La ex ministra de Desarrollo Social Marina Arismendi tiene claro quiénes son sus referentes dentro del Frente Amplio (FA) y al estar alejada de responsabilidades políticas a nivel institucional lo puede explicitar con mayor claridad que antes. “A Tabaré lo quiero para 2014, para 2050 y para todo lo que sea. Mi presidente es Tabaré Vázquez”, se entusiasma Arismendi, que está dispuesta a seguir en el Partido Comunista del Uruguay (PCU) hasta que “a alguno se le ocurra echarme”.

Salvo que...

-¿Desde qué lugar pretende aportar al FA? -Quiero militar como frenteamplista, es decir, sin estar en ningún ámbito de dirección del FA, ni en la Mesa Política, ni en el secretariado ni en el plenario. La Mesa Política, por ejemplo, está integrada por los sectores y los delegados de base, y yo no soy ninguna de las dos cosas. En este momento me represento a mí misma. -¿Se define como independiente? -No, soy comunista. -¿Sigue perteneciendo al Partido Comunista? -Sí, claro. Salvo que a alguno se le ocurra echarme, que no es algo que haya sucedido hasta ahora. Y no creo que vaya a pasar. -Muchos afirman que fue vetada injustamente para continuar en el Mides. ¿Cuál es su balance? -Más allá de los análisis, hay datos que son de la realidad, y que eran previsibles además. No sucedió nada sorpresivo. En realidad la propuesta [para seguir en el Mides] fue originalmente de Ana Olivera. En enero me fui de vacaciones feliz y contenta porque sabía que el Mides quedaba en buenas manos [en ese momento la ministra designada era Olivera] y que se seguiría una línea que funcionarios y técnicos compartirían. Después vino lo de la intendencia, y como me lo proponen tanto Danilo [Astori] como Pepe [Mujica] me vuelvo a replantear la posibilidad, al no quedar Ana. Pero a los dos les dije en ese momento: ustedes tienen un problema porque el Partido no se va a sentir representado, y fue lo que pasó. El PCU hizo otra opción, el presidente la aceptó y está todo bien. -¿Está todo bien? -Desde el punto de vista personal sí, quizás desde el punto de vista político deberíamos discutir otras cosas, porque a partir de las definiciones de las internas yo me había preparado para irme, pero no estoy acostumbrada, y creo que no lo estaré nunca, a ser independiente. -¿Va a dar la pelea en el PCU? -Eso no lo sé, es algo que tendré que analizar.

A pesar de esa persistencia, admite que fue vetada por su sector cuando quiso continuar al frente del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) y recuerda que cuando José Mujica y Danilo Astori le ofrecieron ese cargo les advirtió que tendrían “un problema” con el PCU, que no se sentiría “representado” con esa designación.

El alejamiento del Mides le permitió tomar distancia de muchos episodios y le ha dado más tiempo para compartir con sus nietos. Se siente en una especie de “adentro-afuera” que le parece “interesante” para hacer aportes: está más lejos de las internas del oficialismo, pero igual sigue con atención las noticias políticas. “No soy lo que se diría una doña María, porque ella no lee todos los diarios y los semanarios, pero hay cierta lejanía de la otra cocina, de la política, que me permite ver las cosas de un modo diferente”, evalúa.

Uno de los planes que piensa encarar durante los próximos meses es “ir a dar una mano en el FA”, sin que eso implique ocupar cargos de gobierno, y para despejar cualquier duda al respecto decidió retomar esa faceta militante después de que su amiga Ana Olivera termine de conformar el nuevo gabinete en la Intendencia de Montevideo. La reflexión interna que inició el FA después del último ciclo electoral sí la convoca y pide la palabra. En las últimas semanas, referentes sectoriales como Eleuterio Fernández Huidobro y Rafael Michelini reclamaron elecciones a padrón abierto, pero antes de tomar una decisión sobre ese punto Arismendi prefiere poner sobre la mesa otros debates.

Para ser más gráfica, relató que hace algunos días estuvo en un coloquio en Buenos Aires organizado por la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), y allí coincidió con la ex ministra de Planificación y Cooperación de Chile, Paula Quintana, a quien conoció cuando estaba al frente del Mides. “Fue bien interesante conversar con ella sobre la derrota de la Concertación, y ver qué cosas ellos están analizando y cómo encaran la autocrítica. Y creo que todos los frenteamplistas tenemos también que empezar a meter el cuchillo a fondo, sin lastimarnos, que quizás sea lo más difícil. Porque estamos todos muy cuidadosos por no lastimarnos, y eso es bueno, pero también es importante hablar con franqueza de muchas cosas”, agregó.

Los frenteamplistas deben asumir, según Arismendi, que existen en el seno de la izquierda “opiniones muy diversas”, y que a pesar de eso sigue siendo posible arribar a conclusiones comunes. “Más allá de la tarea que cada uno haya desempeñado, ya sea en la fuerza política, en el movimiento sindical, en un comité de base o en el gobierno, lo cierto es que ninguno de nosotros puede hacerse el distraído y decir yo no fui. O peor aun, achacarle responsabilidades exclusivamente a la presidencia del FA, porque sería comodísimo y súper fácil. “¿Quién puede pensar que cambiando a [Jorge] Brovetto se solucionan todos los problemas?”, interrogó.

Arismendi también quiere preguntarles a los sectores del FA a quiénes delegan la responsabilidad de integrar la Mesa Política, el órgano de conducción cotidiana que sesiona todos los lunes. “¿Qué nivel y poder de decisión tienen los que están sentados ahí? Empecemos por ese debate antes de hablar de la continuidad de Brovetto, porque si la Mesa es la dirección del FA tendría que tener gente de primer nivel y con capacidad de decisión, que exprese realmente la voz de su sector. Tanto que hablamos de 1971, comparemos la Mesa Política de aquel entonces o quiénes estaban en los órganos de conducción después de la dictadura y lo que pasa ahora. Ésa es la medida de la jerarquización que cada uno le da a la fuerza política”, continuó.

La ex ministra integró una terna de conducción del FA después de la renuncia de Liber Seregni en 1996 -junto con Reinaldo Gargano y el representante de las bases, Germán Gil-, y luego asumió otra tarea similar durante un “paréntesis” de Vázquez (en esa ocasión el delegado de las bases era Fabricio Siniscalchi). “La figura del presidente no estaba, pero teníamos el respaldo de todo el partido y por eso pudimos encarar, ni más ni menos que la campaña contra la reforma constitucional”, recordó.

Por otra parte, y en cuanto a la posibilidad de impulsar la candidatura de Vázquez para las próximas elecciones, Arismendi explicó por qué no respaldó el movimiento reeleccionista que recolectó firmas durante 2008. “No estaba de acuerdo con trabajar para la reelección, porque algo creo conocer al FA y no creo que hubiera funcionado. Hacer una reforma constitucional para la reelección tenía un peso demasiado grande en la historia, y por eso no estaba de acuerdo en su conveniencia”, rememoró la ex senadora comunista en referencia a los intentos por un segundo mandato del ex presidente colorado Jorge Pacheco Areco.

“Pero ahora para 2014 es diferente. De todas maneras, como él ya ha dicho, hay que ver las vueltas políticas, la biología también corre y los años pasan, o sea que son muchas cosas las que juegan. Tampoco sé qué está pensando él o lo que está haciendo. Igual el honor y el gusto de haber participado en el primer gobierno de izquierda y hacerlo desde el Mides es algo que me marcará para toda la vida”, continuó.