Académicos y políticos participaron este martes en el foro “Política y redes. ¿La grieta en Uruguay?”, organizado por la Fundación Konrad Adenauer, en el que intercambiaron puntos de vista sobre el efecto que tienen las redes sociales en el debate democrático. Si bien la pregunta sobre la existencia de una grieta en Uruguay fue desestimada por la mayoría de los participantes, también se señalaron algunos riesgos inherentes a la aplicación de estas tecnologías para la discusión política, y referentes de distintos partidos, del oficialismo y de la oposición, coincidieron en la preocupación sobre el tono violento que adoptan los intercambios en algunas de estas plataformas.

La diputada colorada María Eugenia Roselló afirmó que la violencia que se genera en redes sociales es “permanente y sistemática”, y dijo que esto lo vive “a diario” en su condición de “mujer y política”. “Es bastante complicado. La gente siempre nos pregunta cómo hacen los políticos para que no les afecten los comentarios que ven en las redes sociales; no da el lugar para contarles qué disparates me han llegado a decir, pero son muy violentos. Eso también lo generan las redes sociales, y como mujer y política me genera esa preocupación”, reflexionó. En la opinión de Roselló, “las redes sociales se han convertido en una jungla que dificulta muchísimo poder comunicar a los ciudadanos nuestro trabajo”.

La legisladora puso como ejemplo la “muchísima violencia” que genera el debate en torno al proyecto de ley de tenencia compartida que está a estudio del Senado. Con respecto a la campaña de cara al referéndum contra la ley de urgente consideración (LUC), opinó que “el sistema político debería hacer una autocrítica muy importante, porque ha habido actores políticos de relevancia que no se han manejado con la verdad, y eso es lo que genera desinformación”. “Como integrante del gobierno y defensora de la LUC creo que tenemos que estar comprometidos para brindarle a la ciudadanía la información correcta”, analizó.

En la misma línea, la directora del Instituto Nacional de las Mujeres y dirigente del Partido Independiente (PI), Mónica Bottero, calificó al algoritmo de las redes sociales como “el gran enemigo de la democracia”. “El algoritmo se convirtió en un generador de tribus, de tribus, además, que generan odio, generan un enfrentamiento”, opinó, y sostuvo que este enfrentamiento fue utilizado por distintos actores que identificaron “que ese odio se podía generar, se podía sembrar”; puso como ejemplo de esto a “las granjas de bots”.

Para los políticos, consideró, “la antítesis del algoritmo es el disenso”, al que propuso “cultivar y alentar”. Se refirió al disenso que “permite que todavía en nuestra democracia nos podamos sentar todos juntos”, en referencia a los referentes del oficialismo y de la oposición, pero además a los distintos socios que integran la coalición de gobierno. En ese sentido, apuntó que si bien el PI y Cabildo Abierto (CA) tuvieron “fuertes disensos en la campaña”, hoy están “dialogando y trabajando juntos en un montón de aspectos”. “A mi partido eso se le ha reprochado, y creo que lejos de reprochárselo como una falta de coherencia, se debería valorar”, reflexionó.

“Distopía”

Por su parte, el director de Educación del Ministerio de Educación y Cultura e integrante del Partido Nacional (PN), Gonzalo Baroni, opinó que “Twitter es una distopía, es un campo de batalla al cual todos los días entramos los que nos interesa comunicar parte de la actividad de gobierno” y “no es el mundo real; no es la realidad y no es el Uruguay en que yo vivo”, aseveró. Si bien señaló que posiblemente la gente utiliza esos espacios para “expresar su voz”, ante lo que calificó como “un problema de legitimación de la democracia”, resaltó que “las redes sociales son un espacio privado” y conllevan “la privatización de un espacio público que es la discusión política”.

El diputado frenteamplista Gustavo Olmos también hizo referencia a las dificultades de reducir un “mundo complejo” a “280 caracteres” –la extensión máxima de un tuit–, y opinó que esto se relaciona con el planteo de Bottero: “Terminás engordando de comerte los matices, porque no hay manera de condensar temas muy complejos en mensajes muy cortos”. Por otra parte, en referencia a lo que manifestó Baroni, señaló que “para las generaciones que se forman en un mundo altamente digitalizado y con tanto componente de virtualidad, esa frontera [entre realidad y virtualidad] es mucho más difusa, y a la larga va a generar desafíos bien complejos”.

En tanto, Marcos Methol, jefe de prensa y de relaciones internacionales de CA y senador suplente por ese partido, sostuvo que en su opinión no se puede hablar de grieta en Uruguay, y aseguró que esto se vincula con el rol de las coaliciones: “En nuestro país las coaliciones han llegado para quedarse, y en la medida en que mantengan fuerte ese pluralismo interno, van a generar condiciones que eviten una grieta. Creo que las grietas se generan cuando hay posiciones que chocan demasiado y que no tienen forma de transar, de negociar”, aseveró.

Democracia amenazada

Al término de las exposiciones del panel político, el politólogo Adolfo Garcé advirtió que “la democracia está retrocediendo en el mundo”, y pidió “abrir los ojos” ante este escenario. Al mismo tiempo, dijo, “estamos en la época de las redes sociales”, y aunque no quiso plantear una “relación causal entre las dos cosas”, sugirió que “habría que preguntarse si no hay algún vínculo entre la expansión de la redes sociales y el uso poco ético o francamente inmoral de las redes sociales, y el retroceso de la democracia”.

Por su parte, el doctor en Ciencia Política y docente de la Universidad Católica del Uruguay Juan Bogliaccini afirmó que un efecto de que la población pase a informarse principalmente por redes sociales –y ya no principalmente por medios tradicionales– es “el riesgo de la asortatividad, de creer que lo que yo pienso es lo que la mayoría piensa y que son ideas no disputadas en nuestra sociedad”. Señaló que, de esta manera, “cada uno forma su propia caja de resonancia, y eso es además caldo de cultivo para las fake news”. Asimismo, el uso de redes sociales para acceder a la información “reduce fuertemente la oportunidad de apreciar las perspectivas de mis oponentes”, indicó.

Ante este fenómeno, opinó que “hay necesidad de adaptarse” y “educarnos en el uso, administración y manejo de redes”, haciendo el ejercicio, además, de “filtrar por nosotros, no sólo dejar a los algoritmos, para proteger la oportunidad de estar expuestos a materiales que hubiera no elegido de antemano”.

Por su parte, la politóloga Victoria Gadea difirió de Bogliaccini en cuanto a que “no necesariamente” seguir a personas lejanas en el pensamiento ideológico va a implicar “una experiencia más plural en cuanto al acceso al conocimiento y a la información”. Señaló que “la arquitectura de internet y las redes sociales” va “mutando de manera constante”, y que “no sólo trata de darnos placer sino de darnos indignación”, porque “son los dos sentimientos que nos hacen estar más tiempo dentro de la red”.

En la opinión de Gadea, hay que “tener en cuenta que no sólo nuestro comportamiento personal es determinante” a la hora de “si vamos a estar más polarizados o no como electorado”, sino que los políticos se deben “hacer cargo” de “llevar la discusión política a distintos niveles para desafiar a ese electorado y que el diálogo político sea mucho más democrático”.

Finalmente, el sociólogo y músico Fernando Santullo resaltó que “las redes son un negocio antes que cualquier otra cosa”, por lo que la lógica que las mueve “no es una lógica neutra o que esté especialmente interesada en el fortalecimiento de la democracia”. “Si bien la prensa tradicional también es un negocio, buena parte de su negocio consistía en la calidad o la certeza que daba en los contenidos. El negocio de las redes es vender publicidad, y eso no necesariamente depende de la calidad de los contenidos que circulen por ellas”, apuntó.

En línea con lo anterior, Santullo consideró que “un problema que enfrenta la democracia es que, de alguna forma, estamos aceptando jugar en un tablero de juego sobre el que tenemos muy poca posibilidad de incidir o de cuestionar. Es decir: estamos haciendo política de la convivencia en un espacio que está diseñado para otra forma, que se gestiona de una manera no necesariamente democrática, y donde los límites son marcados en función de los intereses de la empresa que busca publicidad o anunciantes”, reflexionó.