Luego del primer ciclo de 15 años de gobierno, en el retorno al poder del Frente Amplio (FA) hay muchas caras nuevas. Sin embargo, eso no significa la ausencia en el nuevo proceso de quienes durante años supieron ocupar cargos de relevancia, como la exministra de Turismo y actual senadora, Liliam Kechichian. En diálogo con la diaria, la dirigente de Fuerza Renovadora conversó sobre el trabajo en el Parlamento, las críticas al gobierno y las diferencias que existen en la interna del oficialismo sobre la propuesta del PIT-CNT de gravar al 1% más rico para mitigar la pobreza infantil.

En 2006, durante el primer gobierno del FA, Kechichian fue convocada por Tabaré Vázquez para ser subsecretaria del Ministerio de Turismo (Mintur), puesto en el que estuvo seis años. Posteriormente sumaría casi ocho años como ministra. En el gobierno anterior, fue senadora de la oposición. Su llegada al Parlamento en la actual legislatura no fue sencilla.

La agrupación Seregnistas –que núclea a Fuerza Renovadora, Asamblea Uruguay y el Partido Demócrata Cristiano– alcanzó apenas 90.000 votos en las últimas elecciones nacionales y obtuvo un solo senador: Mario Bergara, el líder del sector. No obstante, tras el triunfo de Bergara en las elecciones departamentales y varias designaciones (Elbia Pereira como consejera de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), Graciela Villar como directora de Desarrollo Social en la Intendencia de Montevideo y Martín Vallcorba en la subsecretaría de Economía y Finanzas), Kechichian retornó a la Cámara de Senadores.

“Volví al Senado con un recibimiento precioso de los compañeros [senadores] y con la alegría de mis compañeros de Seregnistas, que realmente tenían expectativa de que alguien con cierta experiencia la pudiera volcar en el gobierno”, expresó Kechichian sobre su regreso al Palacio Legislativo, en junio del año pasado.

La tarea legislativa

Ahora como legisladora del gobierno y con mayoría en el Senado, en este nuevo contexto, ¿cambió el tono político con respecto a la legislatura pasada?

El tono, indudablemente, ha cambiado. Es un tono –no de todo el mundo, también es justo decirlo– mucho más agresivo, mucho más de descalificar, mucho más enfocado en hablar de las personas y no de las ideas. Eso nunca es bueno en el debate político. Cuando uno es oposición controla, y ese es el rol que tiene que jugar, es lógico. Pero hay algunas figuras, no hay duda, que han definido un rol de atacar en forma permanente. No hay nada que les venga bien, y a mí me parece que eso no es bueno para la política.

Sin embargo, en el presupuesto…

En el presupuesto pudimos tener, con el conjunto de los legisladores blancos y colorados, un diálogo mucho más sereno. Hubo, de todos modos, algunos miembros de la comisión que se salieron de tono, pero en general logramos un diálogo sobre ideas, sobre proyectos, sobre artículos del presupuesto, que nos permitió avanzar y tener después un resultado, para mi gusto, extraordinario.

¿Cómo pudieron subsanarse esas diferencias de partida?

El diálogo fue muy importante, te diría que particularmente con el senador [Pedro] Bordaberry; no con todo el Partido Colorado, porque el senador [Andrés] Ojeda se puso en otra postura, su sector fue el único que no votó [el presupuesto en general]. Pero lo de Bordaberry no fue gratis, también planteó algunas cosas. Por ejemplo, él tenía una obsesión con el gasto en los años electorales y se lo planteó, desde mi punto de vista, con mucha altura política y con mucha evidencia al ministro [de Economía y Finanzas, Gabriel Oddone]. El ministro prometió estudiarlo y, a los pocos días, le respondió que era una señal interesante para dar. Con Bordaberry el diálogo es mucho más maduro, más sereno, más profundo, más de ideas y no de ataque a las personas, como sucede con algunos otros parlamentarios.

Ese tono más agresivo que identificás en el Parlamento ¿responde a características personales, tiene que ver con la coyuntura local o se vincula más bien a fenómenos que se están viendo a nivel internacional?

Hay un poco de todo. Mi pensamiento es que la nueva derecha, o alguna parte de la nueva derecha, tiene como objetivo irritar a la sociedad, enojar a la sociedad, dado que una sociedad irritada y enojada es una sociedad más compleja. Pero también va en las características personales, indudablemente.

¿Cuál es tu rol dentro de la bancada frenteamplista?

Yo puedo aportar, primero, mi experiencia como ministra. Porque haber estado casi 14 años en el Poder Ejecutivo te da un conocimiento del Estado, te da un conocimiento de cómo funciona un gobierno, te da un conocimiento de cómo se construye el presupuesto y te da un conocimiento de cómo tenés que interactuar con el resto de los ministerios.

¿Qué prioridades tenés para el próximo año legislativo?

Voy a proponer un proyecto para modificar lo que establece la LUC [ley de urgente consideración] sobre que no es obligatorio que los padres tengan que anotar a sus hijos en las escuelas. Que no sea obligatorio me parece sumamente negativo, lo hemos visto ahora con los menonitas y con otras situaciones en las que la ANEP casi no podía actuar. También tengo pensado hacer algunas propuestas de modificaciones a la Ley de Inversiones, en el sentido de que las inversiones que vengan a Uruguay y empleen a más de 100 o 150 trabajadores contemplen tener una guardería para los hijos de sus funcionarios. Las experiencias que he conocido son altamente positivas para las empresas y para los trabajadores, tanto hombres como mujeres.

El impuesto al 1% y el rol de la militancia frenteamplista

Hay diferentes lecturas sobre estos primeros meses de gobierno. ¿Qué pensás cuando la oposición dice que el gobierno no tiene rumbo o que el presidente de la República no manda?

El otro día leí que los analistas del comportamiento de los líderes dicen que hoy lo más valorado no es el protocolo, no es la perfección, no es el discurso perfecto, sino que es la autenticidad, y si algo es Yamandú [Orsi] es auténtico. Por ahí, a mí no me preocupa. El mandar es una concepción que tiene, especialmente en el Partido Nacional, algo muy caudillesco. Nosotros tenemos otra manera de ver la vida, las cosas, el gobierno. Por supuesto que la última palabra la tiene el presidente, pero el presidente abre el juego, tiene un equipo potente y deja jugar a sus ministros.

También hay críticas dentro del oficialismo. Por ejemplo, se creó el grupo Frenteamplistas: Tenemos que Hablar, que hizo cuestionamientos, entre otras cosas, a la política exterior. ¿Cómo ves esos planteos? ¿Llegan demasiado pronto?

Sí, es increíble que hasta antes de tener presupuesto ya estuviese instalado este movimiento. El Frente Amplio tiene los caminos para que todas las ideas se puedan discutir. Tiene su estructura de base, tiene su reunión semanal de la Mesa Política y del Secretariado [Ejecutivo]. El que tenga alguna duda cuenta con ámbitos dentro del Frente Amplio para plantearlo. Por eso no entiendo mucho este movimiento, que me parece más de perfilismo, más de compañeros que sienten que tienen que seguir siendo oposición y que todavía no aterrizaron en que estamos gobernando.

¿No se entienden las velocidades del gobierno?

Creo que no, [porque] si antes de tener tu presupuesto, si antes de terminar tu primer año de gobierno –sabiendo lo que heredaste 1.000 millones de dólares en rojo– querés que todo esté resuelto, es intolerancia. Democrática, pero intolerancia al fin.

Se hicieron reclamos muy puntuales, como el de gravar al capital.

Me resulta un poco complejo que en el momento en que estamos discutiendo el presupuesto, un presupuesto en el que estamos gravando al capital, [porque] estamos gravando a las multinacionales y a los millonarios, aparezca una postura que es muy tentadora, pero que no es el agua de Querétaro, no va a solucionar todos los problemas.

A tu entender, ¿la propuesta del 1% puede generar una distorsión en el funcionamiento del gobierno?

No, distorsión no, pero sí genera cierta distracción en nuestros militantes. Muchos militantes honestos pueden creer que ese sea un camino. En realidad, en esto de la lucha por crecer y por las inversiones, el impuesto al patrimonio también tiene ciertas debilidades confirmadas en muchas partes del mundo. Cuando vos gravás al patrimonio, las personas se deshacen del patrimonio. Los cálculos que hoy tenemos muestran que con lo que pusimos en el presupuesto del impuesto mínimo global y del gravamen a los capitales en el exterior vamos a recaudar más que aplicando esa propuesta.

¿La “distracción” de la militancia tiene que ver con su rol actual de explicar el rumbo del gobierno?

Sin dudas. Para el Frente Amplio su estructura de base siempre fue muy importante. Lo vivimos en las campañas y lo vivimos después mientras la actividad política continúa. Es nuestro sello distintivo: la militancia permanente en los comités de base.

¿El impuesto al 1%, entonces, puede generar en la militancia una competencia con la defensa del gobierno?

A partir del 1° de enero empezamos a aplicar nuestro presupuesto, y ahí sí vamos a estar en toda nuestra estructura de base explicando o preguntando cuando no se entiende, porque es lícito que algunos compañeros puedan no entender algunas cosas, pero dentro de los carriles que nos hemos dado como Frente Amplio. Competencia no veo, pero vuelvo a repetirte: distracción, sin ninguna duda, pueden provocar.

Las expectativas en torno al gobierno

El Poder Ejecutivo definió 63 prioridades. Ya con diez meses en el gobierno, ¿cuál te parece la más difícil de cumplir?

Cuando asumimos nos encontramos con un país con más deuda, más déficit y más pobreza infantil. Para la pobreza infantil tenemos en el presupuesto una batería de herramientas que creo que nos van a permitir dar un salto de calidad. En ese sentido, creo que la batalla más grande, además de la lucha contra la pobreza infantil, la vamos a tener en el crecimiento [económico]. Uruguay necesita crecer, y para crecer necesita una inversión de cerca de 16.000 millones de dólares, y para eso se necesita competir con muchos otros países.

¿Qué cosas tienen que estar cumplidas en 2029 para que pueda decirse que el gobierno de Yamandú Orsi fue un buen gobierno?

La pobreza infantil tiene que tener una reducción muy importante. También hay que retener a muchos más muchachos en el sistema educativo. Si retenemos a los muchachos en el sistema educativo y reducimos la pobreza infantil, habremos dado un paso social muy importante.

¿Todo eso puede repercutir en la seguridad pública? Es el otro tema de preocupación que se señala…

Si nosotros retenemos a los muchachos y los agarramos antes de que pasen a formar parte de otras ofertas más tentadoras que tienen hoy, especialmente el tráfico de drogas, habremos hecho una minirrevolución también en el área de la seguridad. Y eso es lo que algunos sectores de la sociedad todavía no entienden, que mejorar la política social es mejorar la vida de todos, incluso las vidas de los que hoy tienen todo.

La relación entre Seregnistas y el MPP

El crecimiento del MPP se representa en el gobierno, en el Parlamento y en la fuerza política. ¿Esto genera un desequilibrio en el Frente Amplio?

Yo no lo veo dentro del Frente Amplio como un desequilibrio. Creo que el gabinete tampoco está desequilibrado. Algunos de los ministerios más políticos, como el Ministerio del Interior o el Ministerio de Economía, no son del MPP. Creo que el Frente es la unidad en la diversidad. Es cierto, sin embargo, que es mejor que el Frente esté distribuido de una manera un poquito más equilibrada, pero no me parece que esta última votación tenga hoy consecuencias.

Cuando Danilo Astori y José Mujica eran figuras protagónicas representaban lugares opuestos en el Frente Amplio, al menos para la opinión pública. Hoy en día Seregnistas y el MPP coinciden mucho más en algunos temas de fondo. ¿Qué cambió?

Es cierto que Danilo y Pepe representaban dos corrientes que parecían muy diferentes. Sin embargo, cuando tuvieron que construir la fórmula, cuando tuvieron que gobernar juntos, pudieron hacerlo. Ahora me da la impresión de que en el Frente hay un programa que cada vez nos está representando más a todos, con los equilibrios necesarios. Seregnistas no ha cambiado un ápice en decir lo que piensa, en pensar en la mañana siguiente –que es lo que [Liber] Seregni nos indicó– y en ser muy responsables en el gobierno.

¿Entonces el que cambió fue el MPP?

Algunos debates del pasado, aquello del gobierno en disputa, que indudablemente estuvieron sobre la mesa, hoy no creo que le sirvan al Frente Amplio, aunque cada tanto pueden aparecer algunos impulsos. Pero no es que estemos más cerca; creo que cada uno representa historias diferentes y, en algunos casos, miradas diferentes del futuro de Uruguay.

En un gobierno liderado por el MPP uno ve en la política económica la intención de llevar adelante políticas activas para el fomento de la inversión, un poco lo que pregonaba Astori. ¿Este es un gobierno astorista?

En la política económica no hay ninguna duda de que el pensamiento de Danilo ha sido dominante en el Frente Amplio. Cada vez que nos ha tocado gobernar tenemos claro que ese es el camino por el que hay que transitar. En ese sentido, me parece que sí es un triunfo de esa línea de responsabilidad, de saber que no hay nada que pueda funcionar bien con una macroeconomía desordenada y de saber que hay que crecer con equidad.

Aunque tiene el respaldo del presidente, a veces se ha cuestionado a Oddone. ¿Cómo analizás la figura del ministro de Economía?

Es un astorista, no hay duda. Es un hombre profesional y técnicamente muy sólido. Lo veo muy bien plantado, no lo veo solo. Cada vez que lo ha necesitado, el respaldo del Frente Amplio ha estado y el gobierno y el presidente lo han respaldado. Ser ministro de Economía no es fácil en ninguna parte del mundo ni en ningún momento histórico, pero creo que Gabriel y Martín Vallcorba, los dos, van salvando con muy buena nota.

¿Qué opinión tenés sobre el ataque militar de Estados Unidos a Venezuela?

Los hechos acontecidos en Venezuela son de una inmensa gravedad. Realmente nos han preocupado muchísimo por la forma y por el contenido que le ha dado el presidente [Donald] Trump, que de forma clara, y yo diría que descarada, habla de que el interés superlativo no es la democracia, sino las riquezas de Venezuela; no sólo el petróleo, [sino también] el gas y otro conjunto de riquezas que Venezuela tiene y que son muy importantes. Nos preocupa enormemente.

Creo que Uruguay ha hecho bien con su declaración, se ha afiliado a la tradicional postura de no injerencia y de autodeterminación de los pueblos. Por otro lado, me pareció sumamente importante la declaración conjunta de México, Colombia, Chile, Brasil, Uruguay y España en torno a una situación que no tiene dos miradas.

Desde el punto de vista personal, yo y mi fuerza política, Fuerza Renovadora, en las anteriores elecciones venezolanas nos expresamos claramente en cuanto a que no habían sido transparentes y que realmente estábamos ante una situación de ilegal continuación en el poder de [Nicolás] Maduro. Pero eso es una cosa, y otra cosa es avalar la injerencia de un Estado que, en su discurso, se ha querido convertir un poco en gendarme del mundo, porque en estos días no sólo no le ha alcanzado con lo de Venezuela, sino que también ha amenazado a México, Colombia y Groenlandia. Me parece que el mundo tiene que pararse firme ante esa actitud.