Hace un año, Silvia Nane se preparaba para asumir por segunda vez como senadora del Frente Amplio (FA), en una bancada oficialista sin mayoría. Ahora es la directora de Desarrollo Sostenible e Inteligente de la Intendencia de Montevideo –cargo que asumió en junio– y se define como una frenteamplista independiente, ya que desde setiembre no forma parte de La Amplia, el sector encabezado por la vicepresidenta Carolina Cosse, por el que fue electa legisladora en las últimas elecciones nacionales.

En una entrevista con la diaria asegura tener “mucha resiliencia a los cambios de tarea”. Desde noviembre, además, copreside junto a Ricardo Ehrlich la Comisión Nacional de Programa del FA. “He estado donde la fuerza política ha considerado que tengo que estar, porque soy militante de este proyecto político que se llama Frente Amplio”, señala.

La Comisión Nacional de Programa del FA tendrá un “hito importante” en el próximo Congreso de la fuerza política, previsto para octubre, cuando presente “una referencia de discusión sobre el futuro del Frente Amplio como fuerza política dentro de un análisis del futuro de las izquierdas”, apunta la exsenadora. Para Nane, el programa del FA no se debe convertir en “un elemento fiscalizador”, porque “siempre que uno fiscaliza algo tiene que tener una penalización si no se cumple”. Sobre el trabajo programático del FA, el primer año de la legislatura y los debates pendientes en la interna del FA, Nane conversó con la diaria.

¿Cómo has visto, desde afuera, el primer año de la legislatura?

Miro las sesiones del Senado muchas veces. En el primer año de la legislatura, en general, lo que te pasa es que está muy marcado por el presupuesto, y creo que ahí realmente los compañeros y las compañeras hicieron un trabajo muy destacado. Fue el primer presupuesto del Frente Amplio después de cinco años de ser oposición; fue un presupuesto que se hizo sobre unas bases que cambiaron al poco tiempo de asumir el gobierno, por el número del déficit fiscal; fue un presupuesto muy cuidadoso con lo que se había venido construyendo como propuestas desde las bases programáticas y desde las 63 prioridades para gobernar; y fue un presupuesto que terminó siendo aprobado por todas las fuerzas políticas. Entonces, creo que hubo un trabajo súper interesante.

¿Qué te ha parecido hasta ahora el tono de la oposición?

Creo que lo que pasa es que no hay una oposición. La oposición hoy tiene sus propios posicionamientos internos, tanto dentro del Partido Nacional como dentro del Partido Colorado. O sea, todavía hay una disputa de liderazgos políticos dentro de la oposición, y creo que esa continua competencia de liderazgos hace que las decisiones muchas veces sean más para marcar una posición que responde a una necesidad interna, que para la labor de fiscalizar la tarea del Ejecutivo.

Cuando asumiste tu banca en marzo dijiste que el desafío de la bancada del oficialismo sería “gobernar un país, cada quien desde su lugar, y cumplir el programa del Frente Amplio”. ¿Cómo se viene dando esa relación entre los legisladores, sus sectores y el Poder Ejecutivo?

Yo creo que la clave ahí es: ‘Cada quien desde su lugar’, porque hay un lugar para la construcción programática, que en el Frente Amplio es una construcción continua. Acá necesito hacer este paréntesis. En el Frente Amplio la construcción programática es continua porque la Comisión Nacional de Programa trabaja siempre, se reúnen siempre las unidades temáticas y se van tomando temas puntuales y elaborando referencias, no solamente para los legisladores, sino también para los compañeros que trabajan en el Ejecutivo. Dicho esto, esa construcción es de la fuerza política.

Hay compañeros que ejercen las tareas legislativas, donde la responsabilidad no es solamente proponer proyectos de ley, [sino también] es dar debates y darles visibilidad a cosas que son de importancia para las personas. El Ejecutivo es el que ejecuta, es el responsable de la ejecución de la política pública a través de sus secretarías de Estado y demás. Todo eso va encajando en una propuesta que fue la que la ciudadanía votó, en este caso, en las bases programáticas y en las 63 prioridades para gobernar.

Además, a la construcción del programa en una determinada coyuntura le sigue un ejercicio de acción política durante cinco años. Y en esos cinco años la vida va cambiando. El programa es la guía de propuesta para la ciudadanía que todo el Frente Amplio tiene en acuerdo; y a partir de ahí, en función de cada una de esas cosas, cada quien desde su lugar ejerce la tarea en el marco del programa que su rol requiere. Yo soy bastante puntillosa con esto, porque el programa del Frente Amplio no es una checklist que cada quien mira todos los días y lo marca. El programa es una construcción de pensamiento político que guía una acción política, y después está la coyuntura y las decisiones políticas que se hacen en ese marco. El programa no es una cosa estática, y a mí eso me parece súper relevante: que no sea un elemento fiscalizador, [porque] es un elemento ordenador y de construcción de política. Si se convierte en un elemento fiscalizador… Siempre que uno fiscaliza algo tiene que tener una penalización si no se cumple, y la política no se construye así.

Pero de alguna forma se tiene que hacer un seguimiento de si se cumple o no…

Absolutamente. Cuando nosotros conversamos en la Comisión Nacional de Programa con muchos de los compañeros en los cargos del Ejecutivo lo que vas viendo es que cada uno tiene las acciones que se propusieron en el presupuesto nacional, que van alineadas con el programa y con las 63 prioridades para gobernar. Pero, reitero, no en una forma de fiscalización.

Enlazo esto que decís con los dichos del subsecretario de Economía y Finanzas, Martín Vallcorba, sobre que el programa del Frente Amplio es “impagable” y que el gobierno no está en condiciones de cumplirlo. ¿Entendés que Vallcorba tenía algo de razón porque la coyuntura cambió?

Es parte de una coyuntura que cambia, y es parte de información nueva que empezó a surgir, porque teníamos un déficit fiscal de un punto más del PIB. Por eso yo creo que hay decisiones políticas que hay que tomar en la tarea de gobierno, pero eso no inhibe de seguir en una discusión de construcción programática. Vallcorba tiene un cargo en el Ejecutivo, a través del cual toma decisiones políticas desde su lugar. ¿Eso inhibe que la fuerza política pueda cuestionar esa decisión, o que pueda tomar elementos para hacer una construcción programática diferente, matizada o similar, aprendiendo de eso para más adelante? No.

Por eso lo pongo en estos términos: el programa como construcción política, el Ejecutivo como un lugar de decisiones políticas y el Parlamento como un lugar de acuerdos, de normativa y de debate. Es un triángulo de balances: las bases programáticas son el marco, pero no inhiben ninguna de las otras dos funciones, porque, si no, no se puede gobernar y porque, si no, no se puede dar debate.

Las bases programáticas del Frente Amplio también se han puesto en cuestión con la discusión sobre el impuesto al 1%, en cuanto a si el programa contempla dar ese debate tributario. En ese sentido, ¿también son el marco, pero no inhiben lo que decida el gobierno?

Rediscutir la adecuación tributaria es rediscutir la desigualdad. El Frente Amplio es una fuerza política de izquierda, y la desigualdad es una base de discusión que tiene que estar permanentemente. La distribución tributaria es una de las puntas de cómo tratamos de lograr una mayor equidad. Las decisiones políticas del Ejecutivo fueron en un sentido, y hay otros compañeros que dicen: ‘Pero a esto, además, le tenemos que agregar otra perspectiva: ¿por qué no discutimos el 1%?’. Por supuesto que lo tenemos que discutir. Y si hay otra propuesta, también la tenemos que discutir, porque forma parte de esa construcción política permanente.

Y no lo vamos a discutir solamente cuando venga la coyuntura electoral, porque la construcción política es mucho más amplia que la coyuntura electoral, porque en la coyuntura electoral uno trata de ganar las elecciones, ¿no? Funciona así el sistema representativo democrático. Durante el resto del tiempo vos hacés construcción política y la construcción política se hace del debate, se hace de las referencias, se hace de poder entender cómo cambian los contextos regionales, las cosas en las que Uruguay está inmerso.

¿Este va a ser el año de la discusión sobre el impuesto al 1% dentro del Frente Amplio?

Sí. Probablemente sea este año, y el otro año, y el otro año. Eso que se ha dado a llamar el 1%, que es una propuesta pensada desde la central sindical –a la que yo respeto muchísimo–, es una discusión que la central sindical dio en su ámbito de central sindical, con su realidad de central sindical, y que el Frente Amplio tiene que dar en los términos de una fuerza política dentro de su estructura y dentro de su estrategia política. La base es la desigualdad estructural que determina que una vida se sufra y que una vida se disfrute. Ese debate es inherente a una fuerza de izquierda en todo tiempo, en 2026, en 2027, en 2028, en 2029. Es inherente a lo que entendemos como construcción de comunidad.

¿Qué opinás de la postura de que, en un año de discusión presupuestal, el debate sobre el impuesto al 1% distrae a la militancia frenteamplista?

La militancia no se distrae. La militancia milita, y milita las causas que le parece que tiene que militar. Y después va a la fuerza política, que estructura esa discusión, y dentro de la estructura hace lo que tiene que hacer y da los debates que tiene que dar. Me parece que la militancia no se distrae. La militancia tiene un ritmo que no necesariamente es el ritmo de la fuerza política, ni el ritmo del Legislativo ni el ritmo del Ejecutivo. ¿Por qué? Porque tienen una tarea distinta. ¿Y cuál es la tarea de la militancia? Militar. Después, sí, como fuerza política, el Frente Amplio lo que hace es organizar sus discusiones en una estructura donde las bases plantean los aspectos que tienen para discutir, los sectores también, y de ese acuerdo o desacuerdo el Frente Amplio termina consensuando una determinada posición.

Desde el gobierno se ha diferenciado lo que es el tono y los tiempos del Poder Ejecutivo de lo que es la fuerza política. Por ejemplo, en política exterior. ¿Entendés que es correcta esa concepción? ¿Considerás que esa posición puede desgastar al gobierno?

Lo que pasa es que el gobierno es el gobierno del Estado uruguayo. Es una cuestión institucional. Cuando habla el gobierno del Estado uruguayo, habla Uruguay, no habla el Frente Amplio. El Frente Amplio habla cuando habla el Frente Amplio. Me parece que son cosas distintas. Sí es verdad que el sistema de democracia representativa hace que un gobierno tenga la línea política de la fuerza política que democráticamente gana ese gobierno, pero Uruguay, como país, trasciende la representatividad electoral de los distintos períodos.

¿Cómo está siendo el trabajo en la Comisión Nacional de Programa del Frente Amplio? ¿En qué estado está, hay alguna hoja de ruta?

Sí, la Comisión Nacional de Programa tiene un plan de trabajo marcado que tiene un hito importante en octubre con el Congreso [del FA]. La comisión tiene un plan de trabajo con dos grandes líneas. Una línea de trabajo es acompañar y ser referencia en las tareas para todos los compañeros que están en responsabilidades de gobierno. La otra línea de trabajo es empezar a trabajar en lo que hemos llamado espacios territoriales temáticos. Lo de territorial y temático tiene que ver con una de las construcciones de las últimas bases programáticas, que dicen que todas las políticas tienen que tener su correlato en la territorialización. Los espacios temáticos territoriales tienen esa característica. La idea de esos espacios territoriales temáticos es poder integrar temas que afectan o benefician [a una comunidad] para poder generar referencias de discusión que después, ocasionalmente, a través de la otra línea de trabajo, puedan llegar a los lugares de responsabilidad política o a formar parte de una discusión programática posterior.

¿En qué sentido habrá un hito en el próximo Congreso del Frente Amplio?

En una especie de cronograma que nos marcamos está el hito del Congreso. La idea es que la Comisión Nacional de Programa prepare una referencia de discusión sobre el futuro del Frente Amplio como fuerza política dentro de un análisis del futuro de las izquierdas. ¿Cómo pararse en esta coyuntura, que viene cambiando mucho? ¿Cómo reordenamos una propuesta de izquierda en esta coyuntura, que todos los días nos viene dando datos de que el mundo está cambiando y mucho? Eso requiere competencias nuevas dentro de la fuerza política, requiere formas de comunicación nuevas, generar hipótesis nuevas y mucha conversa. La idea es que la Comisión Nacional de Programa genere esas referencias para poder dar la discusión en el Congreso.

¿Qué tendría que contemplar esa propuesta de izquierda en la nueva coyuntura?

Hay que dar la discusión, y para dar la discusión el Frente Amplio tiene que habilitar la discusión. Habilitar es generar los espacios de discusión, que tienen que ser cuidados, participativos, que no tienen que ser endogámicos, que tienen que tener miradas nuevas, regionales, internacionales, de género y de grandes desigualdades estructurales.

Me parece que ahí hay que poder mirar un proyecto político en un mundo geopolíticamente complicado y atravesado por una dinámica que permanentemente genera enemigos nuevos para justificar nuevos autoritarismos. Lo que hay que ver es qué hay de nuevo ahí. Capaz que lo nuevo es que hay más herramientas para construir enemigos a cada rato, más herramientas para tenernos en alerta todo el tiempo. Dentro de eso, ¿cómo planteo las hipótesis de un proyecto político? Cuando uno está en alerta todo el tiempo, no puede parar a pensar. En modo supervivencia vos no construís comunidad, porque estás siempre en modo defensivo frente a los otros. Hoy vivimos en ese mundo. En ese mundo, ¿cómo construyo un proyecto de izquierda?