Las llamadas “nuevas sustancias psicoactivas”, entre las que se encuentran el MDMA (éxtasis) y los cannabinoides sintéticos tienen una incidencia cada vez mayor en Uruguay y en el mundo; por eso, el foco de los observatorios de drogas, a nivel mundial, dejó de estar en las tres clásicas sustancias –cocaína, cannabis y heroína– y empezaron a monitorear estas drogas emergentes, que si bien existen desde las décadas de 1970 y 1980, ahora irrumpieron con mayor fuerza. Así lo explicaron en diálogo con la diaria Diego Olivera, secretario general de la Junta Nacional de Drogas (JND), y Héctor Suárez, coordinador del Observatorio Uruguayo de Drogas (OUD), previo a la presentación de la jornada de difusión “Nuevas sustancias psicoactivas y drogas emergentes: logros y desafíos para el Sistema de Alerta Temprana en Drogas”, que se realizó este viernes en la Torre Ejecutiva.

El Sistema de Alerta Temprana en Drogas (SATdrogas) es una red interinstitucional creada en 2014, que nuclea instituciones nacionales y departamentales, así como organizaciones de la sociedad civil y del sector privado. Su foco está en las nuevas sustancias que, según Olivera, “son una respuesta al prohibicionismo, porque esas modificaciones en los encadenamientos moleculares son una forma de burlar las listas de prohibición”. Su aparición obligó a desarrollar nuevas modalidades de identificación sobre las sustancias y las formas de consumo, y así fue que Uruguay desarrolló el SATdrogas, con el fin de “informar al sistema de salud y para poder informar a la población y a los usuarios de drogas”, planteó Olivera. “Lo que es más riesgoso desde el punto de vista de la salud son las adulteraciones o la probabilidad, bastante alta para un consumidor, de que pensando que está consumiendo una sustancia, en realidad está consumiendo otra, lo que puede agravar las consecuencias”, puntualizó. Agregó que a diferencia de la cocaína, por ejemplo, estas nuevas sustancias “tienen un potencial adictivo muy bajo” y que su consumo está ligado a la ritualidad de determinados espacios, como las fiestas electrónicas. Por eso, señaló que el mayor riesgo no es el de adicción, sino la ocurrencia de un episodio agudo, ya sea por adulteración –está pensando que consume una sustancia, pero en verdad consume otra– o por una mala dosificación: “Consume más de lo que su cuerpo puede procesar o de lo que sus condiciones de salud pueden aceptar, y se puede producir algún evento grave”. En ese sentido, Olivera recordó el fallecimiento de una joven de 22 años que murió en verano de 2018 en una fiesta electrónica en Atlántida, por haber consumido una dosis desmesurada de MDMA. Por eso, el año pasado el SATdrogas emitió una alerta para informar que con el MDMA (3,4 metilendioximetanfetamina) en forma de cristales o polvos existe mayor riesgo de intoxicación aguda por sobredosis, porque presenta mayores niveles de pureza que las pastillas (con una concentración de 80%, prácticamente el doble que los comprimidos, que rondan entre 40% y 50%).

Atentos

El SATdrogas “tiene dos patas: el análisis químico y el reporte de casos clínicos”, explicó Suárez. El análisis químico está a cargo del Instituto Técnico Forense (ITF) por medio de las incautaciones que hace la Brigada Nacional Antidrogas: “Nos avisa cuando incauta droga sintética: a partir de eso se analizar y se evalúa el riesgo, se comunica al sistema, el sistema evalúa y se comunica a la salud o a nivel público si se hallan adulteraciones o una potencia excesiva”, detalló, y en el mismo sentido interviene la Policía Científica cuando “aparece algo fuera de control”.

Al recibir una denuncia, el SAT define el riesgo y cómo lo comunica: si lo hace directamente a la red de salud, si difunde la información en los eventos donde suelen aparecer estas sustancias o se hace una alerta pública, como la que hizo, por ejemplo, en 2017, cuando se detectaron sellos de LSD adulterados con fentanilo “una forma sintética de los opiáceos, de los analgésicos más fuertes”, informó Olivera, que se ha detectado muy pocas veces en el Cono Sur, pero que en Estados Unidos produce 70.000 muertes al año por sobredosis.

“Cambia el fenómeno de drogas, tiene que cambiar la metodología de estudio”, dijo Olivera. Entonces, el SATdrogas no se queda sólo con lo que se incauta, sino que intenta monitorear qué circula. Es así que entra, por ejemplo, el trabajo de la Unidad de Medio Ambiente, Drogas y Doping de la Facultad de Química de la Universidad de la República, que se ha encargado del análisis de desechos biológicos en fiestas electrónicas, a partir de muestras de orina que se extraen en baños químicos (se extrae una cada cinco personas que ingresan). Olivera informó que uno de esos estudios permitió identificar cannabinoides sintéticos, sustancia “mucho más agresiva para la salud”, por tener una concentración de THC 50 veces mayor que la de la planta, que no se ha incautado en Uruguay pero se ha detectado en fiestas electrónicas, puntualizó Olivera. Además, comentó que en el análisis de las muestras de baños químicos de fiestas electrónicas “existió un episodio con una sustancia que se identifica como drogas de sumisión”, que se usa, por ejemplo, en casos de abuso sexual, porque la persona queda muy condicionada en el control volutivo de sus actos; Olivera aclaró que apareció en una sola muestra, por lo que se supone que fue un caso muy particular, y que no volvió a aparecer, pero su presencia en el país causó preocupación. Estos estudios, junto con los resultados de investigaciones hechas por el ITF, Policía Científica, así como el Centro de Información y Asesoramiento Toxicológico (CIAT) y el Servicio de Toxicología de Sanidad Policial, y la interacción con el SATdrogas, es lo que se presentó este viernes.

Además de analizar efluentes de baños químicos, se han hecho estudios en aguas cloacales, de efluentes generales de Montevideo y Canelones. “Son metodologías muy nuevas, bastante costosas pero que nos permiten tener un panorama general de qué es lo que se está consumiendo”, apuntó Olivera. Eso es complementado con estudios antropológicos con usuarios de éxtasis en fiestas electrónicas, que permiten conocer “la ritualidad de ese consumo, cómo se da, para qué”. En todos los casos, la intervención apunta a la reducción de riesgos y daños. Olivera aclaró que el objetivo es “que podamos decirles a esas personas que deciden no dejar de consumir, que tengan cuidado cuando aparece algo de cuidado”. Expresó que en el mundo muchas veces se cuestionan los programas de reducción de daños porque “se confunde la reducción de daños con una actitud permisiva o poco responsable sobre la salud de las personas”, pero aclaró que “por el contrario, la reducción de daños es una metodología muy válida y que reconoce que las personas toman decisiones de forma autónoma que muchas veces implican consumir sustancias, y si les negamos información oportuna los estamos exponiendo a un daño mucho mayor”. Por eso desarrollan estas metodologías que intentan monitorear lo que circula “en tiempo real”, y por eso apuestan a “ir por los lugares menos tradicionales pero más efectivos, sobre todo en términos de velocidad”.

El SATdrogas integra también organizaciones sociales, y en el intercambio con ellas permite mejorar los programas de prevención, dijo Olivera: “Toda esta información se vuelca al trabajo en el momento de la fiesta, se ponen advertencias en los baños, se trabaja en las redes sociales de los eventos, y conformamos una red de productores de fiestas electrónicas, para que tengan información para proporcionarles a sus participantes”.

La información de análisis clínicos se apoya y complementa con la información de casos clínicos que reporta el CIAT, en comunicación con los centros de salud.

Plataforma

La Brigada Nacional Antidrogas, los centros de salud, de tratamiento de adicciones y laboratorios científicos son algunos de los integrantes del SATdrogas. Este viernes se presentó una plataforma web cerrada para los socios del sistema. Suárez destacó que allí se incorporará un “banco de datos de todo lo que está apareciendo y las características de las sustancias para que si el personal de salud detecta, porque le llega un caso clínico de alguien que consumió una pastilla con el logo de Batman, por ejemplo, pueda recurrir a ese banco de datos y ver qué características y qué potencial tiene esa sustancia, si existe algún adulterante, los síntomas que genera una sobredosis y los mecanismos de actuación”. La plataforma tendrá, además, un foro que mejore el intercambio entre todos los actores, y reunirá investigaciones paradigmáticas, como el estudio de baños, que detectó sustancias que no habían aparecido clínicamente porque, muchas veces, los análisis buscan lo que se espera encontrar, y la realidad, en este tema, supera a la literatura.