Dormir es un evento fisiológico que forma parte de nuestra vida. Es un momento en el cual una parte de nuestro cuerpo y nuestro cerebro se apaga, aunque al mismo tiempo siguen ocurriendo procesos fundamentales para la salud.

En entrevista con la diaria, la otorrinolaringóloga Carina Almirón, presidenta de la Sociedad de Otorrinolaringología del Uruguay, explicó qué hace a un buen sueño y qué factores pueden interrumpirlo.

“Cuando dormimos, en las diferentes etapas del sueño se activan distintos procesos: el cuerpo se recupera a nivel muscular y se fija la memoria”, dijo. Si no tenemos un correcto descanso, según la etapa del sueño que se vea afectada, podemos levantarnos cansados o rendir menos intelectualmente. Para que estos procesos sucedan es necesario dormir la cantidad de horas adecuadas. En el caso de los adultos, entre siete y ocho horas.

En cuanto a dormir bien o con descanso, Almirón señaló que implica no solo cumplir con la cantidad de horas de sueño, sino también atravesar correctamente sus diferentes etapas: sueño REM y sueño no REM. El REM es el momento en el que se producen los movimientos oculares rápidos y donde ocurre la fijación de la memoria, es decir de todo lo que adquirimos durante el día.

Un adulto de entre 18 y 55 años debería tener alrededor de cuatro episodios REM durante la noche, intercalados con etapas de sueño no REM. Este último es el sueño con el que comenzamos a dormir y se divide en varias fases: N1, N2 y N3. En la última, también conocida como sueño profundo, se produce el descanso corporal, detalló la especialista.

Ronquidos y apnea del sueño

Mientras dormimos ocurren muchas cosas; de algunas somos conscientes y de otras no. Una de las más comunes es roncar. Los ronquidos, que hasta hace poco estaban absolutamente naturalizados, sobre todo en hombres, “no son normales”, enfatizó.

Roncar ocurre cuando el aire pasa a través de la vía aérea superior –especialmente por el paladar y la orofaringe– y, en lugar de entrar y salir libremente, las estructuras comienzan a vibrar o a cerrarse parcial o totalmente. Cuando se producen cierres completos se generan colapsos que pueden derivar en una apnea obstructiva del sueño. En ese sentido, roncar puede ser el primer signo de este trastorno.

Para Almirón es recomendable consultar cuando el ronquido aparece todas las noches o con frecuencia. En esos casos puede diagnosticarse como ronquido simple, que dentro del espectro de los trastornos respiratorios del sueño es la etapa inicial. Con el tiempo puede avanzar y convertirse en apnea obstructiva del sueño, que tiene diferentes grados, pero que por definición implica el cese de la respiración por más de diez segundos, acompañado de movimientos torácicos.

En resumen, según la especialista, el ronquido puede ser la señal de que existe una apnea en una etapa inicial. Esos segundos sin respirar tienen repercusiones en la saturación de oxígeno en la sangre, que puede descender por debajo de lo normal. Cuando dormimos, de por sí, la concentración de oxígeno en la sangre es menor que cuando estamos despiertos. “Lo normal durante el sueño es entre 92% y 93%; cuando baja más de tres puntos se considera desaturación”.

Por eso es importante saber si la apnea está acompañada o no de desaturaciones, ya que estas generan mayor trabajo cardiovascular. Además, según cuánto descienda el oxígeno, el cerebro emite una señal de alerta que produce microdespertares. Esto también afecta el descanso porque fragmenta el sueño y no permite completar las etapas necesarias.

Durante el descanso deberíamos tener una frecuencia cardíaca normal. Sin embargo, quienes tienen apnea pueden llegar a registrar una frecuencia similar a la de una persona que está haciendo ejercicio físico. Al principio todo esto puede ser silencioso: el cuerpo tiende a compensar la apnea y la persona puede no darse cuenta, e incluso no presentar aún problemas cardiovasculares o cansancio durante el día.

Otros síntomas y consecuencias

Otro síntoma posible de la apnea es la somnolencia diurna: la sensación de que el descanso nocturno no fue suficiente y de que el sueño empeora a medida que avanza el día. También puede generar cambios de humor y afectar las relaciones interpersonales.

Además, aumenta el riesgo de arritmias e hipertensión. Durante la noche la persona puede presentar nicturia, es decir, levantarse varias veces a orinar. También se desregula el metabolismo interno: uno de los sistemas que se ven afectados es el que regula el hambre y la saciedad, por lo que quienes no descansan adecuadamente tienen mayor predisposición a aumentar de peso, enumeró.

Por este motivo, cuando se diagnostica apnea del sueño en personas con sobrepeso, al iniciar el tratamiento muchas veces tienden a bajar de peso incluso sin modificar la alimentación.

Otros trastornos del sueño

El trastorno respiratorio del sueño es solo uno de los muchos que pueden diagnosticarse. Su abordaje suele ser multidisciplinario porque tiene múltiples aristas e involucra a especialistas como otorrinolaringólogos, odontólogos y neurólogos, entre otros.

El insomnio es el trastorno más frecuente y puede tener diversas causas. Actualmente existe una fuerte asociación con los hábitos cotidianos, lo que se conoce como mala higiene del sueño: no tener una rutina para acostarse a la misma hora o exponerse a pantallas antes de dormir.

Esto afecta el ritmo circadiano, pero también influye el contenido que se consume. Cuando dormimos el cerebro no se apaga completamente: todo lo que vemos antes de dormir continúa procesándose durante la noche.

Por eso se recomienda evitar el uso de pantallas antes de acostarse, no consumir alimentos ni alcohol poco tiempo antes de dormir y adoptar hábitos que favorezcan el descanso, como leer durante unos 40 o 60 minutos antes de acostarse o escuchar música relajante. Estas prácticas ayudan a mejorar la calidad del sueño, independientemente del trastorno que se tenga, si se sostienen en el tiempo.

Existen otros trastornos más complejos y menos frecuentes que generan movimientos anormales durante la noche. Entre ellos están las parasomnias, como el sonambulismo o los terrores nocturnos, que en los niños pueden aparecer con cierta frecuencia y disminuir con los años.

También se encuentra la narcolepsia, un trastorno neurológico poco frecuente en el que la persona experimenta ataques de sueño repentinos e incontrolables. En esos episodios la persona puede quedarse dormida en cualquier momento, sin importar qué esté haciendo.

Por último, Almirón señaló que, si bien muchos de estos trastornos no son nuevos, ahora hay otras herramientas, hoy también están más difundidos y se diagnostican con mayor frecuencia.