El exceso de peso suele asociarse a decisiones individuales vinculadas con la alimentación y la actividad física. Sin embargo, una investigación realizada por la Comisión Honoraria para la Salud Cardiovascular plantea que esas decisiones están atravesadas por condiciones económicas, laborales, familiares, culturales y emocionales, además de por la forma en que está organizado el sistema de salud.
El estudio Representaciones sociales sobre el peso corporal y el exceso de peso: percepciones y significados de personas adultas y profesionales de la salud, elaborado por los investigadores Franco González Mora y Laura Garré, junto a un equipo de investigaciones, fue realizado en 2025 y buscó analizar cómo se construyen los significados sobre el peso corporal, cómo se atribuyen responsabilidades y cómo esas representaciones inciden en las formas de atención y cuidado.
“El exceso de peso constituye un problema de salud pública en el que convergen la carga de enfermedades no transmisibles, la gestión sanitaria del riesgo y las formas sociales de interpretar y valorar el cuerpo”, señala el informe.
La investigación, realizada durante 2025, de índole cualitativo, buscó conocer cómo personas adultas y profesionales de la salud interpretan, explican y valoran el peso corporal. Para eso, el equipo realizó seis grupos de discusión con personas mayores de 18 años, organizados según género —mujeres y varones cisgénero— y tres niveles de educación formal: menos de nueve años, entre nueve y 12 años y 13 años o más. El reclutamiento no estableció cuotas ni tomó como criterio el peso corporal o la existencia de un diagnóstico de obesidad.
Además, se realizaron 13 entrevistas semiestructuradas en profundidad a profesionales vinculados al primer nivel de atención, cuyas perspectivas fueron analizadas distinguiendo entre profesionales médicos y no médicos.
- Leé más sobre esto: Uruguay presenta altos índices de sobrepeso en niños y adolescentes, según informe de Unicef
Más allá de la voluntad individual
La investigación parte de una tensión central: aunque existe un reconocimiento de que el exceso de peso tiene múltiples causas, las respuestas sanitarias pueden terminar concentrándose casi siempre en la conducta de cada persona.
En los grupos de discusión realizados con personas adultas, la alimentación y la actividad física aparecieron como elementos centrales para explicar las trayectorias de peso corporal. Pero esas prácticas fueron relacionadas también con “pautas aprendidas durante la crianza, acontecimientos biográficos, estados emocionales, restricciones de tiempo y condiciones materiales”.
De acuerdo con el estudio, las personas no solamente identifican decisiones cotidianas, sino que también reconstruyen las circunstancias que hacen que determinadas decisiones sean más fáciles o más difíciles de modificar.
Los profesionales entrevistados también reconocieron una trama multicausal. Sin embargo, el informe encontró una diferencia entre reconocer esas causas y considerarlas efectivamente al momento de intervenir.
“El reconocimiento de determinaciones sociales podía coexistir con una intervención centrada en informar y motivar, sin modificar en igual medida los condicionamientos de tipo estructural”, señala la investigación.
El estudio agrega que algunas condiciones que las personas incorporaban a sus explicaciones sobre sus conductas podían transformarse, desde el discurso profesional, en barreras cuya superación se esperaba de ellas.
La investigación aclara por qué usa el término “exceso de peso” para referirse al tema: “Nombrar y clasificar el cuerpo también forma parte del problema”.
Las categorías de sobrepeso y obesidad permiten construir indicadores, comparar grupos poblacionales y orientar decisiones clínicas; su circulación social las vincula, además, con ideales estéticos y juicios sobre el autocontrol. Las denominaciones cotidianas asociadas al peso corporal (“gordo/a”, “gordito/a”) pueden expresar afecto o agravio según el contexto en que se utilicen”.
Por estos motivos, el estudio adopta exceso de peso como término analítico y reserva sobrepeso y obesidad para las clasificaciones médico-sanitarias.
Cuando el peso se convierte en un juicio sobre la persona
Otro de los ejes analizados es el estigma asociado al cuerpo. El informe distingue entre explicar las causas o circunstancias vinculadas al peso y realizar una valoración moral de la persona.
“El pasaje a la imputación moral se produce cuando el cuerpo visible funciona como prueba anticipada de indisciplina, dejadez, descuido o falta de sinceridad”, sostiene.
En ese proceso, agrega el estudio, “la explicación de una práctica se convierte entonces en evaluación del carácter”.
Los grupos de discusión mostraron que las personas reconocen la legitimidad del conocimiento médico, pero cuestionan las situaciones en que la clasificación del peso se comunica como un veredicto, cuando el peso desplaza la indagación sobre otros síntomas o cuando se presume de antemano que la persona no cumplirá las indicaciones.
Para los investigadores, esto tiene consecuencias concretas en la atención: “El prejuicio corporal puede restar valor clínico al relato y empobrecer la información obtenida”.
El estudio no ubica las barreras exclusivamente en las personas. También identifica obstáculos vinculados con la organización y las condiciones materiales de los servicios.
Entre ellos, aparece la falta de equipamiento adecuado y de espacios físicos accesibles. El informe menciona específicamente “las camillas y sillas que no soportan determinados pesos y los espacios insuficientes para atender a personas de mayor tamaño corporal”.
Cuidarse requiere tiempo, dinero y organización
La investigación presta particular atención a las condiciones en que las personas intentan modificar sus hábitos, ya que cambiar la alimentación, por ejemplo, no implica solamente conocer qué alimentos son recomendables; también puede exigir modificar compras, tiempos de preparación, rutinas familiares y formas de sociabilidad.
“Cambiar prácticas implica revisar gratificaciones y renegociar compras, preparación de alimentos y gustos compartidos en el ámbito familiar”, señala el informe.
El género también aparece como una dimensión relevante. Entre las mujeres, el cuidado propio se relacionó con frecuencia con la responsabilidad de alimentar a otros integrantes del hogar. El estudio advierte que una nueva pauta alimentaria puede incluso aumentar el trabajo doméstico si las obligaciones continúan distribuidas de manera desigual.
Los investigadores también encontraron diferencias según el nivel educativo. En los grupos con mayor escolaridad aparecieron críticas a la publicidad, la moda y los ideales corporales. En los grupos de escolaridad media y baja tuvieron mayor peso los costos de la alimentación y la actividad física, el cansancio y la posibilidad concreta de cumplir con las recomendaciones.
Un insumo para futuras políticas
En diálogo con la diaria, González Mora, uno de los autores de la investigación y asesor del área estadística y epidemiología de la comisión, agregó que el objetivo del trabajo fue indagar en cómo se maneja en salud pública la atribución de la responsabilidad en las enfermedades no transmisibles, que “son la explicación de la morbimortalidad”, y qué implicancia tiene esto en la medida de que gran parte de las explicaciones a esto están centradas en las conductas individuales. En esto ha estado puesto el foco de la salud pública durante las últimas décadas.
Consideró que actualmente existe una batería de acciones para modificar esto de manera individual por lo que se evaluó en qué medida el exceso de peso corporal está enmarcado en un contexto económico y social, ya que “hay una sociedad que produce las condiciones para que se produzca obesidad, sedentarismo y consumo de alcohol”.
Se preguntó “en qué medida podemos hacer que el enfoque de la salud pública no esté centrado solo en los individuos”, también porque “es un enfoque que permea en otras situaciones en las que primero se piensa en las situaciones individuales, por ejemplo, en casos vinculados a la violencia”, ya que es una impronta de la salud pública y las sociedades occidentales modernas.
Agregó que las políticas públicas tienen el mismo enfoque individualista: hay una dimensión no explícita en la medicina sobre cómo la problematización de nuestros cuerpos está condicionada por la lectura que hace la medicina sobre estas cuestiones.
Por último, resaltó que la investigación es importante porque la comisión, integrada en su mayoría por médicos cardiólogos, generó el insumo para generar nuevas estrategias de prevención y promoción.
