La que confundió lo académico con lo político fue la administración pasada, llevando a que nuestra principal agencia de promoción científico-tecnológica quedara entrampada en la discusión geopolítica.
Frente a esta abrumadora mayoría de evidencia técnica y científica contraria al Proyecto Neptuno–Arazatí, sumada al profundo rechazo social, resulta incomprensible que aún se insista en defender su viabilidad.
A medida que la izquierda se corre hacia el centro político, sea por cálculos electorales, correlación de fuerzas o flojera ideológica, está permitiendo que la derecha pueda presentarse con posturas más extremas o agresivas.
En un país récord de suicidios, es probable que la mitad de la población no sepa abordar el cuidado de una persona que está sufriendo un ataque de pánico.
Los recursos que se destinan sin una planificación previa, como los que resultan de la judicialización de la medicina, son recursos que tienen un costo de oportunidad más alto.
La muerte nos pertenece a cada uno de nosotros si, llegado el momento, las condiciones que experimentamos y nuestra voluntad determinan que adoptemos ese camino. Lo que se pretende con esta norma es que el Estado reconozca esta realidad.
¿Seguiremos confiando en las inercias de un modelo productivo basado en ventajas comparativas tradicionales, o apostaremos por un cambio estructural que nos permita diversificar, sofisticar y hacer más resiliente nuestra economía?
Uruguay se consolida como parte del “G7” mundial de los países con estadísticas más alarmantes de autoeliminación de su población: séptima nación en la tabla a nivel mundial (la tasa uruguaya casi triplica al promedio global).
Como señalan algunos investigadores en didáctica de la historia, enseñar hoy implica dialogar con una cultura digital que no espera, que simplifica y que viraliza versiones del pasado.