Las ideas deben servirnos para navegar la realidad, no para definirnos. Cuando dejan de funcionar, si ya no sirven para describir la realidad, por ejemplo, deberíamos poder abandonarlas sin sentirnos traidores.
Tal vez el desafío contemporáneo no sea “comunicar mejor”, como repite la industria del bienestar emocional, sino aprender a tolerar que el otro tenga vida propia.
Sostener un feminismo anticapitalista y antirracista requiere mostrar qué significa eso en la vida. Frente a este mundo violento, el feminismo propone también otra forma de pensar el poder y poner en escena el cuidado como una forma de acción.
Los avances normativos y los cambios en el lenguaje público conviven con desigualdades de género persistentes en el acceso al tiempo, al ingreso, a la autonomía y al reconocimiento social.
Si las uruguayas, con una alta organización por su educación y su participación política, tenemos muchos debes que reclamar, no podemos olvidarnos de otras poblaciones de mujeres que hoy sufren las agresiones vandálicas en carne propia.
Situación de calle y seguridad pasaron a ser prioridades, situaciones de emergencia social, y no hay escapatoria. Y es a eso a lo que apuntó el presidente cuando habló de lo realizado y de las cosas que se pretende hacer.
Hoy tenemos en el gobierno una izquierda marcada por la ausencia de definiciones contundentes, lo que representa un retroceso en su capacidad histórica de transformar el Estado y construir un país más justo para los trabajadores.
¿La educación emocional resuelve la pobreza estructural? No. ¿Elimina la desigualdad social? Tampoco. ¿Sustituye políticas económicas o sociales? De ninguna manera. Pero sí transforma la vida dentro de la escuela. Y eso no es menor.