Quizás sea hora de integrar los viejos, pero aún sólidos cimientos de la matriz de bienestar social, donde el sistema educativo es una piedra angular clave, con las nuevas formas de la política social, su gerenciamiento y recursos.
Se requiere, entonces, un proyecto de izquierda que, sin caer en discursos demagógicos o anacronismos, sea capaz de proponer un nuevo horizonte de transformación.
Estados Unidos es socio y aliado de regímenes teocráticos violatorios sistemáticos de los derechos humanos y ha usado sus bases militares en ellos para perpetrar junto con Israel su agresión.
Las ideas deben servirnos para navegar la realidad, no para definirnos. Cuando dejan de funcionar, si ya no sirven para describir la realidad, por ejemplo, deberíamos poder abandonarlas sin sentirnos traidores.
Tal vez el desafío contemporáneo no sea “comunicar mejor”, como repite la industria del bienestar emocional, sino aprender a tolerar que el otro tenga vida propia.
Sostener un feminismo anticapitalista y antirracista requiere mostrar qué significa eso en la vida. Frente a este mundo violento, el feminismo propone también otra forma de pensar el poder y poner en escena el cuidado como una forma de acción.
Los avances normativos y los cambios en el lenguaje público conviven con desigualdades de género persistentes en el acceso al tiempo, al ingreso, a la autonomía y al reconocimiento social.
Si las uruguayas, con una alta organización por su educación y su participación política, tenemos muchos debes que reclamar, no podemos olvidarnos de otras poblaciones de mujeres que hoy sufren las agresiones vandálicas en carne propia.