Esa idea de “no hacer olas” es una estrategia que se ha extendido desde la campaña electoral hasta hoy: hay una permanente necesidad de evitar los intercambios (conflictos) político-ideológicos que son incómodos.
Ese daño sanitario tiene, además, un costo económico. Los sistemas de salud terminan tratando enfermedades asociadas a un modelo productivo que nunca contabiliza esos efectos en sus balances.
El proceso acusatorio tal como está configurado en Uruguay no representa una ruptura con la lógica inquisitiva, sino su desplazamiento institucional. Lo inquisitivo no fue abolido, sino realojado.
No hay proceso educativo sólido si el trabajo de enseñar empieza en condiciones frágiles. No hay continuidad pedagógica posible si el sistema llega tarde a resolver quién enseña, dónde enseña y en qué condiciones lo hará.
El desempeño de la oposición es un motivo de honda preocupación que deja esta interpelación. Se eligió ir por un camino inconducente para la búsqueda de acuerdos.
Por un lado, los ciudadanos que vindican su derecho a la vivienda, y por otro, los desarrolladores de los productos inmobiliarios, dedicados con ahínco y voracidad a explotar el espacio transable.
El Museo Nacional de Artes Visuales tuvo solo dos directoras mujeres en 111 años. De los 959 artistas que componen su acervo, 806 son hombres. Además, desde 1956, solo cuatro mujeres han representado a Uruguay en la Bienal de Venecia.
En síntesis, el endeudamiento mutual no ha crecido desde 2018 si lo analizamos con relación a las variables que explican el funcionamiento de las instituciones, tanto en sus activos como en sus ingresos.