La estancia María Dolores no es un elefante blanco, como lo etiquetaron desde la oposición, es una herramienta para el desarrollo rural, un acto de justicia social y una muestra de que es posible hacer política pensando en el largo plazo.
Las respuestas estatales se restringen a las medidas de contención y salvaguarda de las vidas (lo cual es esencial), sin generar, más allá de ensayos acotados, un proceso de reivindicación de la dignidad de los “sin hogar”.
Difícilmente pueda considerarse agresiva la política salarial propuesta por el Ejecutivo para los salarios más bajos. Los porcentajes propuestos también son modestos si se los compara con el crecimiento esperado de la actividad económica.
No se trata de renunciar al amor ni a la vida compartida. Se trata de desarmar esa idea rígida de convivencia como garantía de plenitud. Quizá necesitemos imaginarnos convivencias más habitables.
Usar todos los instrumentos para reducir al máximo la desigualdad no sólo es un mandato ético. Si aspiramos a que haya desarrollo humano sustentable hay también un mandato económico y social.
Llegó Trump y con él la incertidumbre: el liberal se tornó proteccionista, el republicano, intervencionista, y los demás líderes mundiales parecen perplejos.
El proyecto de ley de eutanasia constituye una forma de respeto a las diversas maneras de concebir el final de la propia vida, asegurando condiciones garantizadas médica y legalmente.
Legalizar la eutanasia activa, como se propone en Uruguay, puede parecer un gesto moderno, progresista, racional, pero también puede ser una respuesta fría a una experiencia humana profundamente vulnerable.