Cultura
El correo falla, los teléfonos escasean, los dictadores vigilan. Contra todo eso y más, el profesor uruguayo exiliado en Caracas trabaja en un proyecto ambiciosísimo: compilar una colección de 500 volúmenes que difunda analíticamente lo más significativo de la literatura y el pensamiento de América Latina. En Venezuela cuenta con el financiamiento del gobierno y con el recelo de los colegas. No importa: él teje redes afuera. Quiere cumplir con la demanda que lanzó José Martí en 1891: “Los pueblos que no se conocen han de darse prisa por conocerse”.