La sustentabilidad de los procesos o desarrollo sostenible, un concepto que fue puesto en debate en 2015 por expertos mundiales, se considera cada vez más en cada sector del mercado y en la estructura de todos los procesos interactivos de los países, sean económicos o sociales, individuales o conjuntos. Intervenir y afectar lo menos posible al medioambiente para preservar el planeta, generar la menor cantidad posible de residuos y utilizar la energía de forma consciente son algunas de las preocupaciones de cada modelo de trabajo, ya sea pequeño, mediano o grande, y el cooperativismo uruguayo no está ajeno a esta realidad.

En diálogo con la diaria, Gerardo Montes, coordinador ejecutivo del programa Sícoop, y Daniel Egger, coordinador general del proyecto “Movimiento cooperativo por Uruguay sostenible”, explicaron qué tan cercanas al enverdecimiento están las cooperativas uruguayas y cómo, desde diferentes acciones y proyectos, el concepto y el cambio de acción se están colando gradualmente, de acuerdo a la capacidad actual y a las posibilidades de cada cooperativa.

En principio, Montes repasó qué es Sícoop, “un sistema que deriva de los sistemas de cooperación que nuclea a las diferentes clases de cooperativas”. En la actualidad, tomando en cuenta todas las federaciones y cooperativas que integran Sícoop, son 38 las organizaciones “con un peso relevante”, que crece “cada vez más” ya que la herramienta interactiva se compone de diferentes módulos, cada uno de los cuales tiene como objetivo “acelerar el proceso de intercooperación” entre las diferentes clases cooperativas.

La participación económica “viene en aumento”. Todo lo relacionado a los módulos permitió que el flujo total de fondos entre préstamos, garantías y productos genere un crecimiento; además, “todas las cooperativas han logrado construir un fondo” que funciona en la órbita del Instituto Nacional del Cooperativismo (Inacoop), que, entre otras cosas, garantiza la confiabilidad de todos los créditos que se entregan.

Específicamente sobre economía verde, Montes comentó que la participación de Sícoop en el proyecto “Movimiento cooperativo por un Uruguay sostenible” es llevada adelante por varios organismos cooperativos del país, entre ellos, la Confederación Uruguaya de Entidades Cooperativas (Cudecoop), con el cofinanciamiento de la Unión Europea. “Además de que se desarrolle la sostenibilidad promoviendo los productos verdes”, se procura la mejora de gestión de las cooperativas de base “para que puedan generar un tratamiento más responsable”, por ejemplo, del uso de la energía y las políticas de reciclaje de residuos” y, por otro lado, “generar un espacio en las góndolas” para productos que sean desarrollados en clave de economía verde.

Sobre la situación actual de las cooperativas para poder integrarse a un cambio “más sustentable”, Montes sostuvo que dentro del movimiento cooperativo hay “mucha diversidad”. No es lo mismo una “cooperativa grande” que tal vez tiene herramientas que desarrolló para medir su sustentabilidad o su impacto en el medioambiente, que “cooperativas pequeñas” que tienen que cumplir con “requisitos básicos para sobrevivir” desde el punto de vista financiero y económico.

Por este motivo, “lo primero que hay que lograr” es que cada cooperativa, dentro de su sistema de gestión, pueda unificar la sostenibilidad como “un componente central del proceso de complejización de su sistema”. El segundo componente “a tener en cuenta” es la “complejización del enfoque”; de hecho, “no es algo que la cooperativa tiene que hacer sola”, ya que tiene el apoyo de las federaciones que han desarrollado líneas en conjunto, por ejemplo, con la Unión Europea. Esto quiere decir que el movimiento gremial y la política pública ya han identificado en esa línea dispositivos y mecanismos para la sostenibilidad.

Sícoop también está “atado” al proyecto a través del relevamiento de datos. Se busca tener información importante, por ejemplo, si la cooperativa tiene un plan de mejora de la eficiencia energética, si utiliza alguna fuente de energía renovable, tal vez conocer si solicitó una inspección de UTE para confirmar que la potencia que tiene contratada se ajusta a su consumo. Al momento, “hay una masa crítica” que se logró identificar y que va acompañada por la política pública en el ámbito del instituto nacional, cuenta con el rol de liderazgo de Cudecoop, y con el uso de Sícoop para establecer el punto de contacto de que la intercooperación “no está relacionada sólo a quién compra y a quién vende”, sino a generar un proceso de gestión que comience a medir el impacto de la economía verde.

Montes finalizó diciendo que poner la sustentabilidad entre los procesos cooperativos también es “complejizarlos” y democratizar la información y acción de las cooperativas a nivel nacional desde sus alcances.

Brindar herramientas

Sobre el proyecto Egger recordó que es una propuesta a tres años, ejecutada por Cudecoop y cinco de sus organismos socios, que busca brindar herramientas para “posicionar al cooperativismo en el desarrollo sostenible y a la vez comunicar y visibilizar lo que ya se hace” en las cooperativas.

El proyecto, que ya lleva un año y nueve meses de desarrollo, brinda asistencia técnica, capacitaciones, consultorías, y además busca articular las políticas necesarias para seguir contribuyendo a una “política pública de calidad”.

En cuanto al desarrollo sostenible y la economía verde, Egger dijo que “se está en una transición” en la que las empresas “ya van entrando en el tema”, pero en lo que aún hay “mucho para trabajar” y los puntos de partida “son muy variables”. Que las situaciones sean diferentes lleva a que las capacitaciones “intenten potenciar” sobre todo a las que están en cero, y a que las que tienen cierto recorrido puedan visibilizar lo que hacen y potenciar su comunicación cooperativa. “La variabilidad es un desafío para el proyecto, pero una riqueza para el cooperativismo”, valoró.

Detalló que las instancias técnicas del proyecto “detectan” la necesidad concreta de cada cooperativa y ayudar en la transformación de procesos, prácticas y productos. “La economía verde es un paraguas bastante amplio” que puede tener adjuntados diferentes temas, por ejemplo, gestión de residuos, eficiencia energética, economía circular, y distintas estrategias que pueden desarrollar las cooperativas para contribuir a que sus acciones tengan un impacto positivo no sólo en lo económico, sino también en lo social y en lo ambiental.

Sostuvo que la sustentabilidad es algo que el cooperativismo “tiene en la base de sus principios”, y en este sentido el objetivo es seguir apuntalando “el desarrollo y la gestión de las cooperativas” para que sigan sosteniéndose en la medida en que se desarrolla la gestión sostenible, por lo tanto, “hay que potenciar” el proceso. A su vez, en las capacitaciones “se consolidan” diferentes tipos, también según las necesidades que se alinean, por ejemplo, a la economía social.

Sobre los desafíos futuros dijo que “estar en transición” hacia la sustentabilidad hace que “haya distintos resultados” que persiguen las organizaciones cuando se van instalando sobre la base de las distintas exigencias para el modelo de gestión. Pero lo cierto es que “los fondos de la política pública van para quienes cumplen determinados requisitos”. A su vez, “el público empieza a consumir productos que cumplan determinados parámetros” y las grandes empresas compran a proveedores que sigan el desarrollo sostenible. Por lo tanto, hay un gran desafío para las cooperativas para “poder formar parte activa” mediante la implementación de “una estrategia clara” que les permita estar insertas desde “todos los puntos de vista”.

En conclusión, el desafío es seguir mejorando la comunicación porque “sabemos que la ciudadanía valora y entiende de todo lo bueno que se realiza”, pero en cuanto a lo ambiental “es un desafío grande” que el público entienda “que las cooperativas también apuestan a lo ambiental”, por lo tanto, el desafío es doble.