La marcha a caballo hacia la Patria Gaucha se realiza desde la primera edición de esta fiesta, en 1986. Juan Gastelú es una sociedad criolla cuya sede está ubicada en el interior profundo de Paysandú y es una de las más antiguas que participan en la fiesta desde sus inicios, con “cero falta”, según destacó el coorganizador de la marcha e integrante de la sociedad José María Albano, en diálogo con la diaria.

En Juan Gastelú se desarrollan actividades vinculadas a la tradición gaucha durante todo el año. Entre las más características se encuentran las fiestas de fin de primavera y de invierno, además del encuentro anual que organizan cada fin de año. En su presentación oficial para la edición de este año, esta finca del noreste sanducero detalla que realizan “criollas y yerras anuales, desfiles patrios a caballo en el interior y en Montevideo, celebraciones en Paysandú ciudad, festivales solidarios y culturales”, entre otras propuestas.

Con más de 200 personas anotadas para ir a caballo a esta 39ª edición de la Fiesta de la Patria Gaucha, más otra cantidad que acompaña en vehículos, “la convocatoria este año ha sido un éxito”, expresó Albano. Se suman jinetes de Lavalleja, Cerro Largo y Montevideo, y este año se agrega la particularidad de delegaciones provenientes de Paraguay, Brasil y Argentina, que concurren a conocer la celebración haciendo todo el trayecto en la marcha a caballo.

La actividad comienza en la sede de la sociedad criolla, fracción de campo de 11 hectáreas situada en el Corral de Paysandú, a 150 kilómetros de la capital departamental y a 70 kilómetros de Tacuarembó. El encuentro se hizo el 6 de marzo, y el recorrido comenzó al día siguiente, temprano, pasando por las antiguas estaciones de tren Queguay, Tambores, Valle Edén -donde se acampa durante una noche- y Santander, para finalizar el tercer día armando el fogón en el predio de la fiesta, donde se instalará el campamento hasta el cierre del evento.

Para muchas comunidades rurales, la Patria Gaucha constituye un espacio de pertenencia, transmisión generacional y encuentro colectivo que forma parte de su identidad más profunda.

Foto: Juan Martínez

Foto: Juan Martínez

Albano mencionó que una de las actividades emblemáticas es el concurso La Flor del Pago, en el que las sociedades criollas presentan a jóvenes candidatas que, a lo largo de distintas instancias, deben demostrar su conocimiento e idoneidad en relación con la cultura, las costumbres y los valores gauchos. Finalmente, el jurado elige por votación a quien resultará ganadora y asumirá el rol de embajadora de la festividad durante el año siguiente.

En cuanto a la participación de las mujeres en los fogones, las jineteadas y demás actividades, Albano sostuvo que “todo el tradicionalismo ha cambiado” y que, si bien aún no es paritaria, la presencia femenina ha crecido de forma notoria en los últimos años, al igual que la participación de generaciones más jóvenes.

En ese sentido, el historiador Álvaro de Giorgi, docente e investigador de la Universidad de la República y autor del libro El magma interior. Política, cultura y territorio en la Fiesta de la Patria Gaucha, señaló a la diaria que estos cambios dan cuenta de transformaciones culturales: mientras que en las primeras ediciones las jóvenes debían demostrar aptitudes más vinculadas a tareas domésticas, actualmente se incluyen actividades de campo tradicionalmente asociadas a la labor masculina. Según el antropólogo, se trata de una “apertura progresiva” a lo que antes era una impronta “marcadamente masculina”.

En esta edición, la postulante de la sociedad criolla Juan Gastelú lleva el nombre Guyunusa, al igual que la última mujer indígena charrúa, figura que será especialmente recordada por esta agrupación en el marco del Año Internacional de la Mujer Rural. De Giorgi señaló que este tipo de celebraciones históricamente han puesto el acento en la figura del gaucho, más que en una reivindicación explícita de la memoria charrúa, pero, no obstante, en los últimos años, se ha ido ampliando la reflexión sobre las raíces históricas de la identidad nacional.

La fiesta y el gaucho como construcción simbólica

La marcha a caballo hacia la fiesta no es solo un traslado para llegar hasta un lugar, sino que es una expresión de identidad. La figura del gaucho, eje simbólico del evento, es el resultado de un proceso histórico que se fue moldeando a lo largo del tiempo. “El centro de esta fiesta es el gaucho”, se expresa en la página oficial de la fiesta, donde se lo define como “el hombre esculpido por las largas jornadas de trabajo contra las inclemencias. El hombre que de cara al viento dominó a coraje, determinación y heroísmo, un entorno que le planteó -y plantea- fiera y terca oposición”.

Foto: Juan Martínez

Foto: Juan Martínez

El historiador Leonardo Borges, en diálogo con la diaria, señaló que la figura del gaucho ocupa un lugar relevante en la construcción del imaginario uruguayo y convoca a reflexionar sobre sus significados. La identidad nacional, explicó, es aquello que nos une y nos da sentido como nación, un conjunto de rasgos, costumbres e historias compartidas.

La Fiesta de la Patria Gaucha busca celebrar esa identidad y realzar la memoria del gaucho, y Borges destacó que todo encuentro que une a las comunidades tiene un aspecto valioso, pero invitó también a observar cómo se construyen esos símbolos, ya que los procesos de elaboración de la identidad nacional no son neutros y responden a contextos históricos e ideológicos.

La búsqueda de elementos con los que identificarse es una característica común a todos los pueblos. Esa necesidad de pertenencia, señaló el historiador, puede llevar a consolidar relatos colectivos que ordenan la memoria y dan sentido compartido, aunque también implican decisiones sobre qué aspectos del pasado se destacan y cuáles quedan en segundo plano. “El gaucho es quizá uno de los personajes más complejos de nuestra historiografía, amado y discutido”, indicó Borges, y señaló que esas tensiones entre la admiración y la animadversión hacia esta figura histórica han acompañado la historia nacional del último siglo. En ese marco, surge la pregunta acerca de qué figuras ingresan al relato identitario y cuáles permanecen menos visibles.

Guyunusa y el lugar de la historia indígena

María Micaela Guyunusa nació en lo que hoy es el departamento de Paysandú, el 28 de setiembre de 1806, y murió en Lyon, Francia, el 22 de julio de 1834. Ella y Laureano Tacuabé Martínez, Vaimaca Perú y Senaqué fueron llevados a París en 1833 para ser exhibidos y estudiados en un zoológico humano. Cuando partió a Francia, Guyunusa estaba embarazada de dos meses. El grupo es conocido como “los últimos charrúas” y hay una escultura con ese nombre en el Prado de Montevideo, obra de los escultores Edmundo Prati, Gervasio Furest y Enrique Lussich.

Guyunusa fue bautizada como María Micaela, este último un nombre preferido por las madres charrúas porque era el de la mártir peruana Micaela Bastidas Puyucahua, esposa y colaboradora de Tupac Amarú. Según cuentan algunos libros de historia, Guyunusa formó parte de los charrúas vinculados a la revolución artiguista y participó en el Éxodo del Pueblo Oriental.

Foto: Juan Martínez

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Consultado sobre el rol de la historia de la población charrúa en la narrativa nacional, Borges sostuvo que se trata de un tema complejo. Durante mucho tiempo predominó el silencio en torno a estos hechos y en años recientes han surgido nuevas miradas que buscan recuperar esa memoria, aunque a veces de manera simplificada. Consideró que aún queda camino por recorrer para profundizar en la historia que vivió la población nativa del territorio que luego fue Uruguay.

La historia de los cuatro charrúas llevados a Francia (Vaimaca Perú, Senaqué, Laureano Tacuabé y Micaela Guyunusa) es poco recordada en las aulas y en los discursos públicos. “La historia de un pueblo se basa en la memoria colectiva, pero también en los olvidos colectivos”, señaló Borges.