Mariana Ríos es gerenta del Área de Protección de la Biodiversidad y Uso Sostenible, que se encuentra dentro de la Dirección Nacional de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos del Ministerio de Ambiente. Ella es bióloga egresada de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República y cuenta con una maestría en Ciencias Ambientales. Ha centrado su labor en actividades vinculadas a la planificación de la conservación, el desarrollo de planes de manejo de áreas protegidas y el análisis espacial de información sobre biodiversidad. Además, perteneció a la ONG Karumbé y también fue directora técnica de la organización Vida Silvestre. Hace más de 12 años que trabaja en la cartera ambiental; antes ocupó el cargo de jefa del Departamento de Gestión Costera y Marina. En el último tiempo su carrera tuvo varios hitos. Van desde su participación en la expedición Uruguay Sub200 hasta la generación de propuestas de áreas marinas protegidas que han sido claves en el debate sobre la planificación del mar uruguayo.

A fines de marzo, Ríos y el investigador del Centro Universitario Regional del Este, Joaquín Aldabe, fueron en representación de Uruguay a la decimoquinta Conferencia de las Partes (COP) de la Convención sobre la Conservación de las Especies Migratorias de Animales Silvestres. Esta herramienta legal internacional, que nuestro país ratificó, tiene entre sus varios cometidos que los países aseguren la “protección inmediata” a las especies migratorias amenazadas, que son enumeradas en el llamado “Apéndice I”, y la “conclusión de acuerdos sobre la conservación, cuidado y aprovechamiento” de las especies enumeradas en el “Apéndice II”. En este contexto, la diaria consultó a la técnica del Ministerio de Ambiente sobre qué implicancias tiene para el país este nuevo encuentro internacional.

Uno de los datos difundidos en la COP es que el 49% de las especies migratorias está en declive y que el 24% está en peligro de extinción. En este marco, se incluyeron más de 40 especies –poblaciones de aves, animales terrestres, vida acuática– en los apéndices I y II. ¿Qué balance hacés sobre la instancia y cuáles son las especies vinculadas a nuestro país que fueron incluidas en estas categorías?

La crisis de la biodiversidad es por lo que estamos trabajando. Prácticas que han pasado y que están aún sucediendo hacen que la biodiversidad se vea afectada y en algunos casos amenazada, pero lo que estamos viendo es que también estamos mejorando. Por ejemplo, la tortuga verde mejoró su estatus de conservación. En la conferencia difundieron estos datos y se celebraron. Muchas especies, por esfuerzos compartidos, están saliendo de un estatus de conservación amenazado. Algunas están en declive y nos ponemos a trabajar. Otras están saliendo de los listados o apéndices, porque están mejorando su estatus de conservación.

Presentamos para los apéndices especies marinas como, por ejemplo, tiburones, petreles, que son aves marinas pelágicas. Además de los apéndices, es interesante destacar sobre esta convención lo que son las acciones concertadas o mecanismos de coordinación que establece para que los países se comprometan a coordinar acciones para mejorar el estatus de conservación de las especies. Uruguay, por ejemplo, es parte de un memorándum de entendimiento para la conservación de aves de pastizal. Nosotros nos comprometemos a trabajar para que las especies estén mejor y, además, nos comprometemos a trabajar en esas acciones concertadas.

En concreto, Uruguay presentó dos acciones concertadas junto con Argentina y Brasil para la protección del delfín franciscana y delfín lahille. ¿Qué implican las acciones concertadas?

El delfín lahille es la tonina que constantemente vemos en los videos en las redes sociales y que nos alegra las jornadas playeras [risas]. Las acciones concertadas son los países diciendo: vamos a trabajar coordinadamente en diferentes líneas y propuestas de trabajo que la propia resolución de la convención indica. Decimos: vamos a coordinar esfuerzos científicos, vamos a monitorear todos de la misma manera, porque muchas veces pasa que estamos aplicando técnicas de monitoreo diferentes. A su vez, podemos coordinar las medidas de mitigación de impactos. En el caso de la franciscana es conocido el impacto que tienen las redes de pesca. Podemos hacer medidas de mitigación a partir de aprendizajes. Como países nos comprometemos ante las Naciones Unidas a trabajar de forma conjunta en diferentes líneas y también a mejorar, por ejemplo, la normativa vinculada a la protección de especies. En este caso, ya están protegidas en nuestro país, pero quizás en otros países tienen que mejorar algunos aspectos.

¿Qué otro tipo de acciones se pueden implementar para conservar una especie que es migratoria?

Por ejemplo, a nivel de especies de aves migratorias terrestres nosotros estamos trabajando con aves de pastizal. A veces hay que encontrarlas, ver dónde están, cuántas están llegando. Hay que hacer monitoreos con una misma metodología en todos los países. En el memorándum de aves de pastizal estamos con Paraguay, Brasil, Bolivia, Argentina. Vamos a medir chorlitos, playeros. Vamos a contarlos de determinada manera y vamos a medir el hábitat. Los países se comprometen a identificar, a reportar esa información y compartirla con los demás. Queremos darles seguimiento a las especies, ver si hay más, si hay menos. De repente, un año llegaron menos a Uruguay, pero están en otro país porque hicieron una parada diferente.

Varias especies de tiburones, incluido el tiburón gatuzo que nada en nuestras aguas, se incluyeron en el Apéndice II. ¿Qué cambio implica para nuestro país y qué precauciones se pueden llegar a tener?

El gatuzo está clasificado en peligro de extinción. Es una especie de tiburón que se pesca y que hoy está permitida su pesca en Uruguay, con un montón de medidas de conservación y un montón de medidas para poder ir recuperando la población. En realidad, su estatus de conservación actual responde sobre todo a capturas pasadas y ahora lo que se está haciendo son capturas puntuales y de mucha más baja intensidad respecto de las que se hicieron décadas atrás. A nosotros lo que nos implica es que nos comprometemos con Brasil y Argentina, que somos el área de distribución de ese tiburón, a compartir toda la información para buenas evaluaciones de la población de esta especie, en terminar de entender sus rutas migratorias –si efectivamente está migrando, sabemos que se mueve entre las aguas argentinas y uruguayas, no tenemos tanta claridad en las aguas brasileñas–. Nos comprometemos a trabajar para entender mejor esta especie y establecer medidas adicionales a las que ya existen para su conservación, en caso de que sean necesarias. Tenemos que analizarlas en un contexto más internacional, con los países de la región. Con Argentina ya lo hacemos porque tenemos la zona común de pesca y evaluamos muchas especies todo el tiempo, pero con Brasil no. Esto hace que podamos trabajar con una mirada más regional.

¿Es difícil la convivencia de este tipo de movimientos internacionales que buscan promover la conservación de las especies con las presiones de actividades extractivas que muchas veces se dan sobre los ecosistemas como, por ejemplo, los ecosistemas marinos?

La tendencia es a incorporar estas dimensiones a los sectores productivos. Es la tendencia que está sucediendo en la Convención de Diversidad Biológica, en la Convención de Conservación de Especies. Es cómo nos hacemos más aliados e incorporamos las dimensiones, las necesidades y los requerimientos de la biodiversidad desde la gesta de los proyectos productivos o en las medidas de mitigación. Antes era más difícil. Décadas atrás ni siquiera estábamos hablando de mamíferos marinos o aves terrestres. Ahora es algo muy evidente, se ha trabajado y se ha vuelto mucho más pragmático incorporar la biodiversidad en sectores productivos. De hecho, la propia Convención de Especies Migratorias tiene ámbitos de trabajo, por ejemplo, para energías renovables. Es una transición energética que está pasando a nivel global y es muy interesante, pero, por ejemplo, los molinos de viento tienen mucha interacción con aves. Eso es reconocido, lo estamos trabajando desde hace muchas décadas en todos los organismos. No podemos tener una transición energética si tiene impacto sobre la biodiversidad de una manera significativa. En la conferencia se trabaja en resoluciones vinculadas a cómo los sectores productivos incorporan la biodiversidad en sus desarrollos, cómo se repiensan, cómo se modifican, se invierte dinero en poner a disposición guías, trabajos, encuentros, reuniones con sectores productivos para incorporar estas dimensiones. La convivencia, justamente, se está transitando y hay que estar por dentro, trabajar con ellos. Hubo muchos eventos paralelos durante la conferencia que versaron de eso, de cómo trabajar e incorporar las especies migratorias en los sectores productivos, cómo disminuir los impactos.

Uno de estos eventos paralelos fue organizado por el Ministerio de Ambiente y se llamó “Conservación de aves migratorias y de pastizales en el sur de América del Sur”. Comentaste un poco del memorándum de entendimiento que tiene Uruguay con Argentina, Brasil, Bolivia y Paraguay sobre la temática.

Sí, fue parte de una actividad para posicionar el memorándum de entendimiento. Uruguay es el país coordinador desde hace un año y queríamos aprovechar la conferencia para poner en valor todas las acciones que se están tomando desde los diferentes países. Queríamos tomarlo como un espacio de trabajo para hablar sobre qué acciones tomar en el corto plazo. Hicimos algunos acuerdos: cada país se comprometió a reportarle a Uruguay determinada información sobre lo que está trabajando con especies y los hábitats que las alojan. Quedamos en generar un encuentro en el corto plazo para poder trabajar esto. Además, esto se enmarca en el Año Internacional de los Pastizales y los Pastores [declarado por las Naciones Unidas]. Uruguay es coordinador, junto con Mongolia.

¿El pastizal debería estar más representado en el Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP)?

Los diferentes tipos de pastizales que hay en el país tienen una muestra representativa en el SNAP, depende de cómo se lo mire. Entiendo que desde una mirada de representación del pastizal y cuánto hay dentro de áreas protegidas… Eso es una medida difícil porque el sistema [Nacional de Áreas Protegidas] representa el 1% [del territorio nacional]. Pero consideramos desde la Dirección Nacional de Biodiversidad que hemos ido logrando representar los diferentes tipos de pastizales que tenemos en el país. Eso es algo muy importante porque es una representación de especies, una representación de ecosistema y también una representación genética, de conservar ese acervo genético que tenemos también en los pastizales.

¿Sobre las áreas marinas protegidas ha habido alguna novedad?

Estamos trabajando.