Desde hace algunos días estoy en funciones como defensora de lectores de la diaria, y me alegra decir que ya he recibido varios mensajes. Algunos simplemente me dan la bienvenida; otros, además del saludo, incluyen algún comentario específico, alguna queja, el pedido de una explicación sobre tal o cual asunto. Procuraré responder a todos una vez que haya conversado con los responsables, pero adelanto desde ya que en una publicación como la diaria hay un rango de posibilidades enunciativas que va desde la nota informativa hasta la columna de opinión -pasando por ese espacio de límites difusos constituido por las notas de crítica o comentario-, y que habrá que encontrar para cada una el tratamiento adecuado. Es una tarea en la que tanto los redactores y editores como los propios lectores deberán ayudarme.

Un defensor de lectores, según la descripción más corriente de ese cargo, como la que aparece en Wikipedia, “se encarga de atender las quejas y sugerencias del público y ayuda a que en la elaboración de los textos periodísticos se observen las normas profesionales y éticas del medio”. Dicho así, me suena un tanto burocrático. Da la impresión de que se trata de alguien que responde rutinariamente y de acuerdo con un protocolo preestablecido a las cartas que llegan al buzón de quejas. De una figura que responde a un modelo de excelencia empresarial o de transparencia administrativa, pero parece insuficiente para lo que yo querría que hiciéramos en la diaria.

Para mí, la defensoría de lectores debería ser el ámbito en el que se potencie y se desarrolle la comunicación, incorporando, claro, las inquietudes de los lectores a la tarea de los periodistas, pero manteniendo a los primeros al tanto de las posibilidades reales que los segundos tienen de hacer esto o aquello. ¿Puede la diaria mandar a un reportero a Siria? Si no puede, ¿a partir de qué fuentes elabora la información? ¿Cómo se eligen las fuentes? ¿Cuánto cuesta, en tiempo y en dinero, corroborar que la información de una agencia, por ejemplo, es correcta? ¿Se corrobora o se da por buena con una simple mención del origen?

Mi idea respecto de este espacio no es simplemente tramitar la inconformidad de los lectores -aunque ésa sea la columna vertebral del asunto- sino contribuir a formar un tipo de lector más exigente, pero también más al tanto, más consciente de las posibilidades y de las carencias que tiene una publicación diaria con las características de ésta. Un lector que sea capaz de sugerir alternativas y de imaginar nuevos mecanismos, además de pedir soluciones.

Las cartas que recibí en estos pocos días apuntan a distintos problemas -el tratamiento dado a una información política, la redacción y el enfoque de una crítica de cine, la escasa respuesta de los cronistas a los mensajes que se les envían directamente a sus casillas, etcétera. En todas, sin embargo, se nota la confianza de los lectores en la diaria y la genuina preocupación por hacer mejor un medio al que, de algún modo, sienten como propio. Ocurre que la diaria no es un diario como los demás: es una publicación con suscriptores. Es, por lo tanto, leída por personas que confían en el proyecto y están dispuestas a financiarlo, y que se sienten parte del resultado. El crecimiento del número de suscriptores a lo largo de todos estos años indica que los lectores no han sido decepcionados. Pero las cartas a la defensoría también muestran que hay cosas para conversar, y que los lectores no aceptan pasivamente lo que reciben.

Desde este domingo, además de la dirección de correo electrónico defensor@ladiaria.com.uy está habilitada una casilla de correo de voz en la que también pueden dejarme sus mensajes. Para hacerlo tienen que llamar al 2575 0052. Me comprometo a responder lo más rápidamente posible, aunque es probable que surjan cuestiones que demanden cierto tiempo para resolverse adecuadamente. Sería bueno que quienes quieran hacerlo me escriban o me llamen para decirme qué les gusta de la diaria y, sobre todo, qué no les gusta. Qué creen que debería cambiar, e incluso cómo creen que debería impulsarse el cambio.

El éxito de un ámbito como la defensoría sólo puede apoyarse en la vocación participativa de los lectores y en la buena voluntad de periodistas y editores, que en todo momento deberán tener presente que no están siendo sometidos a un tribunal ético ni profesional, sino que comparecen ante las personas que confían en ellos tanto como para ser suscriptores.

La tarea que me espera como defensora es únicamente la de articular esos dos polos para que el resultado sea el mejor para todos. Cuento con ustedes.