Jorge Giordano se desesperaba. No era para menos. Faltaban pocos minutos para el final y su equipo ganaba, pero la estaba pasando realmente mal. Una inmensidad de chances malogradas lo hacían llegar a los instantes decisivos del partido con los nervios a flor de piel. Parecía que otra vez los tres puntos iban a ser esquivos para el bohemio, pero la firmeza defensiva pudo más y el triunfo quedó en el Parque Alfredo Víctor Viera. Fue tan justo como sufrido el triunfo de Wanderers sobre Liverpool.

El primer tiempo bohemio fue perfecto. La clave estuvo en la presencia de Ignacio González. El volante desplegó toda su elegancia futbolística y, con dos bochas precisas, marcó la diferencia. En una maniobra en la que mostró toda su clase, Nacho se sacó de encima a dos rivales y, cuando parecía que perdía el balón, metió el pase justo para Rodrigo Pastorini. El delantero de Florida definió rápido con un zurdazo y puso a los locales en ventaja. Todo iba bien. El 4-3-1-2 planteado por Giordano funcionaba con absoluta eficacia. Toques en corto, triangulaciones y habilitaciones por afuera para aprovechar en velocidad. En otra de esas, esta vez por la izquierda, el 10 bohemio se mandó y tiró un divino centro al área chica. Cuando la guinda bajó, la encontró Emiliano Díaz y la mandó guardar. Los dos goles de ventaja reflejaban perfectamente lo que se estaba viendo en la cancha, donde Wanderers era netamente superior a un Liverpool desorientado y molesto.

Para los de Belvedere fue duro ese primer tiempo. Rosario Martínez fue expulsado por protestar, y el orden táctico del equipo se perdió. Un sistema espejo, también con un 4-3-1 2, tenía grandes dificultades en las transiciones de defensa-ataque, lo que lo volvía poco efectivo. La defensa negriazul no estuvo firme, y el equipo lo sintió.

La otra cara

Jhonatan Candia fue la apuesta de Liverpool para el complemento. El delantero sustituyó a Cristian Muga y se paró de mediapunta, aunque con la intención de bajar a buscar el balón. La clave en el equipo negriazul era encontrar un gol rápido que permitiera al equipo ganar terreno en el juego para poder arrimarse. Y lo encontró. Con Wanderers volcado al ataque, Liverpool aprovechó una jugada de contragolpe rapidísima, que tuvo a Nicolás Royón definiendo por arriba del golero. El gol le cayó espectacular a Liverpool y al partido.

Con mucho por jugarse, Wanderers se paró de contragolpe, aunque con un buen juego que le permitió tener chances de gol que podían ser determinantes. Casi siempre definió mal el equipo de Jorge Giordano, y eso les brindó algunas posibilidades a los visitantes.

El ingreso de Ángel Luna y de Clever Quintana en los de la Cuchilla verticalizó el juego en el campo, lo que permitió que las chances aparecieran. Un disparo del Colo Juan Ignacio Ramírez, sin marca en el área, dio en el palo. Con vocación de ataque, Liverpool dejó enormes espacios en el fondo que Wanderers no aprovechó, y por eso sufrió hasta el final. El triunfo fue justo, aunque los bohemios pecaron de ineficientes en ataque, algo que casi pagan caro.