João Goulart Filho (PPL)

La mayoría de los nombres novedosos en estas elecciones representan a la derecha, pero ese no es el caso de João Goulart Filho. El hijo de João Goulart, el presidente derrocado por el golpe de Estado de 1964, es el único de los candidatos que tiene entre sus principales propuestas una reforma agraria –tal como la que impulsaba su padre–, para la cual crearía un ministerio específico. Cofundador del Partido Democrático Laborista (PDL), al que pertenecieron Leonel Brizola y Dilma Rousseff, también se opone a la privatización de las empresas estatales y a la reforma del sistema de previsión social. En cambio, respalda los programas sociales que están en marcha en Brasil y propone que la inversión pública adopte un papel central en la economía del país. Goulart es candidato por el Partido Patria Libre, fundado en 2009 a instancias de un sector del PDL y de varias agrupaciones que están a la izquierda del Partido de los Trabajadores.

José Maria Eymael (PSDC)

La Democracia Cristiana presentó como su candidato a José Maria Eymael, que participó en todas las elecciones presidenciales desde 1998, con excepción de la de 2002. Su compañero de fórmula es Helvio Costa, un pastor de la iglesia evangélica Asambleas de Dios. La fórmula propone, entre otras cosas, la creación de un Ministerio de la Familia y la inclusión de Educación moral y cívica como materia obligatoria en la formación de niños y adolescentes.

Cabo Daciolo (Patriota)

Evangélico y ex bombero militar, Cabo Daciolo fue el candidato más buscado en Google después de que se confirmara su nombre entre quienes compiten por la presidencia, probablemente por sus declaraciones explosivas vinculadas al nacionalismo, Dios y la “lucha contra el comunismo”.

Benevenuto Daciolo Fonseca dos Santos –ese es su verdadero nombre– se hizo conocido al participar en una huelga de bomberos militares en 2011 y llegó a la Cámara de Diputados en 2014, electo por el Partido Socialismo y Libertad, que no tardó en desafiliarlo cuando propuso modificar la Constitución para sustituir la palabra “pueblo” por “Dios” en la frase “todo el poder emana del pueblo”. Pasó por varios partidos hasta que se integró a uno evangélico que, después de varios cambios de nombre, ahora se llama Patriota. Vinculado a las Asambleas de Dios, Patriota participó en las elecciones pasadas en la coalición liderada por el Partido de la Social Democracia Brasileña, cuyo candidato fue Aécio Neves, y en estas, evaluó la posibilidad de respaldar a Jair Bolsonaro antes de designar como candidato a Cabo Daciolo.

Vera Lúcia (PSTU)

En las elecciones de 2014 había tres candidatas y en estas habrá sólo dos. Una de ellas es Vera Lúcia, del Partido Socialista de los Trabajadores Unificado (PSTU). Socióloga, ex obrera en una fábrica de calzados y activista sindical, la dirigente defiende la estatización de la educación primaria, secundaria y terciaria con el objetivo de que sean realmente universales.

Lúcia integró el Partido de los Trabajadores hasta 1993. Su actual organización política, el PSTU, defiende que los trabajadores tomen el poder a través de una revolución y reclama el fin del capitalismo.

Guilherme Boulos (PSOL)

Líder del Movimiento de los Trabajadores Sin Techo y referente de organizaciones sociales que se movilizaron contra el impeachment a Dilma Rousseff y el arresto del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, Guilherme Boulos entró durante esta campaña a la política partidaria, de la que nunca había estado del todo alejado, sumándose al Partido Socialismo y Libertad (PSOL). Su compañera de fórmula es la activista indígena Sônia Guajajara, también integrante del PSOL.

Además de una reconocida trayectoria de militancia social, Boulos es licenciado en Filosofía, tiene una maestría en Psiquiatría y es profesor y escritor.

Álvaro Dias (Podemos)

Podemos es uno de los partidos más nuevos de estas elecciones. Fue fundado en febrero a partir de una reformulación del Partido Laborista Nacional (PLN), con la consigna de “defender las causas de la población” y mantenerse alejado de los políticos acusados de corrupción. En sus filas cuenta con dos senadores y 14 diputados, entre ellos el ex futbolista Romário, que antes pasó por el Partido Socialista Brasileño.

La presidenta del nuevo partido, Renata Abreu –de larga trayectoria al frente del PLN–, dice que la formación prefiere no encasillarse en una ideología y que su objetivo es que “la sociedad vuelva a ser escuchada” y demostrar que “las cosas se pueden hacer de otra manera”.

Su candidato, el senador Álvaro Dias, tiene propuestas bastante diversas: a la vez que rechaza la privatización de empresas clave –como Petrobras o el Banco de Brasil– y propone la continuidad del programa social Bolsa Familia, defiende el porte de armas y la “flexibilización” de las leyes laborales. Aunque está muy lejos de ganar las elecciones, ya sabe quién sería su ministro de Justicia si llegara a la presidencia: el juez del caso Lava Jato, Sérgio Moro.

João Amoêdo (Novo)

En un momento de multiplicación de partidos en Brasil, no podía faltar el que se denominara a sí mismo Nuevo, que tendrá en estas elecciones su debut en las urnas. João Amoêdo, uno de sus fundadores, es el más rico de los candidatos de esta campaña. Ultraliberal en lo económico, Amoêdo es promotor de la privatización de todas las empresas públicas. El dirigente fue vicepresidente de Unibanco e integrante del consejo de administración del banco Itaú.

Al igual que Dias y Cabo Daciolo, Amoêdo se presenta como un candidato externo al sistema político tradicional, y asegura: “Entendí que el sistema no está hecho para facilitar la vida del brasileño, entonces la misión es cambiarlo”.

El Partido Nuevo ha logrado captar en los últimos meses a algunos dirigentes de los sectores más liberales del PSDB, críticos con su organización política por las investigaciones de corrupción que enfrentan sus dirigentes.

Henrique Meirelles (MDB)

El Movimiento Democrático Brasileño (MDB), del presidente Michel Temer, tendrá un candidato presidencial propio por primera vez desde las elecciones de 1994, pese a que este es uno de sus momentos de menor popularidad debido al escaso apoyo al actual gobierno.

Temer manejó la posibilidad de presentarse a la reelección, pero finalmente la descartó. Fue elegido entonces como candidato el ex ministro de Hacienda Henrique Meirelles, que no logra crecer en las encuestas pese a la campaña que ha lanzado el MDB y que está pagando de su propio bolsillo. Pero tiene a favor de su candidatura que es una figura respetada en el ámbito financiero brasileño, después de haber ocupado cargos en el sector privado y en el público.

Marina Silva (Rede)

La ex ministra de Medio Ambiente de Lula compite por el partido Rede Sustentabilidade en las que serán sus terceras elecciones presidenciales. Pese a que forma parte del establishment político desde hace más de 15 años, Silva todavía se presenta como una figura ajena a ese ámbito, probablemente porque desde que abandonó el gabinete de Lula en 2010 no ha vuelto a ocupar cargos públicos. Esto le ha permitido mantenerse en un discreto silencio ante temas espinosos durante los últimos años, incluso cuando fue acusado de corrupción Aécio Neves, a quien apoyó en la segunda vuelta electoral de 2014.

Esta dirigente, de confesión evangélica, siempre fue adversa a los temas más polémicos: en 2010 propuso un referéndum sobre la legalización de la marihuana y en esta campaña, cuando se le insistió en que definiera qué política impulsaría respecto del aborto, dijo que convocaría a una consulta popular.

A diferencia de lo que fue su primera campaña, Silva ya no hace tanto hincapié en las cuestiones ecológicas que la hicieron conocida, sino que ahora plantea su posición liberal en materia económica y su postura evangélica respecto de temas sociales.

Geraldo Alckmin (PSDB)

Desde las elecciones de 2014 el Partido de la Social Democracia Brasileña mantiene tensiones internas. Al principio, porque los dos grandes sectores del partido estaban divididos en su apoyo a Aécio Neves o a Geraldo Alckmin como candidatos, una situación que se despejó cuando Neves fue vinculado con un caso de corrupción, se le suspendió temporalmente su mandato de senador y su carrera presidencial quedó por el camino. Entonces su problema central fue si debía mantener o no el respaldo al gobierno de Michel Temer. Cuando optó por retirarlo, se asumió que era Alckmin el que estaba ganando en la interna, algo que se confirmó poco después, cuando fue designado como candidato. Alckmin, con una extensa trayectoria política que comenzó en 1994, representa a uno de los sectores más liberales del PSDB. Promete mantener y profundizar una serie de medidas económicas impulsadas por el gobierno de Temer y promover la privatización de las empresas estatales “con criterio”.

Desgastado, fraccionado y “quemado” por haber acompañado al gobierno de Temer, el PSDB no logra que su candidato crezca en las encuestas.

Fernando Haddad (PT)

Sin buscarlo, Fernando Haddad se convirtió en el heredero de Lula, que se vio impedido de postularse y lo avaló como candidato del Partido de los Trabajadores (PT). Durante los gobiernos de Lula y de Dilma Rousseff, Haddad fue ministro de Educación. Después, fue electo alcalde de la ciudad de San Pablo.

Con 55 años, el dirigente tiene la tarea de liderar rumbo a las elecciones al partido que tiene, por sí solo, sin alianzas, la mayor intención de voto de Brasil (casi 20%). Los últimos sondeos muestran que este abogado, con una maestría en Economía y un doctorado en Filosofía, ha crecido en las encuestas, pero persiste la duda de si logrará suficiente apoyo como para pasar a la segunda vuelta.

Ciro Gomes (PDT)

Los hermanos Ciro y Cid Gomes ya son una dupla conocida en la política brasileña, aunque todavía no todos los votantes los conozcan. Ambos dirigen el Partido Democrático Laborista (PDT), el partido que dice defender los principios de Goulart, aunque en los últimos años ha perdido lugar en la arena política. Socialdemócrata y habitual aliado del Partido de los Trabajadores, el PDT cuenta con 20 diputados y tres senadores.

Su candidato presidencial, Ciro Gomes, es el que tiene la mayor intención de voto entre los nombres asociados con la izquierda brasileña desde la salida de Lula de la contienda. Sin embargo, entre sus propuestas figuran un “saneamiento de las cuentas del gobierno” mediante la reforma del sistema de previsión social, la reducción del gasto público y varias modificaciones tributarias para luego impulsar “la reindustrialización de Brasil”.

Jair Bolsonaro (PSL)

El diputado Jair Bolsonaro es el candidato que tiene más posibilidades de ganar la primera vuelta de las elecciones brasileñas –que probablemente se definan en una segunda votación–, con un respaldo superior al 20%. Autor de declaraciones que han sido consideradas xenófobas, homófobas, racistas y promotoras de violencia, el todavía diputado fue apuñalado el jueves 6 durante un acto político, y se recupera en un hospital. Durante su ausencia, dos de sus hijos, que también se dedican a la política, con ideas muy similares a las suyas, serán los encargados de continuar con su campaña.

Pese a la popularidad de algunas de sus posturas, como la defensa de la dictadura y de los torturadores, su respaldo a la liberación de la tenencia de armas y su rechazo constante a la izquierda, en particular al Partido de los Trabajadores, Bolsonaro enfrentó dificultades para encontrar partidos con los que aliarse. Estaba afiliado al Partido Social Cristiano, pero este le cerró la puerta a su candidatura. Después de coquetear con varias formaciones, entre ellas Patriota –que llegó a cambiar su nombre a pedido suyo–, terminó en el Partido Social Liberal.

El capitán retirado tiene como compañero de fórmula a otro militar, también retirado: el general Hamilton Mourão.