Hace tres años, en noviembre de 2015, un incidente en la industria minera causó una catástrofe ambiental que fue considerada la mayor en la historia de Brasil. La ruptura de una represa de la firma Samarco generó un vertido de lodo con residuos tóxicos que mató a 19 personas, sepultó un pueblo –Bento Rodrigues, del distrito de Mariana– y dejó a 250.000 personas sin agua potable al contaminar el río Doce.

Aquella experiencia no evitó que el viernes volviera a ocurrir algo parecido en el mismo estado, Minas Gerais. Otra represa de la minera Vale, una de las dueñas de Samarco, se rompió ese día y el vertido dejó esta vez 58 muertos y 305 desaparecidos en la ciudad de Brumadinho, según los últimos números oficiales. Hasta ayer eran 192 las personas que habían sido rescatadas de la zona inundada de lodo.

“Esperábamos que Vale hubiera aprendido la lección con lo que ocurrió en Mariana”, lamentó el alcalde de Brumadinho, Avimar de Melo, y agregó: “Esto acabó con nuestra ciudad”. Varios dirigentes políticos lamentaron lo mismo.

“No aprendimos nada de la tragedia de Mariana. Samarco, de la que Vale era parte, no fue castigada y las víctimas del mayor crimen socioambiental del país continúan abandonadas”, dijo el diputado del Partido Socialismo y Libertad, Marcelo Freixo. A su vez, el coordinador del Movimiento de los Trabajadores sin Techo y ex candidato a la presidencia Guilherme Boulos afirmó en Twitter: “La minería predatoria ya había producido el crimen de Mariana. Ahora, en Brumadinho”. Y calificó de una “hipocresía atroz” que la empresa Vale manifestara que “lamenta el incidente”. Agregó: “Hace tiempo que los riesgos de las represas se denuncian, hubo 19 muertos en Mariana y no se hizo nada. ¡Criminales!”.

Área afectada por el lodo, luego del derrumbe de una represa, cerca de la ciudad de Brumadinho en el estado de Minas Gerais, Brasil.
Área afectada por el lodo, luego del derrumbe de una represa, cerca de la ciudad de Brumadinho en el estado de Minas Gerais, Brasil.

También la presidenta del Partido de los Trabajadores, Gleisi Hoffmann, dijo que esta fue “una tragedia evitable”. Afirmó que “tarde o temprano la privatización cobra su precio a la población”, en referencia a Vale, que fue privatizada en 1997, y opinó que ahora “las cosas sólo van a empeorar con las elecciones que [el presidente Jair] Bolsonaro está haciendo con las empresas estatales y el medioambiente”.

Por su parte, Bolsonaro sobrevoló el sábado en helicóptero la zona del desastre, anunció la creación de un gabinete de crisis y dijo que su gobierno hará “todo lo que esté a su alcance” para “pedir justicia” y “prevenir nuevas tragedias”. Sin embargo, su vicepresidente, el general Hamilton Mourão, dijo al diario O Globo ese día: “No se puede cargar esta cuenta a nuestro gobierno, porque asumimos hace 30 días”. Mourão destacó además que “Vale es una empresa privada”.

Ayer fueron evacuados los habitantes de cuatro zonas cercanas al vertido, en el área metropolitana de Belo Horizonte, y se suspendió la búsqueda de desaparecidos por unas horas porque había riesgo de que se rompiera de manera inminente otra represa del mismo complejo minero. Finalmente, las autoridades evaluaron que el riesgo no era tan alto y las tareas se retomaron. Según informó Agência Brasil, en los últimos tres años el organismo a cargo de fiscalizar las represas, la Agencia Nacional de Aguas, constató que de las 104 que revisó 54 tienen problemas de infraestructura.