Según la última encuesta de Grupo Radar, el Partido Independiente (PI) tiene una intención de voto de 1,1%, muy lejos del 12% que marca Cabildo Abierto (CA). El candidato presidencial del PI, Pablo Mieres, a principios del mes pasado invitó a debatir al presidenciable de CA, Guido Manini Ríos, pero el ex comandante en jefe del Ejército declinó el reto. En conversación con la diaria, Mieres dijo que Manini Ríos rehúye el debate y a la Justicia.

A principios de octubre, el economista del PI Álvaro Forteza dijo que ningún partido puede asegurar que no va a aumentar los impuestos. ¿Eso está en el programa del partido?

Esa es una respuesta técnica. Nosotros no proponemos aumentar impuestos. El aparato productivo y los hogares están en un nivel límite de presión tributaria, por lo tanto, no planteamos el aumento de impuestos. Lo que Álvaro dijo es una afirmación que puede hacer cualquier economista; es un instrumento que nadie puede decir que mañana no se va a usar, pero nosotros hoy no lo tenemos en agenda.

En todos los actos del Partido Nacional (PN), el candidato Luis Lacalle Pou levanta los programas de los partidos de oposición y dice que tienen puntos en común. ¿Está de acuerdo con eso?

Hay puntos en común; de cuántos se trata es un tema que tenemos que evaluar. Es verdad que los partidos tradicionales han ido corriendo sus posiciones programáticas hacia el centro, probablemente con el afán de competir con el Frente Amplio [FA], por eso mismo ha surgido un partido de derecha que es CA. Históricamente nunca hubo un partido de derecha, lo que había eran fracciones de derecha en los partidos tradicionales. Ahora ocurre esto porque hay un movimiento programático del PN y del Partido Colorado [PC], que se aproximan a posiciones que nosotros históricamente hemos tenido.

¿A qué punto específico se refiere?

En el tema educativo, para nosotros una base sustancial es Eduy21, y lo han dicho también los blancos y los colorados. También coincidimos en la necesidad de reducir el gasto. En materia de seguridad, y a esta altura hasta Daniel Martínez lo dice, fue un gran error del FA desmantelar las comisarías con esa idea de que el PADO [Programa de Alta Dedicación Operativa] ataca y después se retira.

¿Entonces también tienen coincidencias con el FA?

Ciertamente. Lo que pasa es que es difícil creerles, porque el FA hizo lo contrario, y cuando Martínez anuncia que el ministro del Interior, en caso de ganar, va a ser alguien del equipo [Eduardo] Bonomi, uno piensa que eso es garantizar el continuismo, porque [Gustavo] Leal es director hoy del Ministerio del Interior [MI], por lo tanto, de alguna forma, es alguien involucrado en una política que fracasó. En materia de educación no veo en el FA una idea de que Eduy21 sea la base de un cambio; al contrario, he visto cada vez más críticas de parte de dirigentes, y eso que participaron especialistas del FA, del PN, del PC y del PI. Sin embargo, no se vincula con eso, lo que me da la idea de que no piensa en una transformación educativa y cree que lo que está ocurriendo está bien. Ni hablar de lo que nos separa en la posición sobre Venezuela. Uruguay en estos dos meses ha tomado decisiones en materia internacional que afectan nuestra imagen, y quedamos vinculados no sólo a esta dictadura oprobiosa, corrupta y sangrienta, sino, además, en conjunto con otros regímenes, como el de Corea del Norte y el de Nicaragua. Estos dos últimos meses de gestión me sorprendieron y llegamos a un punto de distancia enorme.

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Integrantes de la Articulación Nacional No a la Reforma aseguraron a la diaria que no hay ninguna propuesta en seguridad innovadora en los partidos.

Creo que la nuestra lo es. Hace muchos años que decimos que hay que volver a la comisaría de barrio. Hay que liberar policías que están dedicados a custodiar víctimas de violencia doméstica y sustituirlos por tobilleras electrónicas. Hay que incorporar unos 1.000 policías más a la plantilla; los barrios tienen que tener presencia policial fuerte, no a la antigua, un comisario con un equipo bien armado. Nadie es ingenuo: hoy la delincuencia tiene otro cariz, pero hay que estar en el barrio, que es donde están los reducidores, las bocas de pasta base, donde se produce el delito y se generan las bandas. Hay que descentralizar la Guardia Republicana mediante la generación de destacamentos regionales de respaldo.

Y en cuanto a las cárceles, ¿qué proponen?

La idea es que el Instituto Nacional de Rehabilitación tiene que salir del MI y convertirse en un servicio descentralizado.

¿No dependiente del Ministerio de Educación y Cultura (MEC)?

No necesariamente. A qué ministerio remite no me importa, porque en realidad es un servicio descentralizado; es como la Fiscalía, funciona con autonomía. Además, debemos construir ese servicio en base a unidades carcelarias de tamaño humano. Hay que terminar con las cárceles gigantescas que no tienen control alguno. Hay que tener un personal que no debe ser policial, que tiene que tener formación penitenciaria y manejo de armas, porque no somos giles, y la capacidad de hacerse obedecer, con custodia perimetral militar, como la que hay ahora. Es posible bajar la tasa de reincidencia; hay 11.000 presos que no tienen que vivir en hacinamiento y tienen que tener espacio para hacer ejercicio, trabajar y educarse. Hay que preparar el preegreso y un acompañamiento posliberación, para que el preso no salga con una mano detrás y otra adelante y su destino sea la reincidencia.

Usted recién hablaba de los servicios descentralizados. La semana pasada, Guido Manini Ríos interpuso un recurso de inconstitucionalidad por esta característica de la Fiscalía. ¿Qué le pareció eso?

Ese recurso es contradictorio con su propio discurso. Dice que hay que pelear por la separación de poderes, y el recurso es contra una ley que lo que hace es darle a la Fiscalía autonomía del Poder Ejecutivo. Esa ley lo que hace es sacarla del MEC y convertirla en un servicio descentralizado, se actuó a favor de aumentar la autonomía de los fiscales. Manini o ignora estas cosas y no sabe lo que el abogado presentó, o está diciendo cosas que no tienen fundamento. Fue una chicana lo que hicieron, con el afán de postergar el juicio. Con franqueza, creo que no fue el único que omitió el deber de denunciar. Manini Ríos lo hizo, está probado, pero la Secretaría de Presidencia también omitió el deber de denunciar [la declaración de José Gavazzo ante el tribunal de honor]. Yo no entiendo mucho el dictamen del fiscal que exonera a todos y deja la responsabilidad a Manini Ríos, creo que había más de un responsable.

¿Le parece que el fiscal está mandatado, como dice Manini?

Yo no puedo decir eso porque no me consta. Espero que no: sería muy grave que fuera así. Me parece que es una acusación muy seria. Uno de los problemas que tenemos es que hay un candidato presidencial que en lo que va del año es la tercera o cuarta vez que ataca al Poder Judicial [PJ], porque la carta que motivó su destitución fue una en la que acusó al PJ de actuar de manera indebida, en nada más y nada menos que juicios con relación a violadores de los derechos humanos. Luego, cuando lo citaron antes de las internas, dijo era un show mediático y ahora dice que hay intencionalidad política.

Un debate tiene varios objetivos, uno de los cuales puede ser captar electores. ¿Creía que desafiar a CA podía atraer votantes al PI?

No, no. Pretendíamos que la ciudadanía viera dos posiciones que son distintas. Que pueda ocurrir el equilibrio del cambio depende de cuántos votos tengamos nosotros; si votamos muy bien, el cambio es hacia el centro y podemos darle garantías a mucha gente que siente que el FA está desgastado pero también tiene ciertas dudas con los partidos tradicionales y no quiere que el cambio se vaya hacia la derecha. Pero Manini rehúye el debate conmigo, rehúye la comparecencia en el juzgado, rehúye algunos reportajes, yo sé que les ha negado reportajes a varios periodistas. No es la imagen de alguien abierto y dispuesto al diálogo. Debatir con el representante de ese partido, que se ubica en la derecha, que tiene un discurso crítico de la agenda de derechos, que está integrado por mucha gente en el entorno de Manini que participó en la dictadura militar... Me parecía que era buena la posibilidad de confrontar, pero para eso se necesitan dos.

Los números de las encuestas no le están siendo muy favorables. ¿Le parece que puede deberse a la irrupción de nuevos partidos?

En esta elección, como nunca, hay mucha gente indecisa y volátil, que cambia. En un momento le parece bien un candidato y después no. Las encuestas están frente a un problema complicado, no hay que atender demasiado a lo que dicen. Hay cosas que son de cajón: nadie va a tener mayoría absoluta. La elección del 27 de octubre es parlamentaria y va a determinar la cuota de poder de los distintos partidos; el presidente que salga en la segunda vuelta no va a tener mayoría propia, por lo que deberá buscar acuerdos para gobernar. También es seguro que el FA va a seguir siendo la primera fuerza y que en la segunda vuelta disputará el gobierno con el que tenga más votos de los partidos tradicionales. Es verdad que hoy no estamos marcando bien, pero el PI es la garantía del cambio.

Usted es sólo candidato al Senado; si no es electo, ¿qué planea hacer?

Yo creo que voy a salir senador y vamos a crecer, pero en política uno se somete cada cinco años al veredicto popular.

“Es una vergüenza [que los militares hayan mentido sobre los restos de Bleier], una mezquindad que impacta fuertemente porque se pone en tela de juicio no sólo el caso sino otras afirmaciones e informaciones que se hicieron en su momento”

¿Y si en un gobierno de coalición le ofrecen un ministerio?

Esas cosas hoy no están planteadas; además, hemos dicho que no votamos al candidato del FA en la segunda vuelta y podríamos acompañar al candidato más votado de la oposición si nos da garantías de políticas sociales potentes, en particular para la primera infancia; reforma educativa en profundidad; un paquete de normas para las micro y pequeñas empresas; normas referidas al combate de la corrupción; un Ministerio de Ambiente; y por último, pero no menos importante, la garantía de continuar en la búsqueda de la verdad con relación a los desaparecidos.

¿Los cargos no están en este paquete? Porque son una forma de contralor.

No, si estas cosas son aceptadas por el candidato más votado, es probable que lo apoyemos. Si eso ocurre y la configuración de un gobierno satisface nuestra idea de lo que hay que hacer, podremos conformar una coalición.

¿Qué sensación le generó la identificación de Eduardo Bleier?

Es un paso más. Me alegra por Gerardo Bleier [uno de sus hijos], al que conozco hace muchos años. Pero lo que se ratifica es la certeza de que hay que seguir trabajando y que no hay que bajar los brazos. No hay una respuesta satisfactoria para todos, es una deuda pendiente.

El hallazgo demuestra que lo que dijeron los militares fue mentira.

Es una vergüenza, una mezquindad que impacta fuertemente, porque se pone en tela de juicio no sólo el caso, sino otras afirmaciones e informaciones que se hicieron en su momento. Ratifica que no hubo un rasgo de humanidad de hacer posible una respuesta para los familiares. En esto hay una urgencia, porque la gente se muere y se lleva a la tumba los secretos.

Esta es la primera vez que el PI tiene una candidata a la vicepresidencia, Mónica Bottero. ¿Han tenido diferencias?

No, Mónica es una persona excelente. Yo soy partidario de la cuota de género desde los 80, desde que era un muchacho, porque vi otras experiencias en Europa y me di cuenta de que había que ayudar y que la equidad de género no se genera de manera espontánea.

Pero demoró bastante el PI en tener una candidata en la fórmula.

Sí, es verdad, pero como en todos los partidos. El FA también y los blancos también demoraron. Estamos yendo un poco de atrás, tenemos asignaturas pendientes en estos temas.