No teníamos previsto publicar editorial en este número, pero en las últimas horas el líder de Cabildo Abierto (CA), Guido Manini Ríos, difundió un video por redes sociales que nos hizo cambiar los planes.

Por si acaso no lo vieron, se trata de un mensaje de casi dos minutos en el que el senador electo se dirige a los integrantes de las Fuerzas Armadas “de todas las jerarquías”, cuestiona declaraciones de José Mujica (en particular aquella de que los soldados son “carne con ojos”) y finalmente llama a la tropa a no votar al candidato del Frente Amplio, Daniel Martínez. “Hoy les piden sus votos, pintan muros frente a las unidades militares, prometen mejoras que nunca implementarán. En definitiva, se burlan una vez más de quienes visten el uniforme de nuestra patria. A ellos, esta vez los soldados les contestamos que ya los conocemos”, concluye el militar retirado.

Además de los datos erróneos que maneja sobre los aumentos de los salarios castrenses, que fueron respondidos durante la tarde del viernes por el ministro de Defensa, José Bayardi, llama la atención que 48 horas antes del balotaje Manini Ríos haya decidido avalar, de manera bastante categórica, lo que intentó refutar durante toda la campaña: la idea de que CA es un partido militar. Por otra parte, se trata de una comunicación corporativa inédita en la historia uruguaya y desafiante, por lo confrontativa, para nuestra institucionalidad democrática.

¿Cuál sería el sentido de enviar un mensaje con estas características al borde de la veda y horas antes de una elección que, según todas las encuestas, ya estaría liquidada?

Llama la atención que 48 horas antes del balotaje, Manini Ríos haya decidido avalar una idea que intentó refutar durante toda la campaña: la de que Cabildo Abierto es un partido militar.

Una hipótesis es la incontinencia: la animosidad de Manini Ríos hacia toda la izquierda se habría convertido en algo incontrolable. Otra posibilidad más racional sería que el líder de CA entendió que se ha configurado un escenario propicio para empezar a marcar la agenda política de la coalición opositora que podría gobernar el país a partir de marzo de 2020. Es una táctica que le dio resultado en el pasado desde su rol como comandante en Jefe del Ejército y que ahora podría utilizar para marcar la pauta del relacionamiento con sus actuales socios políticos: medir los silencios, evaluar las reacciones y al final siempre tensar la cuerda, incluso más allá de los límites de lo aceptable. El actual gobierno no reaccionó a tiempo ante las provocaciones de Manini Ríos, y eso tuvo consecuencias que debería tener en cuenta Luis Lacalle Pou, más allá de que resulte o no electo presidente.

Una tercera hipótesis es que Manini Ríos encontró en esta veda electoral una oportunidad única para combinar ambas intenciones, de manera armoniosa y con las reacciones de rechazo previsibles de la mayoría de la izquierda. Manini Ríos ha demostrado que es una persona inteligente. Ahora empezó a mostrar hasta qué punto es también un tipo peligroso. Y esos peligros, en Uruguay, ya los conocemos.