Se formaron hace casi 60 años y no necesitan presentación. José Pepe Guerra y Braulio López bebieron de aquel río de sus pagos de Treinta y Tres y dieron nombre a Los Olimareños, dúo fundamental de la música popular de este bendito país, pionero en el decir y sentir uruguayos. En enero de 2012 fue la última vez que ambos músicos pisaron un escenario juntos, en la celebración del centenario del balneario Atlántida. Pero quizá sea más recordada la presentación de 2009 en el estadio Centenario, a 25 años del todavía más recordado recital de la vuelta del exilio, en el mismo escenario. El 15 de marzo Los Olimareños volverán al ruedo, esta vez en el novel Antel Arena.

¿Por qué vuelven?

Braulio López (BL): –Sobre todo por la gente, pero también por la empresa [AM Producciones], que quiso que volviéramos y ofreció patrocinarnos. Me refiero a la productora, que fue la misma que nos invitó a dar un recital en 2009. Aparte, pensamos que a la gente hay que hacerle caso a veces, porque en la calle tanto a él [Pepe Guerra] como a mí siempre nos preguntan “¿se juntan?”. Yo lo hago con mucha alegría pero también con la responsabilidad de corresponder bien a la gente.

¿Por qué creen que hay tanta demanda del público para que vuelvan?

Pepe Guerra (PG): –Por las canciones, que han permanecido –por supuesto, algo les debemos de haber puesto nosotros–. Son canciones que están cargadas de mucha historia, que pasaron por momentos muy duros de nuestro pueblo y se siguen recordando. De pronto hay gente que se enamoró y se casó con una canción de nosotros o que recuerda a un familiar desaparecido que la cantaba. Cosas así, canciones cargadas de historia.

BL: –También la canción de Los Olimareños es comprometida, sobre todo con los de abajo. Siempre fue así y no nos equivocamos, porque el tiempo nos dio la razón de que lo que pregonábamos es correcto: si no, no estaríamos haciendo un recital ahora. Eso para mí también tiene un valor.

¿Les parece que hoy falta música comprometida?

BL: –No sé, porque entrar en detalles, tal vez hasta técnicos.... No me gustaría ser ingrato, pero el movimiento al que nosotros pertenecemos, de los años 60, fue como una explosión. No fuimos solamente nosotros sino también Daniel Viglietti, Alfredo Zitarrosa, El Sabalero [José Carbajal], El Gallego [Manuel] Capella, [Aníbal] Sampayo, Carlos Molina... Una cantidad de gente que aportó muchísimo y que se comprometió, como nosotros.

¿Han pensado en componer nuevas canciones?

BL: –Hasta ahora, no. Pero yo nunca digo que no, porque al mañana hay que dejarlo que sea promisorio y hable; no cierro ninguna puerta.

Capaz que al ser tan fuerte ese repertorio histórico sería difícil encarar temas nuevos.

PG: –Claro, es tan fuerte que lograr una cosa de esas... Incluso te arriesgás al ridículo. Para mí es peligroso.

La falta de Rubén Lena y Víctor Lima ayuda a que sea más difícil.

PG: –Y... hacen falta

BL: –Claro, la creatividad de ellos dos era una pieza fundamental. La mayoría del repertorio de Los Olimareños es de Víctor Lima y Rubén Lena. La forma [de componer] que tenían ellos caló mucho. Nosotros tuvimos la suerte de encontrar esos dos seres que nos apoyaron.

PG: –Y de que estuvieran en Treinta y Tres, no tuvimos que salir a buscarlos.

Pepe Guerra y Braulio López.

Pepe Guerra y Braulio López.

Ustedes crearon, junto con ellos, un folclore auténticamente uruguayo. ¿Fue premeditado?

BL: –En parte sí, porque Rubito Lena había ido a un encuentro de canciones en Venezuela, de maestros de todos los países latinoamericanos. Al final se reunieron todos para despedirse y cantaron cosas de sus países. Cuando le tocó a Uruguay tuvieron que cantar... ¿Cuál fue?

PG: –Creo que “Uruguayos campeones” [retirada de Patos Cabreros de 1927, parodia del tango “La brisa”].

BL: –Algo así. Entonces, me di cuenta. Lena nos dijo: “Nosotros no tenemos nada, vamos a tener que hacer cosas”. Así empezó.

PG: –Estábamos demasiado influidos por el folclore argentino.

“Luna tucumana”.

PG: –Exacto, cantábamos a paisajes que ni conocíamos.

BL: –Aparte hubo un planteamiento de la obra de Rubén Lena y Víctor Lima, que fue mostrar al hombre. Había una parte tan bucólica: el árbol, el río, el agua. Todo fenómeno, pero, ¿y el hombre? A veces el hombre también es paisaje que anda, y ellos lo metieron ahí. Eso para mí tuvo un gran peso. Además, lo metieron con mucha belleza y eso le dio una cosa nueva, porque en ese tiempo había bastantes cantantes pero era todo muy suavecito, todo muy lindo. Metieron el hombre, y al hacerlo metieron la vida como es, la forma de ser del uruguayo, del peón de campo, pobre y explotado, por ejemplo.

Hace un año salió por primera vez en CD el disco Todos detrás de Momo, editado originalmente en 1971, al que muchos ven como la primera vez que aparece la murga canción fuera del carnaval y con composiciones puramente originales. ¿En el momento se dieron cuenta de que estaban creando algo nuevo?

BL: –Sí, no me cabe la menor duda de que era nuevo y original. Y más te digo: hasta de investigación, porque no se sabía lo que iba a pasar con eso. Fue tirarse al agua con una cosa nueva. Incluso la forma interpretativa de nosotros cambió, porque eran cosas diferentes. En un textito que yo hice imitaba a Carlos Solé y hasta hay una especie de rock antiguo ahí [“La bocina”]; eso era un desafío. Hoy me encuentro con murguistas que me dicen que “hay un antes y un después” de ese disco. Lo dice la gente que está metida realmente en la canción murguera.

PG: –Y además es un disco conceptual, que no se usaba en ese tiempo. Los Beatles tenían al Sargento Pepper.

Además salió en 1971, un año complicado.

BL: –Salió el disco y no vendió nada. Tuvo que pasar una década y recién entonces empezó a venderse. Incluso nosotros agarramos canciones de ese disco y empezamos a grabarlas en los otros longplays. Metíamos canciones sueltas de Todos detrás de Momo. Es uno de los trabajos que más quiero de la obra del dúo.

PG: –Creo que fue de las cosas más importantes que hicimos, y el reconocimiento que se le está dando ahora nos llena de satisfacción. Yo pensé que iba a pasar... Pasó tanto tiempo, y sin embargo, ahora... Además, nos divertimos cantidad. Eso no pasaba con las otras cosas circunspectas, de textos serios hablando del pobre. Con este disco nos matamos de la risa.

BL: –Sin dejar de que apareciera todo eso. Atrás está el pobrerío también. Incluso hace poco hicieron una serie que se llamaba Todos detrás de Momo [emitida por TNU], que era sobre un murguista perseguido por la Policía. ¿Vos te enteraste de eso?

PG: –Sí, pero no la vi.

Después de tantos años, ¿cómo están musicalmente? Con los tonos de voz, por ejemplo.

BL: –La naturaleza ha sido muy generosa con nosotros. Creo que de todas las que vamos a cantar, hay sólo dos canciones en las que bajamos de tono. Las demás las cantamos todas como si tuviéramos 15 años. Es una maravilla para nosotros.

En 2010 tocaron en la asunción del presidente José Mujica. ¿Cómo vieron su gobierno?

BL: –Muy bien. Hizo lo que pudo, y a veces más de lo que se podía. ¿Quién fue el que mostró interés para desarrollar la Universidad Tecnológica, por ejemplo? Se la debemos a él. No es poca cosa. Y los frutos que ha dado en muchas cosas, que eso nadie lo dice...

PG: –En otras ha metido la pata, como él mismo dice: “la chamboneamos”.

BL: –Pero ¿quién no metió la pata? Lo peor es no hacer nada por miedo a meter la pata. Pero el Pepe Mujica ha dejado un ejemplo, y no lo digo yo, con mi pobre cabeza analítica, lo dicen a nivel mundial.

Braulio López y Pepe Guerra.

Braulio López y Pepe Guerra.

¿Creen que Mujica los irá a ver?

BL: –No sé. Ojalá que vaya, yo me alegraría mucho si estuviera.

¿Qué significó para ustedes tocar en su asunción?

BL: –Para mí, muchísimo. Fue como encontrarme a mí mismo en mi prédica de muchos años.

PG: –Y con muchos sueños en aquel momento. Muchos no se realizaron, por supuesto, pero hay que seguir soñando. Como decía [Eduardo] Galeano: la utopía...

BL: –... es lo que nos ayuda a caminar, sin utopía no caminaríamos.

¿Qué les parece el Antel Arena?

BL: –No lo conozco. Pepe sí, porque fue a ver a [Joan Manuel] Serrat. Que tengamos un Antel Arena acá me parece fantástico, porque era una cosa necesaria. Hay una cantidad de eventos internacionales que Uruguay se perdía por no tener un lugar así. Me parece que es una inversión bien hecha, no solamente desde el punto de vista cultural, sino también estructural.

Hay una leyenda según la cual ustedes estaban distanciados. ¿Qué tiene de realidad?

BL: –Siempre la hubo. Se contesta sola, porque si estamos juntos de vuelta...

Pero capaz que en todos los años que pasaron desde su última presentación...

PG: –La pensamos y dijimos: “Vamos a hacer algo de guita” [se ríe].

BL: –Las críticas van a estar siempre. Simplemente es el desgaste de mucho trabajo, con una cosa de mucha responsabilidad, porque Los Olimareños tienen su responsabilidad, no es todo jauja. Yo pienso que los descansos –yo los llamo así, no separación– son lógicos.

Pepe, lo dijiste como chiste, pero puede haber gente que de verdad crea que vuelven por la plata.

PG: –Supongo que sí. En las redes ya van a aparecer.

¿Cómo les cae eso?

BL: –No les doy bola porque sé que no es así. Opinar puede opinar cualquiera, pero que me preocupe por eso, ya es otra cosa. No tengo ningún cargo de conciencia con eso.

“El tener mucho dinero no da títulos a nadie, / el dinero sólo sirve para no vivir del aire", cantaban en “El dinero”.

BL: –Sí, esa era la sabiduría de Víctor Lima. Fue una de las primeras canciones que grabamos. El dinero no es todo, aunque es algo para no morirse de hambre, de repente, si tenés para comprar un asadito. Porque vivimos en un sistema capitalista que determina todo eso, entonces te tenés que adaptar en lo que puedas. Pero no quiere decir que porque estés obligado a adaptarte estés de acuerdo. Yo no estoy de acuerdo, para nada.

En esa utopía que sirve para caminar, ¿sigue estando cambiar el sistema?

BL: –Sí.

PG: –El mundo.

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