El hongo que acaba de dibujar es, a la vez, la luz y el asiento. Mullido artefacto funcional que sirve para sumergirse en el placer de un libro –sobre los hongos– y se vuelve parte de ese placer. Postula una idea, casi un imposible: algo que sea la cosa y la herramienta que permite el goce de la cosa. El dibujo de ese utópico hongo-lámpara-sofá no es sólo un hallazgo gráfico para el afiche de la presentación del libro Hongos, guía visual de especies del Uruguay. Es también una síntesis programática de las distintas pulsiones que animan a su autor, Alejandro Sequeira.

Nacido en noviembre de 1962, su hacer está en esa bisagra que obliga a escribir formulaciones tales como “a la vez”, “no sólo”, “también”. Ilustrador, fotógrafo, diseñador gráfico, escritor, biólogo, cazador de citas cinéfilas. Podría encasillarse en la palabra “polímata”, si no fuera porque esa voz derivada del griego refiere “al que sabe muchas cosas”, y lo suyo no se reduce al campo de los saberes, sino que los cruza con la sensibilidad.

Milocanroll, bocetos.
Milocanroll, bocetos.

Es probable que su formación como biólogo tenga la culpa. Es en la naturaleza donde la utilidad y la estética se potencian. Por eso su guía visual sobre los hongos y su libro sobre las hierbas medicinales. Pero cuando se piensa que ahí está el centro, la memoria llega para descentrarlo. Porque si se mira 30 años hacia atrás, se observa a un joven Sequeira ilustrando Cartas desde la prisión, de Raúl Sendic, y el libro sobre la banca y la tierra del líder tupamaro. La banca y la tierra siendo la cosa y a la vez la herramienta que permite el goce de la cosa. Como el hongo del afiche.

En el siglo siguiente Sequeira diseñó Quiroga y Rocket, las dos revistas de periodismo narrativo que hacíamos juntos en Ediciones Olímpica. Lo suyo en esas tardes era todo responsabilidad y trabajo metódico. Algo de eso ha de estar detrás, también, de su trayectoria como autor de coleccionables o de coautor de éxitos gastronómicos.

Un animal polímata y utópico que sabe cómo transitar entre los escollos de la realidad, podría decirse. ¿Y todo lo otro que se sabe de él, lo que no tiene que ver con el mundo del trabajo, sino con sus gestos solidarios y de empatía? Por más que se estire con mil términos, la definición de cualquier persona siempre resulta incompleta. Digamos, entonces, que Alejandro Sequeira es uno de esos tipos a los que el mozo les puede decir “ilustre” y a nadie de los que están en ese café le va a parecer un título fuera de lugar.

Tristán Narvaja
Tristán Narvaja

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