20 años después, La Polla Records volverá a presentarse en Montevideo el 9 de Febrero en el Antel Arena.

A fines de 1979 The Clash editaba London Calling, disco clave de una de las bandas más politizadas del punk londinense. Una de sus canciones, “Spanish Bombs”, hacía referencia a las “canciones españolas en Andalucía” durante los años de la Guerra Civil que terminó en 1939, iniciando más de 30 años de dictadura franquista. En ese mismo 1979, en el norte de una España que vivía tensos momentos de transición luego de la muerte del dictador Francisco Franco, un grupo de “aldeanos de Salvatierra” empezaba a gestar el grupo más importante del punk rock en castellano: La Polla Records (LPR).

Desde el comienzo, La Polla descreyó de la democracia reciente permeada por el autoritarismo franquista, y se posicionó como un grupo extremadamente crítico de las santas instituciones españolas y de las perspectivas que le ofrecían a la juventud. Canciones como “¿Y ahora qué?” (EP ¿Y ahora qué?, 1983), “Nuestra alegre juventud”, “Salve”, “El 7° de Míchigan” (disco Salve, 1984), “Lucky man for you”, “Demócrata y cristiano”, “No más presos” (Revolución, 1985), “Quiero ver”, “Odio los partidos” y “No somos nada” (No somos nada, 1987) son sólo un ejemplo de la rabia anti establishment que destilaba LPR, junto al cinismo y la ironía que convirtieron a muchas de sus canciones en himnos generacionales. Sin perder la rabia, el grupo fue afinando su sonido (en general más cercano a los Sex Pistols que a The Clash) en discos como Ellos dicen mierda, nosotros amén (1990), Hoy es el futuro (1993), Carne para la picadora (1996) o Toda la puta vida igual (1999). En el marco de la presentación de este último disco, La Polla tocó por primera vez en Montevideo en el año 2000, en el Teatro de Verano. Dos discos y tres años después, LPR se separó y comenzó a crecer la leyenda.

Muchos músicos españoles aun se sorprenden cuando llegan a Montevideo y descubren que La Polla es una de las bandas más conocidas de la península. Y es que a partir de los 90, grupos como Intifada, La Sangre de Verónika (que, junto con los argentinos 2 Minutos, abrirá el concierto del 9 de febrero), Navajada, La Vergüenza de la Familia, Graffolitas y La Chancha traslucían, cada uno a su modo, la influencia de LPR; e incluso bandas masivas como La Vela Puerca solían hacer covers de sus canciones durante las presentaciones.

El cantante y compositor de La Polla, Evaristo Páramos, volvió a Montevideo en 2010 con su banda Gatillazo, y ahora regresa con LPR, luego de que el grupo se reunió en 2019 para regrabar algunas canciones de sus primeros tres discos, más un bonus que da nombre a la gira que los trae a América: Ni descanso, ni paz. Entre deberes domésticos, como cuidar a su hija y alimentar a los gatos, y evidenciando su humor irónico y su humildad, Evaristo conversó con la diaria sobre algunos aspectos de la trayectoria de LPR y esta gira que los vuelve a traer a Montevideo.

En 1979, cuando surgía LPR, España salía de la dictadura franquista, y ahora, 40 años después, el fascismo vuelve a estar en ascenso con partidos como Vox. Has dicho que una de las causas de ese retorno es que, en vez de romper con el fascismo, se quiso reformarlo.

Es que la frase que había en la Península Ibérica era “Reforma o ruptura”; era el camino que los españoles tenían que tomar, y muy bien dirigidos y controlados –asesinando a líderes en algunos casos; es algo de toda la vida–, se logró que se hiciera una reforma. ¿Pero una reforma de qué? ¿Cómo se llamaba el régimen anterior? Pues de muchas maneras. Una era “democracia orgánica”, que es lo que se entendía como franquismo, para que nos entendamos todos. Entonces vivimos en una continuación del franquismo, porque no se depuró la Justicia, no se depuró el Ejército, no se depuró la Policía, no se tocaron los servicios secretos ni la banca, no se tocó a la iglesia católica, no se tocó a nadie. Todo el mundo siguió conservando el mismo poder, mejorado y aumentado, y es más, limpiado con una fachada perfecta, muy bonita: vamos a llamar a los turistas para que vengan a verla.

Ilustración: Ramiro Alonso
Ilustración: Ramiro Alonso

Leí que se juntaron para resolver algunos problemas de derechos digitales y ahí se les ocurrió volver a reunir la banda.

Un colega de Barcelona me llamó y me dijo: “Oye, Evaristo, con los derechos digitales los están timando”. A ver, tampoco soy tan ignorante. Una idea me hago de lo que son los derechos digitales, pero me parecía que era un rollo necio meterte en una pelea de ese tipo con gente más poderosa por una mierda, y resultó que no, que no era así. Y nos llevó a que nos juntemos por ese tema, y la gente que consiguió recuperarnos los derechos y asustar un poco a aquellas casas de discos “independientes” que se estaban aprovechando nos dio la posibilidad de hacer una cosa así, “a lo grande”. Y dijimos: “Pues vamos a dar una vuelta a ver qué se siente”. Y está siendo curioso, bonito de ver, entretenido. Tiene sus cosas el rollo de tocar a estos niveles; parece que ya no nos vamos a morir sin saber cómo es. Al principio iban a ser cuatro conciertos en ciudades grandes de por aquí, y, nada más salir las entradas a la venta, todo el mundo se vio sorprendido de la velocidad con que se vendían. Hubo que doblar los conciertos, como los grupos guay, como los estupendos grupos internacionales. Y entonces decidimos que teníamos que ir al menos a los sitios de América en los que ya habíamos estado; ya para junio vamos a ir a algún país en donde nunca habíamos tocado.

En el Río de la Plata, La Polla ha tenido muchísima influencia en los grupos locales ¿Conocías esto?

Sí, pero supongo que la vida diaria habrá influido más en las bandas locales del Río de la Plata. Obviamente, creo que hay mucha gente que toca mil veces mejor –y no sólo técnicamente– de lo que tocó LPR en toda su historia y de lo que tocaríamos aunque tuviéramos 1.000 vidas, sino que además conoce su propia realidad, entonces eso merece todos los respetos. Me parece muy bien que esa gente respete a una cuadrilla de aldeanos ignorantes, que es lo que somos nosotros, convertidos prácticamente en unos ancianos, pero intento no sentir nada al respecto.

Tengo varios amigos que cuentan que se tomaron una cerveza contigo en la calle después del toque de Gatillazo en 2010. ¿Te gusta quedarte compartiendo con gente que asiste al show?

Antes más que ahora. Desde que el móvil se ha convertido en una cámara ha llegado un momento que lo complica todo. Posibles conversaciones normales con gente interesante se acaban convirtiendo en una sesión de fotos. Pero bueno, eso no significa que la gente sea mejor ni peor, sino que estamos en este mundo. Aunque ahora veo un poco más difícil que ocurra que yo salga a dar un paseo por ahí. No tengo patrocinador [dice riendo].

¿Cómo fue el proceso de elegir las canciones para regrabar y para salir de gira?

Me puse de jefe; fue un proceso estalinista. La verdad es que no teníamos tiempo para nada. Esta es una movida que se planteó para hacer unos shows a fin de año, porque Gatillazo también tenía conciertos, y hemos estado un poco disléxicos, porque hay tres de La Polla que también estamos en Gatillazo. Entonces ha habido que tocar con Gatillazo y, a su vez, ensayar con LPR en tres semanas, y luego pensar qué canciones hacemos para el disco, pero también qué canciones irán para el repertorio... Yo también estaba con mi niña y otras historias personales; más el trabajo del baterista, que trabaja en una fundición... esos pequeños detalles tontos que tiene la gente... Así que armé una lista enorme y fui quitando hasta que quedaron 45 canciones más o menos, y ahora creo que son 43, pero bueno, yo creo que son más que suficientes. Para lo que fue La Polla es un concierto un poco largo, pero como es una vuelta y sabemos que las entradas son caras... Somos responsables. ¡Si alguien nos acusa de eso, que sepa que lo hemos admitido!

La canción “No somos nada” se convirtió en un himno para varias generaciones. Ahora, sus versos “somos los nietos de los obreros que nunca pudisteis matar, / somos los nietos de los que perdieron la Guerra Civil” han sido reelaborados por organizaciones feministas que los transformaron en “somos las nietas de las brujas que nunca pudisteis quemar”. ¿Qué pensás de esta adaptación de tus versos?

Vivimos en este mundo, y es una lucha, así que me parece muy bien que esa canción vaya por ahí. Me acuerdo de una cosa que también he visto en documentales de grupos punks anglosajones, sobre el tema del trato de personas de diferente sexo o género que no se tenía ni en cuenta, y era perfecto, porque al no darle importancia no la tenía, y era muy curioso, porque fue una época bastante larga en la que nadie se fijaba en el sexo de la otra persona, y estaba muy bien. Esa canción la escribí en la puerta de un armario de una pensión, en Almería, después de un concierto que hicimos ahí, cuando habíamos sacado los dos primeros discos. Como era un poco complicado sacar la puerta de la pensión y llevarla en la furgoneta, pues hice 1.000 kilómetros en la cabina intentando no olvidarme de la letra, desde Almería hasta la tierra de Álava. Y me parece muy bien que se la use de esa forma de las brujas.

En 2018, cuando terminabas un concierto en Andalucía, fuiste detenido por la Guardia Civil. ¿Cómo viviste esa situación?

Bueno, canté unas jotas, que no es el tipo de música que más me gusta... Ahora prácticamente somos ancianos, pero que un grupo punk cantara una jotas como las que cantaban los viejos cuando éramos jóvenes, y nos daba asco, es como reventarlas. Entonces canté una jota que decía: “Quiero decir lo que siento, no tengo ninguna duda, si no lo digo reviento, policía hijo de puta”. Y después decía: “Aunque la jota es la misma, con la misma melodía, anda y rómpete la crisma, hijoputa, policía”. Y la Policía se sintió ofendida en Jerez. Alguien le avisó que íbamos a tocar y le preguntaron al del concierto cuándo sería. El del concierto nos dijo: “Encantado de que hayáis venido. Eres un monstruo, Evaristo, te sigo desde pequeño”, pero se le olvidó decirnos el detalle de que la Guardia Civil había preguntado por nosotros, y a mí se me olvidó también que andaban por allí, y canté la jota entera. Qué le vamos a hacer, ni siquiera es mía, pero le dieron un montón de importancia. Además, esto justo fue un viernes y el lunes nació mi hija. Jerez queda en el sur de la península, un poco lejos de mi casa, y estuve saliendo en la televisión y eso y pensaba: “Estos cabrones me van a hacer famoso de viejo, será posible”. Y mira, este pequeño tema también es un motivo por el que, cuando salió la posibilidad de volver con La Polla, dijimos: “Os jodéis”, aparte de que, entre miembros de cuerpos y tuercas, tengo un sinnúmero de fans. El día que los convirtamos a todos en gente de extrema izquierda esto cambiará, porque tienen armas; mira el detalle... En realidad no pasó nada: me pidieron la documentación y no tenían ni dónde apuntar, era sólo venir a pegarme un susto. Luego alguien lo grabó por el móvil, lo puso en internet y todo el mundo se solidarizó conmigo de tal manera... joder, cuando hay gente que de verdad lo necesita; por favor, se fue un poco a la mierda. Se hicieron pancartas con mi cara pidiendo libertad de expresión, y joder, soy yo.

La ley mordaza ha generado dificultades a muchos artistas.

Claro, a otros los han jodido más. Yo estaba más preocupado por la niña que andaba detrás de la cortina que de toda esta mierda. He oído cosas muy graciosas sobre mí mismo, como que yo era un mamarracho antiindependentista. Lo de mamarracho puedo admitirlo, pero antiindependentista, por favor, a mí me gusta que todo el mundo sea muy independiente. Imagínate que Estados Unidos fuera 50 países, más Hawái y Puerto Rico ¿Sería maravilloso, verdad? Rusia lo mismo, con todas sus nacionalidades, regiones y peculiaridades, estaría bien. El mundo sería más bonito si hubiera 150.000 países pequeñitos que la gente pudiera dominar desde adentro; que no fueran un rollo enorme con un gran aparato burocrático, un gran Estado encima de las personas, que es lo que se busca. Y con la globalización también nos lo han robado.

¿Creés que la música ayuda a concientizar en ese sentido?

Tengo que creer que sí, tengo que creer que sí. Porque si no, me tendría que matar ahora mismo, antes de terminar esta conversación.

Foto: Daniel Fernández
Foto: Daniel Fernández

El año pasado, cuando te entrevistó Pablo Iglesias para el programa Otra vuelta de tuerka, entre otras cosas dijo que daba clases de Geopolítica usando canciones de La Polla.

Sí, ahora que van a formar gobierno [Pablo Iglesias, como secretario general de Podemos, asumió una de las vicepresidencias en España], no ha salido nada de eso que dijo de que me iban a hacer doctor honoris causa. No tengo idea de cómo está el tema, ¡ya te informaré! Estaría guay que me hicieran ministro de Cultura... Y al final me dijo que yo era un tipo muy difícil de entrevistar, desde ya, y de dibujar, más todavía.

Uno de los ejes de La Polla ha sido criticar a los partidos políticos, a los gobiernos.

Hombre, a unos más que a otros. A ver, no vamos a comparar. De Podemos uno puede tener sus opiniones; también de mis favoritos, a los que voto, que son independentistas de Euskal Herria, pues también tenemos diferencias de opinión, pero en definitiva no es más que eso: mi opinión. Entonces no voy a comparar a Vox, al Partido Popular o a lo que queda de Ciudadanos con Podemos, que también tiene sus cosas, obviamente.

¿Cómo recordás aquella movida que se llamó “rock radical vasco” de los 80?

Simplemente fue un tío que era mánager de varios grupos, y que en una temporada tuvo a La Polla, Hertzainak, Kortatu y algunos otros, y lo que quería era vender al mundo la movida del independentismo, que tenía un periódico [Egin, muy vinculado a los partidos de izquierda independentista vasca]. Porque los demás no sacaban punk rock en ninguna parte, ni de pura casualidad. Él [José Mari Blanco] venía del trotskismo asambleario, alguna cosa así, y para un concierto dijo: “A esto vamos a llamarle ‘rock radical vasco’”, y ya está. Nosotros ni nos molestamos en negarlo, y así nos quedamos con la etiqueta. Pero tuvo su utilidad para mucha gente que vino después, no para los grupos originales. No tiene mayor importancia; simplemente coincidió con que salió en un periódico de izquierda independentista. Pero fíjate que hace muchos años se consideraba que ser independentista y de izquierdas era contradictorio. Qué cosa, ¿verdad? A mí son los que mejor me caen [los partidos de la izquierda independentista vasca] de esta zona, porque los conozco de las calles. Muchos son súper estrictos ideológicamente, cabezones; pero, tío, con todos los enemigos que tienen no les han sacado ni un puñetero caso de corrupción, y tienen a todo el mundo encima vigilándolos hasta cuando van al baño. Eso me parece muy flipante, sorprendente como mínimo. Otra cosa son las discrepancias ideológicas.

Para terminar, ¿cómo se han sentido al tocar luego de tantos años?

Estamos hechos una risa viéndonos a nosotros mismos tanto en el ensayo como en el escenario, en los viajes. Es muy curioso. Somos casi ancianos, tío ¡Es la ostia! Hicimos ocho conciertos muy entretenidos. Estuvo guay; como uno que se bebió toda la neverita del hotel pensando que era gratis, cosas así... Pequeños detalles que para la gente joven son tonterías... Y muchas más cosas, como verte delante de un montón de peñas tocando. Para el Abel y el Sume, que llevan 16 años sin tocar delante de gente, pues bueno, era curioso, pero ha estado muy bien. Y con el Tripi y el Txiki, que eran nuevos hace 16 años y han estado conmigo en Gatillazo todos estos años, es una mezcla muy curiosa.