En sus orígenes, la canción popular uruguaya de raíz rural, esa que solemos denominar folclore, tuvo voz de mujer. Ya sea en las fonoplateas radiales o, desde 1949, en el formato disco, Amalia de la Vega fue la primera exponente célebre de lo que en su momento se conoció como nativismo, que contenía el universo de ritmos como la milonga, la cifra, el estilo, el cielito, entre otros. Aníbal Sampayo y Osiris Rodríguez Castillos secundaron a la calandria oriental y abrieron camino para que en los años 60 la generación dorada del género, formada entre otros por Los Olimareños, Alfredo Zitarrosa, Daniel Viglietti y el Sabalero, terminara de delinear un cancionero uruguayo. Fue, sin dudas, el momento de mayor auge del folclore nacional, en sintonía con lo que pasaba en el resto del continente. Esa ola devino luego en lo que conocimos como Canto Popular, movimiento que seguía nutriéndose de lo folclórico, pero para el cual el mensaje político, de denuncia o protesta primero, y de resistencia después, pasó a ser el núcleo del fenómeno artístico. Este movimiento comenzó un paulatino declive con la reapertura democrática y, poco a poco, el repertorio folclórico fue abandonando los puños en alto y las metáforas encubiertas para volver a las vivencias criollas y los paisajes cotidianos.

Lo que no cambió en todo este período hasta entrado el nuevo siglo es la hegemonía masculina de la escena. Pero esa tendencia ha comenzado a virar en la última década: poco a poco, en las grillas de los principales festivales del país, circuito en el que vive y se desarrolla el género, las mujeres comienzan a ocupar espacios, ya no sólo como las anónimas bailarinas de ballet folclórico de primera hora, o como las “aspirantes a reina” de estos eventos; ahora lideran propuestas en los horarios centrales de la programación.

¿Quiénes son estas herederas de la centenaria Amalia de la Vega que están modificando la forma de hacer folclore, facilitando el cruce con otras músicas y explotando con naturalidad las nuevas tecnologías de la comunicación? ¿Por qué eligen un género que a primera vista no parece vinculado ni a jóvenes ni a mujeres? la diaria conversó con tres protagonistas de este asunto, menores de 30 años, que ya cargan con más de una década de camino recorrido.

La uruguayita

Ana Laura Valiente nació en Montevideo hace 29 años y dice amar el folclore desde niña, cuando la guitarra paterna en cantarolas familiares encendió el fuego. Su devoción era tal que solía llamar a las radios para pedir canciones y simular cantarlas frente al espejo, mientras imaginaba estar sobre las tablas del festival del folclore de Durazno –de donde proviene su familia–. Desde los 16 a los 18 años se presentó en 15 concursos musicales y ganó solo uno, pero asegura que la “cancha de concursar en tantos escenarios” la formó. Completó su educación artística con clases de canto y guitarra a cargo de Silvana Marrero, Valeria Lima y Carlos Benavides.

Hoy lidera una banda compuesta por ocho músicos con los que abarca un amplio estilo de lo que define como folclore latinoamericano. Milongas, chamarritas, chacareras, litoraleñas, zambas, carnavalitos y candombes, entre otros ritmos, son la base de un repertorio que mezcla obras propias y clásicas, en un justo equilibrio entre canciones lentas y movidas, “para que el público al que le gusta escuchar sentado pueda hacerlo, y para el que le gusta bailar también lo disfrute”.

La cantante asegura haber tenido la suerte de presentarse junto a la gran mayoría de sus referentes, como Larbanois & Carrero, Pepe Guerra, Carlos Benavides, Abel Pintos, Chaqueño Palavecino y, claro está, Soledad Pastorutti. Pero no con Mercedes Sosa, su gran referencia. Además de compartir coplas con los mencionados, este año tuvo el honor de participar en el mítico festival de folclore de Cosquín, invitada por el conjunto cordobés Los del Suquía.

Anita tiene dos discos en las bateas, En vuelo, de 2012, y La uruguayita, editado en 2017 y disponible en las plataformas digitales; ahora se encuentra en plena producción del tercero, que se llamará Revolución. Vale decir que el diminutivo no hace honor ni a su presencia escénica ni a su voz de frecuencia modulada.

Además de los escenarios –antes del confinamiento–, mantiene un vínculo cotidiano con su público por medio de las redes sociales, sobre todo en Instagram. En 2017 obtuvo el Premio Revelación en el Festival Nacional de Folclore de Durazno y al año siguiente el Charrúa de Oro, distinción que se entrega desde 1973 en ese encuentro, y que apenas en tres oportunidades (Amalia de la Vega, Flor de María Rodríguez de Ayestarán y Soledad Pastorutti) lo había recibido una mujer solista. Sueño cumplido.

Cantora

Guadalupe Romero tiene 26 años y es oriunda de la ciudad de Canelones, que en su momento fue fundada como Villa Nuestra Señora de Guadalupe. Al igual que su colega montevideana, se aquerenció con el género desde niña y aunque es abierta a cantar otras músicas admite que “un folclorito” la puede.

A los nueve años ya estudiaba canto y a los 14 comenzó su proyecto solista. Define su estilo como folclore pop, “un poco de tradición y un poco de sonidos contemporáneos”. Sus referentes evidencian esa identidad: Larbanois & Carrero, Numa Moraes, Mon Laferte, Rossana Taddei, Mercedes Sosa, Malena Muyala, Camila Gallardo, Gustavo Cerati, Lila Downs, María Graña, Rosalía. Y aunque en sus inicios cantaba covers, primero de autores nacionales y luego de extranjeros, con el tiempo se animó a componer; hoy en día su mayor repertorio es de su autoría. Para defender este espectáculo que integra milongas, cuecas, chacareras, carnavalitos, candombes, tikus y valses, armó una banda con la clásica formación beat de guitarras, bajo y batería.

Además de cantar y estudiar Fonoaudiología, Guadalupe da clases de canto; todo su universo gira alrededor de la voz. Sin embargo, también se hace tiempo para gestionar sus redes sociales, a las que les dedica el mayor tiempo posible ya que considera que “es importante estar conectada con la gente, y es la gran puerta para que el mundo sepa lo que hacés”.

Con dos discos editados, Canciones populares, de 2014, y el reciente Soy cantora, de 2019, sus proyectos a corto plazo pasan por defender esta placa y dar a conocer sus nuevas composiciones. Considera que el folclore está en una etapa de transición, en la que les toca a los jóvenes tomar la posta de los referentes. Y aunque asegura que hay mucho que hacer en materia de espacios para las mujeres, define este momento como un “boom de cantoras”, lo que la regocija, ya que “es fruto de años de lucha para lograr que la mujer tenga un lugar, una voz y una visibilidad dentro de la escena”.

La sonrisa del folclore

Basta ver dos compases en vivo de Catherine Vergnes para saber por qué eligió ese apodo. Esta sanducera de 24 años empezó a estudiar guitarra a los siete por iniciativa de su madre. Desde entonces, fue “un camino de ida” y nunca dejó de estudiar y prepararse, tanto en lo académico como en la experiencia de actuación, actividad que empezó de manera profesional a los 14 años.

Define su estilo como folclore “expansivo”, es decir, que no se limita a lo tradicional. Para llevarlo a cabo comparte una banda que además de su voz y su guitarra incluye otra viola, bajo, acordeón y batería. Entiende que los ritmos más característicos de Uruguay son la polca y la milonga, ya que “no importa la circunstancia, allí donde tocás una de estas músicas la gente se enardece”. Aníbal Sampayo, Alfredo Zitarrosa, Santiago Chalar y Larbanois & Carrero, entre otros íconos uruguayos, son sus referentes, aunque también se nutre del folclore gaúcho de Rio Grande do Sul.

Catherine también es psicóloga pero no ejerce, ya que se dedica de manera exclusiva a su proyecto artístico; entre otras tareas, asume la gestión de redes y plataformas digitales, espacios que dan cuenta de su popularidad, ya que sus seguidores se cuentan por decenas de miles, al igual que las vistas a sus videos. “Las utilizo para difundir mi música y transmitir conocimiento de las costumbres y el cancionero folclórico uruguayo y de otros países latinoamericanos”, dice. Por esta razón, es habitual que la artista aproveche sus giras por el interior del país para grabar videos en cada localidad que visita e interpretar una canción de un referente de ese lugar, como hizo con Juan Lacaze y El Sabalero.

La ganadora del premio Revelación de la Fiesta de la Patria Gaucha 2019 se encuentra grabando su segundo disco, Soy campera, que sucederá a Cautivante (2015, disponible en Spotify). Su objetivo es continuar expandiendo su música para “seguir cruzando fronteras, desde lo terrenal a lo cultural”. Mientras tanto sonríe y canta.

Presente

Debido a la emergencia sanitaria y el aislamiento social recomendado, las tres cantoras se encuentran muy activas en las redes sociales, compartiendo canciones desde sus hogares y participando en festivales en línea. Es una buena manera de empezar a conocerlas desde casa, a la espera de que otra vez, en algún festival del país, un presentador anuncie la próxima actuación.

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