México ganó en su debut mundialista, pero la euforia quedó lejos de las imágenes que suelen acompañar a un anfitrión. En los bares hubo aplausos, algunos gritos y brindis, aunque todo bastante mesurado. Algunos puntos de las calles se llenaron de gente, pero no se vieron caravanas y mucho menos festejos interminables. El triunfo se celebró con una mezcla de alivio y expectativa, como si la verdadera prueba estuviera más adelante. Más que una fiesta colectiva, la victoria dejó la sensación de un entusiasmo contenido.
Fan Fest, el 11 de junio, en el Zócalo de Ciudad de México.
Foto: Luis Cortés, AFP
