Unas 5.500 personas colmaron el Teatro de Verano este miércoles con motivo de la novena etapa de la primera rueda del concurso. Gente hasta en las canteras, detrás del alambrado, y el cartelito de “entradas agotadas” que se colgó en las boleterías del templo de Momo por segunda vez desde que empezó el certamen.

La etapa convocaba de por sí, ya que, además de La Compañía (revista) y Los Rolin (humoristas), conjuntos que brindaron muy buenos espectáculos y que seguramente definirán su categoría, se presentaban dos murgas con grandes aspiraciones para este carnaval.

A segunda hora se abrió el telón para una de ellas, La Nueva Milonga. La “murga murga”, que llegó desde el Club Industria, partió la cantera –como se dice en la jerga carnavalera– con su fenomenal coro. El título se abrazó a una propuesta de línea y formato tradicionales, tanto que el espectáculo ni siquiera tenía nombre. Finalmente lo denominaron Cuplé, pero es sólo una excusa para transitar 45 minutos de mucho canto y vibra murguera.

Desde la dirección escénica de Rafael Antognazza hasta el toque de la batería, pasando por el brillo de sus solistas y la estética al estilo Unión, se sientan las bases de una actuación sin fisuras, reafirmando la vigencia y el sentir de una forma de hacer murga.

A Fabrizio Silvera, que llegó a la categoría este año después de ser figura en parodistas, el traje de cupletero le calzó a la perfección. El joven artista caricaturizó al presidente en el bloque de “Corsi y el Pancha Sánchez”, y a “El Crocante”, un personaje que disparó críticas a diestra y siniestra en el cuplé final.

“Agradecida por las palmas y el calor que no se olvidan/ se va La Nueva, por la risa y el color que se renueva”, canta la murga de Pastrana en el adiós, en el remate de una retirada contundente, escrita por Marcel Keoroglian, y que tiene de las mejores melodías de bajada de 2026.

La vara quedó alta, pero la otra murga que actuó en la noche del Collazo estaba preparada para responder a las expectativas. Doña Bastarda, [arrastrando alguna polémica en el inicio del carnaval, aprovechó para meter mechas sobre el final del medio, se paró como murga grande y redondeó una tremenda primera rueda.

Un show murguero sin desperdicio de principio a fin, donde la puesta en escena de Lucía García eleva todo lo bueno que el colectivo se propone a transmitir. Patria o tumba es, como lo definió Emiliano Tuala uno de sus letristas a la diaria, un espectáculo “irreverente, que mete el dedo en la llaga a la uruguayez”.

El destaque mayor estuvo, una vez más, en las intervenciones de Imanol Sibes, figura máxima del carnaval pasado, y que hace las veces de un José Gervasio Artigas moderno, irónico y desencantado a la vez. Sibes lleva el hilo conductor, y logrando la risa y el aplauso constantes, dentro de un espectáculo que hurga en la identidad nacional, la crisis de la educación y los conflictos a nivel mundial, entre otros temas.

Doña Bastarda, con “la murga como escudo y bandera”, salió muy bien parada de su primer pasaje por el Teatro de Verano, confirmando lo que se venía comentando en los tablados. La campeona del año pasado quiere repetir y tiene con qué.