A Uruguay llegan invasores de toda clase, que a menudo pasan tan inadvertidos como los extraterrestres infiltrados de las películas de ciencia ficción clase B. Aunque son muy diversos, estos invasores tienen características en común, como una gran resistencia, excelente capacidad de adaptación y el potencial de causar perjuicios económicos y daños ambientales.

Algunos llegan con invitación, contrariamente a lo que sugiere el adjetivo. Son traídos ex profeso, no por error, bajo la creencia de que su arribo reportará alguna clase de beneficio económico al país o al menos a quienes apuestan por ellos.

Si bien el mote de invasores tiende a colocar sobre ellos el peso de la responsabilidad, como si fueran una suerte de Genghis Khan modernos que sólo quieren anexar territorios, simplemente aprovechan las oportunidades que se les brindan. Más aún: para que las especies sean consideradas invasoras, su llegada debe ser mediada o facilitada por la actividad humana.

Consideremos por ejemplo los “invasores por invitación” del medio acuático, cuyos representantes más ilustres en Uruguay han sido ya citados en estas páginas.

Algunos están aquí por la promesa lucrativa de su carne, como la carpa común, la carpa herbívora, la tilapia, la rana toro -que como anfibio usa charcos y tajamares- o varias especies de esturiones. Otros fueron introducidos por su valor ornamental para los acuarios, como el pez dorado Carassius auratus o la rana africana de uñas (que hasta los años 70 se usaba en realidad como test fiable de embarazo en mujeres, una historia apasionante pero que excede los propósitos de este artículo). Hay también especies exóticas cuya presencia en Uruguay es casi desconocida por el público general, como el búfalo de agua -que pese a su nombre no invade el medio acuático- o la langosta azul.

Otros, sin embargo, son polizontes que nadie pretendió traer. Llegan a nuestro país colados en el agua de lastre de los buques de carga y, una vez instalados en estos ambientes, encuentran condiciones ventajosas que les permiten prosperar.

También entre estos últimos hay invasores afamados y cuyos daños conocemos bien, como el caracol Rapanna, la almeja asiática y el mejillón dorado. No son los únicos. Hay otros que tienen un potencial destructivo parecido pero muchas veces pasan inadvertidos durante muchos años, hasta que alguien pone el ojo en ellos y da la voz de alarma.

Uno de estos casos fue el de la medusa exótica Blackfordia virginica, originaria del mar Negro, cuya presencia en la Laguna de Rocha fue mencionada en estas páginas hace casi tres años. Esta medusa apareció inesperadamente en unos muestreos que hizo la bióloga Irene Machado, del Centro Universitario Regional Este (CURE) de la Universidad de la República (Udelar), durante los trabajos para su doctorado.

No fue la única especie exótica que apareció allí. Otro invasor que viene costando dolores de cabeza a varios países andaba por la vuelta, dentro del área protegida, y ha vuelto a registrarse varias veces desde entonces.

La pinta es lo de menos

El “rastrillaje” que Irene hizo frente a la Laguna de Rocha y dentro de ella tenía como objetivo el estudio de la comunidad de larvas de peces, de cangrejos y de camarones en esa área, tema de su tesis de doctorado. Coladas entre ellas, sin embargo, encontró larvas de una especie que desconocía.

Cangrejo _Rhithropanopeus harrisii_ en Miami, EE.UU. Foto: Oliver G. Jones (iNaturalist).

Cangrejo Rhithropanopeus harrisii en Miami, EE.UU. Foto: Oliver G. Jones (iNaturalist).

Cuando viajó con sus muestras a la Universidad Federal de Río Grande en Brasil (FURG) y comenzó a trabajar allí junto al biólogo brasileño Rony Vieira, especializado en larvas de crustáceos, pudo descubrir que el polizonte que estaba quedando atrapado en sus redes era en realidad un personaje de mala fama internacional: el cangrejo de lodo de puntas blancas (Rhithropanopeus harrisii).

No hay que dejarse engañar por el tamaño reducido y poco impresionante de este cangrejito. Nativo de la costa Este de Norteamérica, es una especie omnívora y altamente resistente a rangos amplios de temperaturas y salinidad, que ha logrado establecer exitosamente poblaciones en Europa, Asia, la costa oeste de Norteamérica, América Central y Sudamérica.

Su habilidad para colonizar estuarios, sobre todo, se debe a una estrategia de vida que desarrolló en su etapa larval. “Para permanecer dentro de los estuarios, las larvas de esta especie tienen un ciclo de migración vertical en el que se aprovechan de las corrientes. En los estuarios, el agua no está quieta. En determinados momentos hay una corriente saliente y en otros hay una corriente entrante”, explica Irene.

Las larvas de este cangrejo no pueden nadar contra corriente, pero son capaces de detectar el movimiento de las aguas y actuar en consecuencia. “Cuando las aguas son salientes, se van al fondo, donde la corriente es menor y no los afecta tanto; y cuando el agua es entrante, suben y así logran mantenerse dentro de los estuarios. Por eso son tan buenos para colonizarlos”, agrega Irene.

La mayoría de nuestras especies de cangrejos no actúan así. Por el contrario, las larvas aprovechan la corriente saliente para escapar de los estuarios a la zona costera, porque necesitan de mayor salinidad en su etapa de crecimiento.

Como veremos más adelante, este pequeño cangrejo ha demostrado ser un problema en varias partes, pero son pocos los estudios sistemáticos sobre sus poblaciones y escasísimos los reportes en Sudamérica. Apareció en la Laguna de los Patos, en Brasil, en 1982, aunque recién en 1998 se registró formalmente su presencia.

“Por eso la primera cuestión para nosotros era elaborar un trabajo que mostrara que está en Uruguay y describiera en detalle lo que está ocurriendo con esta especie”, dice Irene.

Ese es justamente el trabajo que acaba de ser publicado en Ocean and Coastal Research y que lleva la firma de Irene Machado, Soledad Pasquariello y Lorena Rodríguez, del Departamento Interdisciplinario de Estudios Costeros y Marinos del CURE de la Udelar, Rony Vieira, del Instituto de Oceanografía de la FURG, y Danilo Calliari, de Ecología y Oceanografía Marina de la Facultad de Ciencias de la Udelar. En él, alertan sobre una potencial invasión en ciernes que quizá esté más avanzada de lo que creemos.

Harrisii el sucio

Los sondeos en los que fueron encontrados los primeros ejemplares de Rhithropanopeus harrisii en Uruguay se hicieron entre febrero de 2016 y febrero de 2017. En ese período Irene y sus colegas hicieron 15 muestreos en cuatro sitios dentro de la Laguna de Rocha y en dos sitios en las aguas costeras adyacentes.

Las larvas de esta especie fueron halladas únicamente en las aguas costeras, no dentro de la Laguna de Rocha, en tres de los 15 muestreos que se realizaron durante el verano y el temprano otoño de 2016. Las densidades variaron entre 1,5 y 215 individuos en 100 m³.

Irene Machado en laboratorio del CURE.
Foto: gentileza de Irene Machado.

Irene Machado en laboratorio del CURE. Foto: gentileza de Irene Machado.

La máxima abundancia de ejemplares fue observada antes de la apertura de la barra de la laguna en otoño, aunque luego de esta la cantidad decreció notablemente (la barra de arena que separa la laguna del océano se abre artificialmente en algunos períodos para mantener su funcionamiento ecosistémico).

Sabemos, entonces, que las larvas de este cangrejo se encuentran en aguas marinas protegidas al menos desde 2016. Para peor, volvieron a aparecer en muestreos realizados en 2020 y 2021, no incluidos en este trabajo, lo que deja claro que lo de 2016 no fue casualidad.

Que no se hayan detectado las larvas aún dentro de la laguna y que su abundancia haya decrecido drásticamente tras la apertura de la barra parecen buenas noticias dentro de este panorama preocupante, pero Irene aclara que 2016 fue un año inusual, con una gran mortandad de varias especies a raíz de las fuertes inundaciones registradas.

Este conocimiento puede ser relevante a la hora de decidir el manejo de apertura de la barra para controlar a la especie, pero este cangrejo ha demostrado una tolerancia tal a las bajas salinidades que en otros países se lo ha registrado incluso en lagunas sin conexión alguna con el océano.

“La presencia de larvas de R. harrisii sugiere dos posibles escenarios. La especie puede estar reproduciéndose a lo largo de la costa atlántica uruguaya o puede haber sido transportada por corrientes de la Laguna de los Patos, aunque este último escenario es menos probable. A pesar de que sus abundancias absolutas y relativas son bajas en comparación con otras especies de cangrejos, y de que sólo fue hallada en su fase larval, este descubrimiento sirve como un indicador temprano de la presencia de esta especie en esta área”, advierte el trabajo.

La aparición del cangrejo en aguas atlánticas rochenses no sólo es riesgosa para el área protegida de la Laguna de Rocha. Los autores señalan que la costa atlántica uruguaya podría servirles como corredor biológico y facilitar su dispersión a otros lugares de importancia económica y ecológica, como el estuario del Río de la Plata, además de lagunas costeras y subestuarios de Argentina y Uruguay.

El trabajo lanza entonces una “alerta” temprana que nos lleva directo a dos preguntas clave: qué consecuencias puede tener la expansión de esta especie en la región y qué sería conveniente hacer ante esta posibilidad. Los antecedentes delictivos de Rhithropanopeus harrisii en el extranjero son suficientes como para prestarles mucha atención.

Un prontuario complicado

Al igual que otros invasores exitosos en la región, las larvas de este cangrejo de lodo llegaron a Uruguay probablemente con el agua de lastre de los buques de carga. A su lista de virtudes hay que sumarle la paciencia que ha demostrado en sus procesos de conquista. “Las experiencias en otros lugares nos dicen que la especie puede estar mucho tiempo antes de pasar por una fase de expansión y colonizar otros ambientes rápidamente. Eso, por ejemplo, ocurrió en el mar Báltico”, cuenta Irene.

La experiencia de este cangrejo en el mar Báltico resulta de interés especial por varios motivos. Primero, porque es uno de los pocos lugares donde se pudo estudiar sistemáticamente el ambiente antes y después de la colonización de la especie, y entender así los cambios que provoca. Segundo, porque el mar Báltico es un estuario con características similares al Río de la Plata.

Este cangrejo, que tiene predilección por los ambientes heterogéneos y túrbidos, puede encontrarse muy a gusto en el Río de la Plata y sus inmediaciones. Demasiado para nuestra conveniencia. “El rango diverso de hábitats a lo largo de esta costa, junto a las aguas turbias del Río de la Plata y sus descargas, crean condiciones favorables para el establecimiento de R. harrisii. Por lo tanto, es razonable esperar que la especie se establezca y se expanda rápidamente, similar a lo ocurrido en el Báltico”, apunta el trabajo.

Los efectos producidos en el mar Báltico y otras regiones no auguran nada bueno, aunque es imposible decir con certeza qué impacto tendrá en nuestras aguas. Si vamos a lo estrictamente productivo, en otras regiones se comprobó que este cangrejo obstruye cañerías industriales y también provoca daños a los pescadores al depredar directamente en las redes.

Desde el punto de vista ambiental, compite con especies nativas al alimentarse de las mismas presas y de este modo puede modificar la comunidad bentónica (asociada al fondo del mar), a veces reduciendo de forma notable la presencia de otras especies, como ha ocurrido en zonas rocosas de Finlandia. Esta competencia no se limita sólo a la fase adulta, porque las larvas también cazan presas activamente y se convierten así en un desafío para las larvas de otros cangrejos y peces cuando se encuentran en abundancia.

Estos cambios en la comunidad bentónica provocan otros efectos que son potencialmente preocupantes para nuestra región. “Todo lo que pasa en el fondo y en el sedimento repercute en la columna de agua; en los estudios hechos en el Báltico notaron que tras la introducción del cangrejo se constató una mayor cantidad de nutrientes en la columna de agua y una tendencia a que hubiera más fitoplancton y floraciones”, explica Irene.

Eso prende una luz de advertencia especial para Uruguay, que enfrenta problemas severos por la eutrofización de los cursos de agua, con eventos de grandes floraciones de fitoplancton y cianobacterias. “Potencialmente estos efectos de la especie podrían agravar esta situación en Uruguay, siempre y cuando los impactos sean los mismos acá; hay que pensar también que, en algunas de las zonas donde se establecieron, estos cangrejos tienen muy pocos depredadores naturales, algo distinto a lo que ocurriría acá”, agrega Irene.

Muestreo en Laguna de Rocha. Foto: gentileza de Irene Machado.

Muestreo en Laguna de Rocha. Foto: gentileza de Irene Machado.

Su presencia frente a la Laguna de Rocha, además, plantea una situación aún más delicada por tratarse de una zona de valor ecológico muy significativo, que integra el Sistema Nacional de Áreas Protegidas y el listado de humedales con relevancia internacional que elabora la Convención Ramsar. “Una de las características distintivas de esta laguna y área costera es el limitado impacto humano, caracterizado por la ausencia de costaneras que crucen la laguna y la baja densidad poblacional [...] lo que ha contribuido a la conservación de varias especies de cangrejos, como el cangrejo de juncal (Neohelice granulata), el cangrejo de las rocas (Cyrtograpsus angulatus) y el sirí (Callinectes sapidus)”, advierte el artículo.

Detectar tempranamente una invasión es la mejor forma para evitar sus perjuicios más graves, como sugiere el hallazgo de este cangrejo en su fase larval. El problema es que en este momento, igual que si se tratara de una versión crustácea de La guerra de los mundos, existe la posibilidad de que los invasores ya estén instalados en su fase adulta sin que nos hayamos dado cuenta.

Los infiltrados

Aunque aún no se reportaron adultos de esta especie en Uruguay, es posible que se encuentren ya en el lugar menos pensado: la colección científica del Museo Nacional de Historia Natural. Allí hay algunos ejemplares de cangrejos que aguardan clasificación y que, según le comentó a Irene el biólogo Fabrizio Scarabino, investigador del museo, pertenecen probablemente a esta especie.

Para corroborarlo, hay que hacer un estudio taxonómico detallado que requiere tiempo y personal disponibles. Ese es uno de los tantos trabajos que Irene quiere encarar de aquí en más para entender bien cuál es el grado de invasión de este cangrejo en Uruguay. “Es posible que haya ya adultos en aguas uruguayas. Esta especie está desde 1982 en la Laguna de los Patos, se ha esparcido por muchas partes del mundo y nosotros no la hemos estado buscando específicamente”, aclara Irene.

Hace poco armó un grupo de trabajo con investigadores que se especializan en la fase adulta de los cangrejos. Juntos, están buscando financiación para un proyecto que les permita explorar justamente en qué lugares está presente la especie en Uruguay y si ya hay ejemplares en el estadío juvenil y en el adulto.

“La idea ahora es entender cuál es el panorama al día de hoy e intentar determinar el estado actual de su distribución”, dice Irene.

Para eso, el proyecto prevé muestrear desde Santa Lucía hasta la Laguna de Rocha, que incluye todo el espectro de ambientes donde se podría esperarlo. Parte del trabajo consistirá también en analizar la estrategia que utilizan las larvas de este cangrejo en nuestras costas y compararla con la de las especies nativas.

Al mismo tiempo, otro de sus objetivos es asegurarse al menos una pasantía para analizar en profundidad las muestras que se han venido obteniendo y, en caso de ser posible, también los ejemplares adultos del museo que podrían corresponder a esta especie.

“El objetivo es meterle a este proyecto con la idea de que más vale actuar temprano que tarde. Si bien es difícil erradicar este tipo de especies una vez que se instalan, sí se puede hacer un control si formamos específicamente técnicos, guardaparques, ONG y personas interesadas en estos temas”, agrega Irene.

“Lo que nosotros tratamos de hacer es primero decir dónde está y luego hacer la capacitación para identificarlo y explicar dónde encontrarlo. Hasta ahí llega lo que podemos hacer”, afirma.

“Anticiparse y monitorear las potenciales consecuencias del establecimiento de R. harrisii es imperativo, ya que podría tener impactos importantes en la cadena trófica estuarina. Su detección en la costa uruguaya atlántica sirve como advertencia temprana para el manejo de invasoras. La acción rápida y la detección temprana son críticas para erradicar exitosamente especies acuáticas invasoras”, insiste con urgencia el trabajo.

Con este conocimiento generado como insumo, la responsabilidad de actuar en consecuencia corre ya por cuenta de las autoridades. Las invasiones biológicas, un fenómeno del que sólo adquirimos conciencia en las últimas décadas en Uruguay, constituyen una de las principales causas de pérdida de biodiversidad en el mundo, con impactos graves para el ambiente pero también para la economía. Teniendo en cuenta lo ocurrido en casos anteriores en Uruguay, el llamado de alerta por la amenaza que representa este pequeño cangrejo, paradójicamente, no debería tomarse con pinzas.

Artículo: First record of the potential invasive crab Rhithropanopeus harrisii (Gould, 1841) in the Uruguayan coast
Publicación: Ocean and Coastal Research (2024)
Autores: Irene Machado, Soledad Pasquariello, Rony Vieira, Danilo Calliari y Lorena Rodríguez.