Se considera que ambientes estresantes, sujetos a disturbios y con pocos recursos para el crecimiento vegetal, generan “filtros” en donde pocas especies sobreviven, presentando baja biodiversidad. Las puntas rocosas de la costa oceánica del Uruguay contradicen esta visión. Son sitios expuestos a altos niveles de salinidad, afectados por vientos, olas, temperaturas extremas y poca disponibilidad de agua dulce y tierra. Sin embargo, albergan una alta diversidad vegetal, con más de 600 especies de plantas registradas, lo que representa más del 20% del total de las especies reportadas para Uruguay.

Más aún, las puntas rocosas de la costa oceánica del Uruguay no sólo sustentan una alta diversidad vegetal, sino que además son el hogar de más de 50 especies bajo amenaza de extinción y que se consideran prioritarias para la conservación. Estos datos se vuelven aún más relevantes cuando se dimensiona que tales puntas rocosas costeras ocupan menos del 1% de la superficie del país.

Lejos de ser un problema, los patrones no esperados por una teoría son excelentes oportunidades para comprender mejor los mecanismos que determinan la biodiversidad. El desafío fue abordado en la tesis de doctorado de Patricia Mai, del Departamento de Ecología y Gestión Ambiental del Centro Universitario Regional Este (CURE) Maldonado de la Universidad de la República (Udelar). Allí, bajo la tutoría de Matías Arim, de ese mismo departamento, y Eduardo Marchesi, del Herbario Bernardo Rossengutt de la Facultad de Agronomía de la Udelar, se procuró identificar sistemáticamente los porqués de tan alta diversidad en un ambiente aparentemente inhóspito.

Ensambles vegetales y gradiente de  disturbios en las puntas rocosas de la costa Atlántica de Uruguay.

Ensambles vegetales y gradiente de disturbios en las puntas rocosas de la costa Atlántica de Uruguay.

Foto: Gentileza Patricia Mai

Un sustento para este desafío fue el notable acervo cultural disponible. Las colecciones vegetales de la Facultad de Agronomía, el Jardín Botánico de Montevideo y el Museo Nacional de Historia Natural le permitieron estimar la lista primaria de especies presentes y aspectos claves de su biología y sus preferencias ambientales. A esto sumó un riguroso diseño de muestreo y el relevamiento de la vegetación de Punta Ballena, La Pedrera, Cabo Polonio y Cerro Verde.

De todas partes vienen

La primera pista fue la cantidad de ecosistemas distintos que proveían especies a las puntas rocosas.

Imaginemos un ambiente que tiene todo para albergar múltiples especies, pero llegan pocas. Las que llegan se instalan y les va bien, pero la diversidad es baja, estando limitada por la baja dispersión de especies hacia la comunidad. Contrariamente, cuando muchas especies pueden llegar, la diversidad puede ser más alta. Incluso si hay especies a las que les va mal y se mueren más de los que nacen, la llegada constante de individuos les permite permanecer.

De las especies encontradas en las puntas rocosas, solo 40% son originarias de ambientes costeros (por ejemplo, propias de margen costero, zonas arenosas y rupícolas). El resto provienen de seis ecosistemas terrestres distintos (como el campo natural, bosques y matorrales, especies utilizadas en jardines, incluso especies de ambientes húmedos), algunos representados por numerosas especies. Esto plantea el problema de cómo especies de ecosistemas tan diversos logran coexistir en las puntas rocosas.

En buena medida, esto se debe a una zonación en la composición vegetal desde el mar hacia el continente. Las plantas de distintos ecosistemas encuentran diferentes microambientes con condiciones propicias en distintas regiones de las puntas rocosas. Esta zonación desde la costa hacia el continente y la alta heterogeneidad interna de estos ambientes explica cómo especies procedentes de distintos ecosistemas pueden coexistir.

La textura de las rocas, las vertientes de agua, diferencias en la exposición al mar y la acumulación o no de tierra determinan microambientes distintos. Y en ellos, diferentes especies encuentran condiciones propicias. Asimismo, los espacios con buenas condiciones para algunas especies están separados por barreras de piedra. Esto limita la competencia por luz, agua o nutrientes en esos espacios, permitiendo que distintas especies vivan en distintos lugares.

Punta rocosa en La Pedrera.

Punta rocosa en La Pedrera.

Foto: Patricia Mai

El último aspecto del ambiente que fomenta la diversidad son los disturbios. Las tormentas, vientos o sequías frecuentemente matan plantas o parte de ellas. Esto evita que especies competitivamente dominantes crezcan hasta excluir a otras especies. El impacto de los disturbios depende de la orientación, distancia al agua y microrelieves. En una tormenta, el efecto a pequeña escala depende de estas diversas condiciones, afectando a las especies de plantas según sus tolerancias.

Sin embargo, esto era parte de la historia.

La regeneración en la costa rocosa

Tormentas, bajas precipitaciones y olas de calor pueden dañar e incluso matar la parte expuesta de las plantas, y estas deben ser capaces de recolonizar las rocas o crecer nuevamente luego del disturbio. En otros sistemas, como los pastizales afectados por fuego, se ha encontrado que la capacidad de rebrote desde estructuras subterráneas es fundamental para mantener la diversidad. Este fenómeno no había sido analizado en afloramientos rocosos marinos y representaba un desafío interesante, pero prometedor.

El esfuerzo fue recompensado. Se encontró una notable diversidad de formas en que las plantas de los roqueríos pueden rebrotar luego de un disturbio. Las especies presentan diferentes estructuras especializadas subterráneas o al ras del suelo, como bulbos, estolones, rizomas enterrados o persistentes en las grietas de las rocas, raíces y tallos modificados para el almacenamiento de sustancias, entre otros.

Estas estructuras pueden o bien permitir recolonizar el ambiente expandiéndose superficialmente a partir de pequeñas porciones, o bien rebrotar a partir de estructuras enterradas en la tierra disponible o entre las grietas de las rocas.

Punta rocosa en Punta Ballena.

Punta rocosa en Punta Ballena.

Foto: Patricia Mai

Sin embargo, no todas las plantas tienen todas las mismas adaptaciones. De hecho, plantas con distintas estrategias de rebrote y colonización post-disturbio tienen un desempeño máximo en distintas partes del gradiente costa-continente. Por tanto, la combinación de especies con estrategias distintas para sobrevivir luego de los eventos extremos, a las que les va mejor en distintas partes del paisaje, permite que muchas especies coexistan en estos lugares de la costa.

Sitios a proteger

La investigación realizada permite documentar una alta diversidad vegetal con la presencia de numerosas especies de interés para la conservación, así como entender mucho mejor cómo se mantiene esta alta diversidad de plantas en las costas de rocas. Su excepcional diversidad depende de la llegada de especies desde diferentes ecosistemas, de la heterogeneidad del ambiente costero, de la diversidad de estrategias de crecimiento de las plantas,así como de la interacción de todo lo anterior con los disturbios y las condiciones dadas por la proximidad al ambiente costero.

La heterogeneidad ambiental en las puntas rocosas y la dispersión desde otras zonas cercanas son claves para mantener la alta diversidad que observamos. Si se reduce el área natural disponible y se pierde esta heterogeneidad, por ejemplo, urbanizando, creando jardines homogéneos y plantando árboles que frenan la dispersión de semillas, se pierden los mecanismos que mantienen la diversidad de la costa.

Si el aumento en la frecuencia e intensidad de disturbios con el cambio climático impacta sobre un paisaje homogeneizado, es posible que los disturbios dejen de ser un factor promotor de la biodiversidad y, por el contrario, pasen a ser una limitante. Preservar los ecosistemas de afloramientos rocosos costeros depende así de preservar su heterogeneidad interna y permitir su conexión con otros ecosistemas.

Los avances logrados en este doctorado permiten comprender y dar pautas para un manejo más adecuado de nuestros ecosistemas costeros, por ejemplo, limitando los cortes excesivos de pasto, regulando las especies utilizadas en jardines cercanos a zonas con vegetación natural (como es el caso de Punta Ballena y La Pedrera) y favoreciendo su conectividad con otros ambientes, pero no se limitan a estos. También aportan a la comprensión de la diversidad vegetal de roqueríos costeros en general y a los posibles efectos del cambio climático y las alteraciones antrópicas sobre ellos.

Punta rocosa en Punta Ballena.

Punta rocosa en Punta Ballena.

Foto: Patricia Mai

Los avances logrados en este doctorado permiten comprender y dar pautas para un manejo más adecuado de nuestros ecosistemas costeros, por ejemplo, limitando los cortes excesivos de pasto, regulando las especies utilizadas en jardines cercanos a zonas con vegetación natural (como es el caso de Punta Ballena y La Pedrera) y favoreciendo su conectividad con otros ambientes. Pero no se limitan a estos. También, aportando a la comprensión de la diversidad vegetal de roqueríos costeros en general y a los posibles efectos del cambio climático y las alteraciones antrópicas sobre ellos.

Tesis: Diversidad vegetal en sistemas rocosos oceánicos del Uruguay: mecanismos y procesos subyacentes (diciembre 2025)
Autora: Patricia Mai
Tutores: Matías Arim y Eduardo Marchesi.

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