Los uruguayos hemos mejorado el trato que dispensamos a los elefantes marinos (Mirounga leonina) que salen a descansar o mudar de piel en nuestras playas. Hace unos meses, un elefante marino anduvo interactuando con una pelota en el arroyo Maldonado, para solaz de un buen número de personas que se acercaron a observarlo y filmarlo. No fue lo ideal, pero es mucho mejor que lo ocurrido en 1953.

Ese año, un elefante marino fue noticia en la prensa uruguaya por meterse en el arroyo Las Piedras, un curso de agua “muy incómodo” para la especie y muy cercano a centros poblados, tal cual definió la publicación Mundo Uruguayo, que lo bautizó “el monstruo de Las Piedras”. El pobre animal pagó cara la osadía de abandonar el Río de la Plata e internarse aguas adentro en el país, porque fue ultimado a balazos, tal cual contó el mismo medio en un artículo titulado –no muy científicamente– “El trágico e injusto final del lobo que parecía morsa”.

La publicación tenía una forma bastante particular de informar sobre los encuentros con estos animales, ya que en una crónica anterior había asegurado que los elefantes marinos “son muy fáciles de cazar, porque, como ya hemos dicho, son animales perfectamente imbéciles, que carecen de todo instinto, incluso el del peligro”.

Este caso, al igual que muchos otros que se producen todos los años, como el mencionado del arroyo Maldonado u otro registrado hace un mes en la playa Ramírez de Montevideo, muestran que la presencia de elefantes marinos en las playas uruguayas, incluso en las muy concurridas, es un fenómeno corriente. Los elefantes marinos no “sorprenden” al aparecer en Uruguay, aunque este término se haya usado mucho este año.

Lo que sí resultó inédito fue el nacimiento de una cría de elefante marino en playas uruguayas. El nacimiento en Piriápolis de Francisca, como se apodó a este animal, fue el primero de esta especie del que tengamos registro en Uruguay y motivó un seguimiento mediático intenso, propio de estas épocas dominadas por las redes sociales y la abundancia de teléfonos celulares.

Los elefantes marinos no dan a luz en ninguna parte de nuestras costas. Por lo general, lo hacen en colonias ubicadas en islas lejanas –mucho más tranquilas que el centro de Piriápolis– como las Malvinas, Orcadas, Shetland, Sándwich del Sur y otras, aunque la colonia reproductiva más cercana a Uruguay está en el continente, en Península Valdés (Argentina). Llamó tanto la atención que naciera aquí una cría, que no faltaron especulaciones e hipótesis sobre el porqué de este hecho en medios locales e internacionales.

Nada mejor para aclarar los tantos que la reciente publicación de un artículo que indaga justamente en los nacimientos y abortos de pinnípedos (superfamilia de mamíferos carnívoros que incluye a lobos, leones y elefantes marinos, entre otras especies) por fuera de las colonias reproductivas. Si bien se trata de un trabajo centrado en las costas del sur de Brasil, repasa los antecedentes de las últimas décadas en la región y cuenta con la participación de una especialista uruguaya: la bióloga Valentina Franco Trecu, del Departamento de Ecología y Evolución de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República.

Con Valentina hablamos de las conclusiones del trabajo y lo que nos permite entender sobre el caso Francisca, pero también de las reacciones que generó su nacimiento y lo mucho que queda aún por aprender en la interacción con animales silvestres en nuestras playas.

Gracias, Paca

Los lobos marinos (Arctocephalus australis) y los leones marinos (Otaria flavescens) suelen ser más conocidos para el público uruguayo porque tenemos colonias reproductivas en nuestro territorio. Quizá por eso ocurre que cuando aparecen elefantes marinos juveniles se los confunde a veces con estos animales.

Haciendo honor a su nombre, los elefantes adultos se distinguen por su imponente tamaño y su característica trompa (probóscide), pero una forma sencilla de distinguirlos de sus parientes cuando son juveniles es mirar sus orejas y sus miembros posteriores. Los elefantes marinos, al igual que el resto de los fócidos, no tienen orejas desarrolladas como los lobos y leones (que son otáridos). Además, a diferencia de lobos y leones marinos no pueden usar sus miembros posteriores para desplazarse por tierra porque están orientados hacia atrás, lo que los obliga a moverse más reptando que caminando, usando sus aletas anteriores para impulsarse.

Hay motivos de peso para que estos animales no nazcan en nuestras costas. “Los sitios que eligen para criar, o sea, para parir y amamantar a las crías, en general son aislados. Las colonias están ubicadas en zonas difíciles de acceder para los seres humanos, y por lo tanto son lugares tranquilos. No hay presencia humana, ni impacto sonoro o de animales domésticos que interfieran”, comienza diciendo Valentina Franco.

La razón principal, sin embargo, es otra. “Es en esas colonias donde están los machos de elefantes marinos defendiendo los territorios. Las hembras, una vez que destetan a las crías, copulan para quedar preñadas para el año siguiente”, agrega. Queda claro entonces que una hembra que pare en un sitio donde no hay una colonia interrumpirá su ciclo reproductivo, ya que lo hará en un lugar sin machos. Por su parte, es difícil que un macho de elefante marino, animales que forman grandes harenes de hembras, venga a defender su territorio aquí, porque el instinto lo lleva a los lugares donde la especie lleva muchísimo tiempo encontrándose y reproduciéndose.

Tal cual amplía el trabajo, la mayoría de las especies de pinnípedos se reproducen en “colonias consolidadas que ofrecen hábitats protegidos, sustratos estables y disponibilidad confiable de presas”. Sin embargo, los nacimientos más allá de su área de distribución habitual, aunque son raros, ocurren y pueden proporcionar información valiosa sobre estas especies.

Los autores de este artículo, liderado por el brasileño Renan de Lima, del Instituto de Oceanografía de la Universidad Federal de Río Grande (Brasil), se dedicaron justamente a recolectar datos de nacimientos y abortos ocurridos por fuera de colonias reproductivas en las últimas décadas en las costas del sur de Brasil, pero con atención también en los datos de Uruguay y Argentina. No se menciona el caso de Francisca porque el artículo fue publicado días antes de su aparición (y remitido a la revista científica mucho antes, en marzo de 2025).

Seis elefantes se balanceaban...

Con respecto a los elefantes marinos, la especie que nos interesa en esta ocasión, los investigadores encontraron seis registros de nacimientos de crías en la región, aunque muy separados en el tiempo. En Brasil hubo uno en 1985 (en Río Grande del Sur) y otro en Garopaba, un poco más al norte, en octubre de 2024.

En Argentina hubo un caso en la provincia de Buenos Aires en 1992 y luego otros tres nacimientos más o menos al mismo tiempo que el episodio de Garopaba. Se produjeron entre setiembre y octubre de 2024 en Mar Chiquita, Mar de Ajó y Villa Gesell. En Uruguay, como ya dijimos, no había casos registrados. Hasta ahora.

¿Por qué se produjeron estos nacimientos de elefantes marinos fuera de colonias reproductivas y qué nos dicen sobre el caso Francisca? No hay una única explicación porque los contextos en que se produjeron fueron muy distintos.

“Las madres jóvenes e inexpertas pueden malgastar el esfuerzo reproductivo en hábitats desconocidos o inadecuados, ya sea por falta de experiencia o por desorientación. Las hembras de pinnípedos también dependen de una sincronización precisa para llegar a los sitios de cría”, señalan los autores, que creen que eso fue lo que ocurrió en el nacimiento registrado en Brasil en 1985. “Al no poder sincronizar la duración de la gestación con la distancia a sus áreas de reproducción –algo más difícil para las madres primerizas–, es posible que se vieran forzadas a parir en la playa más cercana como estrategia de supervivencia”, agregan.

Sin embargo, la explicación más probable es otra para los cuatro nacimientos de elefantes marinos que se dieron entre setiembre y octubre de 2024 en Brasil y Argentina, toda una rareza estadística. La epidemia de gripe aviar, que provocó consecuencias graves en la colonia de Península Valdés en 2023, pudo haber jugado un papel. La población de elefantes marinos allí “sufrió un fracaso reproductivo catastrófico en 2023, perdiendo más del 90% de sus crías a causa del virus”. “El brote también provocó que los adultos abandonaran la colonia antes de lo habitual y condujo a la disolución temprana de las estructuras sociales y reproductivas”, agrega el artículo.

Valentina Franco Trecu (archivo, noviembre de 2021).

Valentina Franco Trecu (archivo, noviembre de 2021).

Foto: Ernesto Ryan

“Estos patrones inusuales podrían reflejar una respuesta adaptativa al reciente evento de mortalidad causado por la gripe aviar. Los individuos podrían haber redirigido su esfuerzo reproductivo para reducir el riesgo de enfermedad o evitar colonias de alta densidad, especialmente si una exposición previa ha alterado su percepción de la idoneidad del hábitat”, prosigue, aunque aclara que falta más evidencia para confirmar esta plasticidad de los animales en la respuesta a ese tipo de eventos.

En el caso de Francisca, ¿qué puede haber ocurrido?

Richard Tesore, responsable de la organización SOS Rescate Fauna Marina, dijo a la cadena CNN que la respuesta de la especie, al haber sido golpeada por la gripe aviar, es “desparramarse”. “A eso hay que sumarle que en la zona sur de Argentina están haciendo prospecciones petroleras también”, agregó.

Ninguna de estas dos hipótesis, sin embargo, parece tener respaldo en evidencia. “Los cuatro casos de nacimientos fuera de las colonias de 2024 pueden haber tenido que ver con la alteración ocurrida el año anterior por el virus, que hizo que se desestructurara todo. Las hembras, al perder la cría, se iban antes. Pero por los datos que tenemos, la temporada 2024 en las colonias fue bastante similar a lo que era antes de la gripe aviar”, apunta Valentina.

“Creo que probablemente haya sido sólo una hembra primeriza que le erró de lugar. Entre que son destetadas y tienen su primer evento reproductivo, las hembras de esta especie tienen una etapa juvenil en la que son errantes. Las que paren por primera vez deben aprender a hacer un cálculo para llegar a las colonias reproductivas a tiempo, y eso es también un proceso de aprendizaje”, agrega.

Con respecto a la incidencia de prospecciones sísmicas en la aparición de este elefante marino, cree que son conclusiones apresuradas y sin fundamento. “Está todo mal con las prospecciones y podemos estar en contra de que se hagan, pero hagámoslo con argumentos sólidos y no nos agarremos de este tipo de cosas, que pueden llegar a ser contraproducentes. Tenemos que defender nuestra posición con argumentos firmes y evidencias que surgen de estudios en otros lugares. Decir cosas no probadas puede hacer perder credibilidad a esa lucha”, sostiene Valentina.

Rumbeando pa la colonia

En las semanas posteriores al nacimiento de Francisca se informó también que otra cría de elefante marino había aparecido en las cercanías de Piriápolis, caso que sumado al anterior fue visto como indicio o confirmación de una anomalía.

“Esa fue una información errónea. Ese animal, del que inicialmente se dijo que era una cría, en realidad era un juvenil que estaba haciendo la muda de piel de adulto. Probablemente tendría un año, y en ese período no crecen tanto respecto a cuando son destetados, porque están aprendiendo a cazar. Pero es normal que salgan juveniles en Uruguay a hacer la muda”, dice Valentina.

En la nota de CNN, Tesore dijo que esa aparición representaba un desafío para ver qué está pasando con los elefantes marinos en Uruguay, “si nos vamos a transformar en una nueva colonia de elefantes marinos o simplemente es algo transitorio”. En otra entrevista, con Montevideo Portal, afirmó que desde lo ocurrido con Francisca “han aparecido decenas de elefantes marinos en la costa” y que “vendrán más”.

En la investigación llevada a cabo por Renan, Valentina y sus colegas, se aclara que “aunque estos eventos podrían preceder la formación de nuevas colonias bajo condiciones favorables, la reproducción exitosa generalmente depende de la selección de hábitats adecuados –por ejemplo, áreas protegidas con sustratos estables, pozos de marea y la presencia de miembros de la misma especie (importantes para la termorregulación de las crías)–, así como del acceso a recursos alimenticios predecibles”. Casi todo esto parece faltar en la costa uruguaya.

“Todo lo que ocurrió con los elefantes marinos en Uruguay este año fue común, menos el nacimiento. Y el nacimiento fue uno solo, por lo que si se quiere sacar conclusiones habrá que seguir viendo qué pasa en los próximos años e investigar”, afirma Valentina.

Es cierto que luego del caso Francisca hubo mucha atención puesta en los elefantes marinos que visitaron nuestras playas este año, pero mayor repercusión no significa que haya habido cambios. “Se les ponía nombre o se especulaba si eran hembras por parir”, dice Valentina. Sin embargo, asegura que de acuerdo a los datos de la Red de Varamientos Uruguay, que lleva adelante la bióloga Diana Szteren, el número de registros de esta especie en Uruguay en 2025 fue similar al de años anteriores.

“Es súper normal que las hembras, ya sean juveniles o en edad reproductiva, después de parir y de destetar a sus crías vengan a playas de Uruguay a descansar en medio de su migración alimenticia o a mudar la piel. Es común que salgan a las playas, y lo que hay que hacer es dejarlas tranquilas, no intentar devolverlas al mar. Siempre fue así. Lo que quizá pasó ahora fue que este evento hizo visible algo que para un montón de gente era desconocido, entonces se publicaron más imágenes, se replicaron más, se habló más, y por eso dio la impresión de que aumentó la cantidad de elefantes que vienen acá”, apunta.

Eso nos lleva directamente a otro tema de discusión en torno a la presencia de esta cría de elefante marino: las reacciones que generó en el público, los medios y organizaciones, en un mismo paquete que trajo cosas buenas y malas.

El show de doña Francisca

“Esta pobre elefanta eligió horrible: Piriápolis, un balneario que tiene una franja costera muy chiquitita con una rambla súper concurrida, llena de comercios y un montón de ruido. Aparentemente había salido en otros lugares, pero la gente la hizo volver al agua y terminó saliendo ahí y pariendo ahí”, cuenta Valentina. Es algo así como el equivalente de una parturienta que intenta llegar al hospital a dar a luz con cierta tranquilidad y se ve obligada a parir en pleno 18 de Julio, a la vista de todo el mundo.

A partir del nacimiento de la cría se produjo una suerte de reality show con actualizaciones periódicas, en el que la gente pudo seguir paso a paso el periplo de madre y cría hasta que la primera partió al mar (como ocurre normalmente después de un período breve de lactancia, en comparación con otros pinnípedos).

Ese seguimiento tuvo dos caras, opina Valentina. En primer lugar, está el aspecto positivo: mucha gente se apropió del evento y se embanderó con la causa. “Un fenómeno como este se puede aprovechar para concientizar a la gente en general, para que aprenda sobre los elefantes marinos, los cuidados que hay que tener y la importancia de mantenerse alejados. Gracias a esto, ahora hay mucha gente que sabe que la lactancia de los elefantes marinos dura aproximadamente un mes, por ejemplo, entre otras cosas”, dice.

“Pero más allá de todos esos esfuerzos, creo que hubo mucha gente que respondió más a una necesidad personal de ver a la cría y sacarle la foto que al bienestar de los animales. Yo pasé a cierta distancia del lugar un día y vi una cantidad impresionante de gente, muy cerca de los animales y haciendo un barullo tremendo. Entiendo que era una novedad y que la gente se apropió del hecho, pero lo que había que hacer era no ir. Si querías darle un real cuidado a la elefanta y a la cría, lo importante era que nada interrumpiera su tranquilidad, para evitar que la hembra se fuera antes de que la cría terminara la lactancia en forma eficiente”, dice Valentina. En el trabajo se menciona justamente la perturbación humana como uno de los factores de riesgo en nacimientos fuera de las colonias, ya que puede alterar el vínculo entre madre y cachorro e impactar negativamente en la supervivencia de la cría.

Además, criticó que se armara “una suerte de circo alrededor de la cría y se usara en beneficio de algunas organizaciones, cuando en realidad lo que se necesitaba era sólo hacer un cordón para que la gente no pasara”. En ese proceso, se hizo una “humanización tremenda” de Francisca, lo que colaboró en que se les pusiera “una carga humana a algunas conductas que nada tienen que ver con lo que acontece de manera natural en esta especie”. Por ejemplo, muchas publicaciones hablaron de abandono de la madre, cuando es la conducta usual que partan al mar pasado el tiempo normal de lactancia.

“Falta quizá hacer un trabajo más fino de difusión, que es la concientización de que la mejor manera de colaborar es dejar al animal tranquilo. Entiendo que nadie se esperaba esto y que se hizo lo que se pudo en un lugar poco favorable, pero queda eso pendiente”, agrega Valentina.

Al momento de escribir estas líneas, la cría sigue apareciendo en las cercanías de Piriápolis, pese a que se ha informado más de una vez que abandonó nuestras costas. “Le tocó nacer ahí y será un animal acostumbrado a la presencia humana y a las embarcaciones, porque también ha andado en el puerto. En eso será distinto a otros animales de su especie”, reflexiona Valentina.

Que ya no reaccionemos a los tiros cuando vemos un elefante marino en una situación vulnerable es buena noticia, pero eso no significa que todos los episodios del show de Francisca hayan sido positivos.

Artículo: Births and abortions in wild pinnipeds along the southern Brazilian coast
Publicación: Regional Studies in Marine Science (octubre de 2025)
Autores: Renan de Lima, Sérgio Estima, Paula Canabarro, Karina Groch, Fábio da Conceição, Silvina Botta, Valentina Franco, Julieta Cebuhar, Caio Soares, Carlos de Oliveira, Andrine da Silva y Larissa de Oliveira.