El fotógrafo Álvaro Pérez Tort ha visto muchísimos episodios de cópula de ballena franca austral (Eubalaena australis) en nuestras aguas. Desde que él, su colega Diego Rubio y otros compañeros comenzaron a seguir el viaje de estos animales, primero con sus cámaras fotográficas y luego también con sus drones, han registrado miles de horas de comportamiento muy variado.
Por eso era lógico que pensara que lo que vio en agosto de 2024, al revisar algunos de los videos filmados, fuera una cópula más entre macho y hembra, como tantas de las que se producen en el mar uruguayo. Cuando los dos animales se dieron vuelta en el agua y expusieron sus vientres a la cámara, sin embargo, se llevó una sorpresa. Había presenciado un intento de penetración, sí, pero entre dos ejemplares machos.
No se trató de un episodio único, como pudieron comprobar Álvaro, Diego y Victoria Bonnet de BallenasUy, grupo que crearon para el avistaje y divulgación de cetáceos en Uruguay. Una vez que comenzaron a observar con más detalle las imágenes, sabiendo ya lo que buscaban, se hizo evidente que interacciones de este tipo ocurrían con cierta frecuencia. Para eso fue fundamental que aprendieran a distinguir el sexo de los ejemplares de ballena franca austral, una tarea bastante compleja.
Los cetáceos son bastante reservados a la hora de exponer su aparato reproductor. La mayor parte del tiempo lo tienen “guardado” en su abertura o hendidura genital, una característica física que evolucionó en ballenas por una simple cuestión hidrodinámica: nadar con un pene de dos metros y los testículos más grandes del reino animal, como es el caso de la ballena franca austral, presentaría un desafío mayúsculo de navegabilidad.
Para distinguir un macho de una hembra hay que conocer entonces la ubicación de las aberturas genitales en cada sexo, así como identificar las hendiduras mamarias de las hembras. Como si fuera aquel gag de Benny Hill del hombre con peluca filmado de espaldas, el sexo de las ballenas sólo puede diferenciarse cuando se dan vuelta.
Intrigado, Álvaro se contactó con los biólogos Federico Riet y Paula Laporta en busca de más información. Federico reaccionó con escepticismo al comienzo, pero cuando vio las imágenes no tuvo dudas. Como especialista en cetáceos, tenía claro que la interacción sexual entre individuos del mismo sexo es un evento común entre estos animales. Su cautela se debió a que no se conocían, al menos hasta ese momento, imágenes de un intento de penetración entre machos de ballena franca austral.
De este intercambio entre dos biólogos y un grupo de fotógrafos y divulgadores de la naturaleza surgió una investigación que derivó en un reciente y muy revelador artículo. Firmado por Federico Riet, del Proyecto Ballena Franca Austral; Álvaro Pérez Tort, Diego Rubio y Victoria Bonnet, de BallenasUy, y Paula Laporta, del Instituto de Ciencias Oceánicas de la Universidad de la República y la asociación civil Yaqu Pacha Uruguay, el trabajo resalta el valor de nuestras aguas como campo de socialización para esta especie y nos mete de lleno en el fascinante mundo de la sexualidad animal.
La ballena y su contexto
Para entender cómo, por qué y de qué forma se dan estos encuentros sexuales entre machos de ballena franca austral en aguas uruguayas, hay que comprender primero su contexto reproductivo.
Los machos de ballena franca austral no pelean entre sí por el acceso a las hembras ni forman harenes, una escena recurrente en los documentales de fauna centrados en otras especies de mamíferos, como los elefantes marinos.
“Tienen un sistema de apareamiento llamado poliginándrico, que significa que un macho puede copular con varias hembras y una hembra copular con varios machos. La competencia aquí se da a través de la resistencia y la capacidad de maniobrar en el agua de los machos, pero sobre todo en otro espacio, que es el de la producción espermática”, cuenta Federico Riet. En otras palabras, el macho compite produciendo grandes cantidades de esperma con el objetivo de fecundar a la hembra y también desplazar el esperma de otros pretendientes, lo que explica el tamaño récord que han adquirido los testículos de esta especie.
Las hembras tienen algo que decir al respecto, además. Su rol no es pasivo, sino que eligen con quién aparearse y suelen favorecer a los machos de mayor edad y experiencia, un dato que conviene no antropomorfizar. Estas interacciones entre ballenas se dan generalmente en agrupamientos de varios individuos, llamados Grupos Activos en Superficie (SAG, por sus siglas en inglés), que son asociaciones temporales de dos o más ejemplares en estrecha proximidad y con contacto físico frecuente. La interacción no es exclusivamente sexual, aunque es predominante y puede ser intensa; se ha llegado a registrar incluso a dos machos copulando a la vez con la misma hembra.
A veces estas interacciones grupales se producen sólo entre machos, por lo general con participación de ejemplares juveniles. “Esto es común, porque en la sexualidad de esta especie hay bastante flexibilidad, por decirlo de algún modo”, aclara Paula Laporta. “Lo suyo es el poliamor”, bromea Álvaro Pérez Tort. Comparar las ballenas francas con una comunidad hippie a fines de los 60 parece sólo un chiste, pero tiene sus fundamentos, como se verá más adelante.
La interacción sexual entre ejemplares del mismo sexo, sin fines reproductivos directos, es común en la naturaleza. Durante muchos años, personas, grupos o instituciones que condenan la homosexualidad han defendido sus opiniones bajo el argumento de que la práctica sexual entre individuos del mismo sexo “no es natural” (el Catecismo de 1992 de la Iglesia católica usa exactamente esa expresión). Sin embargo, la evidencia de que disponemos nos indica exactamente lo contrario: se ha registrado con gran diversidad de conductas en miles de especies en la naturaleza; dentro de cetáceos, el tema que nos ocupa esta vez, se reportó en por lo menos 35 especies. La ballena franca austral es una de ellas, algo que ya se sabía, pero los cuatro episodios analizados en este trabajo lo muestran como nunca antes.
Franca potente
Durante la temporada de avistamiento de ballena franca austral de 2024 en Uruguay, el grupo BallenasUy registró un total de 866 avistamientos de esta especie durante sus monitoreos diarios, realizados entre mayo y octubre. Se incluyen allí los esfuerzos activos, como las filmaciones de drones mencionadas al comienzo, y sobre todo las contribuciones del grupo de Telegram del proyecto, que cuenta con más de 8.000 miembros y al que cualquier persona interesada en el tema puede sumarse. Muchos de los registros audiovisuales de las ballenas se logran justamente gracias a las observaciones que hacen sus participantes.
Fue en ese contexto en el que se identificaron en total cuatro eventos de actividad sexual no reproductiva, que conforman “el primer registro de material audiovisual en los que se produce la penetración de la hendidura genital entre machos adultos”, señala el trabajo.
Las situaciones en las que se produjeron estas interacciones fueron variadas y protagonizadas mayoritariamente por grupos de tres machos de ballena franca. En el primero de los eventos analizados, registrado el 18 de agosto de 2024, por ejemplo, un macho realiza múltiples intentos de penetración, pero es evadido por su compañero, mientras un tercer integrante del grupo permanece cerca, pero sin involucrarse.
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El segundo registro muestra una penetración completa por parte de un macho sin que haya signos de resistencia o evasión por parte del otro individuo.
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El tercer caso muestra a tres machos interactuando sexualmente, pero con distintos grados de participación. Dos tienen un contacto físico más directo, mientras un tercero, menos afortunado, “intenta unirse intermitentemente a la actividad sin obtener una respuesta aparente de las otras ballenas”, apunta el artículo.
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El cuarto evento registrado ocurrió en aguas de Punta Ballena y tuvo como protagonistas a dos machos, que aparecen en las imágenes con las aletas caudales entrelazadas. Poco después de que uno de ellos saliera a la superficie para respirar, el otro logra la penetración en la abertura genital.
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En los episodios mencionados se observaron también otras conductas de naturaleza sexual ya descritas para la especie, como “empujes, presentación genital, contacto o manipulación genital, erecciones y contacto del cuerpo de un individuo con el área ventral de otro individuo”, detalla el artículo.
“En ningún caso notamos una conducta agresiva ni un comportamiento de resistencia. Parecían interacciones sociales que en un momento fueron más allá, pero sin forzamiento y sin que los individuos huyeran. Se podía pensar perfectamente en comportamientos típicos entre un macho y una hembra, aunque en esos casos se suele observar otra energía, otro ímpetu”, cuenta Álvaro.
Su aclaración es atinada, porque no siempre esto es así entre cetáceos. En algunas especies de delfines, por ejemplo, se han reportado casos de machos que fuerzan sexualmente a hembras, a otros machos, a individuos de otras especies e incluso a animales muertos, un tipo de conducta que nos puede resultar chocante y que difícilmente vaya a inspirar una secuela de Flipper, pero que forma parte del comportamiento natural de estas especies.
“Que se hayan dado varias interacciones sexuales entre ballenas francas del mismo sexo, en una misma temporada y protagonizadas por individuos diferentes, nos muestra que es un comportamiento más común que lo que pensábamos, al menos en sus áreas reproductivas”, comenta Paula.
Entender por qué se producen estos encuentros entre individuos del mismo sexo es complejo, porque no podemos saber qué piensan y sienten los animales. Desde el punto de vista evolutivo, puede parecer paradójico que estas ballenas inviertan energía en un acto que no contribuye directamente a dejar descendencia, pero las investigaciones hechas en las últimas décadas, a las que se suma este aporte, nos están mostrando que las motivaciones de los animales no tienen por qué ser estrictamente reproductivas.
Educación sexual para ballenas
Si entender las motivaciones de una especie distinta a la nuestra ya es peliagudo de por sí, se vuelve más complicado aún cuando se trata de cetáceos. “Nosotros vemos lo que pasa en la superficie, una parte minúscula de la vida de las ballenas francas, y sacar conclusiones basándose sólo en eso es muy difícil; lo que nos queda es plantear hipótesis”, explica Federico.
En el artículo, los investigadores señalan que estos comportamientos “cumplen diversas funciones más allá de la reproducción directa”, que incluyen “práctica de habilidades reproductivas y aprendizaje; vinculación social y formación de alianzas; establecimiento de dominio y reducción de tensiones; conducta lúdica; placer y autoestimulación, y exhibición sexual”, entre otras, un resumen que no estaría fuera de lugar en la publicidad de un taller sobre sexualidad.
Las hipótesis que los autores plantean como más probables para las ballenas francas australes son la práctica y el desarrollo social, importantes para su sistema de apareamiento. “Nosotros nos inclinamos más por eso que por una cuestión de reforzar jerarquías de dominio, que es otra hipótesis planteada”, aclara Paula.
Estas interacciones “brindan oportunidades para desarrollar y evaluar el cortejo mediante la práctica mutua. Dado que los machos de ballena franca austral compiten principalmente a través de la resistencia física y su capacidad para posicionarse cerca de la hembra, en lugar de la agresión abierta, practicar las habilidades necesarias de nado, empuje, giro y maniobra es crucial para maximizar sus posibilidades de copular con hembras receptivas”, indica el trabajo.
En otras palabras, es posible que en nuestras aguas esté funcionando una gran escuela de educación sexual para ballenas francas, aunque hace falta más evidencia para sacar conclusiones firmes. Continuar las investigaciones es esencial para entender la “prevalencia, los mecanismos y la función última del comportamiento sexual no reproductivo en las ballenas francas”, concluye el trabajo.
Además de brindar la primera documentación audiovisual de penetración genital entre machos adultos de esta especie y aportar datos importantes para la comprensión de sus vínculos sociales y sexuales, el trabajo resalta la relevancia de nuestras aguas para las ballenas francas australes.
Ver para creer
“Desde BallenasUy vemos que Uruguay tiene una relevancia para la especie que no está valorada en su justa magnitud. Yo mismo cometí durante mucho tiempo el error de considerar que a Uruguay no había que mencionarlo mucho con relación a las ballenas francas australes porque no es una zona de cría, como Puerto Madryn en Argentina, pero lo que pasa aquí es otra cosa, tenemos una realidad distinta. Y parte de nuestra motivación es mostrar que es importante para su conservación”, asegura Álvaro.
Las aguas uruguayas son principalmente un área de socialización y reproducción para las ballenas francas australes. “Así como un sitio de cría es importante para que las ballenas francas sobrevivan y puedan crecer, también un sitio de reproducción es fundamental para que las hembras queden preñadas y luego puedan dar a luz”, agrega Paula. Los resultados de este trabajo son una evidencia más en ese sentido, al mostrar la complejidad de las interacciones sexuales que se producen aquí.
Los autores del artículo, sin embargo, creen que el paso de las ballenas francas por Uruguay no está suficientemente aprovechado y difundido, lo que quizá explique que no se lo considere tan relevante para su conservación. “Tenemos la gran ventaja de que son extremadamente costeras, y por lo tanto se puede hacer turismo de avistamiento desde la costa, sin necesidad de embarcarse y perturbarlas en épocas de reproducción. El Ministerio de Turismo viene apuntando en ese sentido, pero falta mucho”, dice Paula.
Hace también falta más investigación. Uruguay, como parte de la Comisión Ballenera Internacional, se ha comprometido a contribuir a la conservación y el conocimiento de la ballena franca austral, de la franciscana (Pontoporia blainvillei) y la tonina (Tursiops truncatus gephyreus). Sin embargo, ocurre a menudo que las investigaciones sobre estas especies se realizan gracias a la inversión de tiempo y dinero de científicos y personas apasionadas por la naturaleza, no del Estado.
Este trabajo es un buen ejemplo de ello. “Lo que se logró es resultado de que ellos están ahí, saliendo todos los días al campo, filmando una cantidad increíble de horas con sus propios equipos. Si yo, por ejemplo, me hubiera establecido como objetivo filmar esta interacción específica entre dos machos, hubiera estado años”, sostiene Federico.
Los resultados novedosos de este trabajo muestran que no sólo las ballenas francas australes sacan provecho de las sociedades que forman en nuestras aguas. Cuando científicos, amantes de la naturaleza y fotógrafos se unen para formar grupos activos con un objetivo en común, también puede haber aprendizaje y más de una sorpresa.
Artículo: Adult male-male non-conceptive sexual behavior of southern right whales (Eubalaena australis) at a mating ground in Uruguay, Southwestern Atlantic Ocean
Publicación: Marine Mammal Science (diciembre de 2025)
Autores: Federico Riet, Alvaro Pérez Tort, Diego Rubio, Victoria Bonnet y Paula Laporta.
El juego de la cédula de las ballenas
La colaboración entre biólogos, organizaciones civiles y ciudadanos apasionados por la naturaleza no empieza ni termina con este trabajo. Con el objetivo de aprovechar la enorme cantidad de información que los integrantes de los grupos BallenasUy y Fauna Marina Uruguay (como Leandro Borba y Luis Pereira) vienen recolectando desde hace al menos 13 años, se creó en 2025 el proyecto Identidad Franca, que tiene como objetivo la elaboración de un catálogo de fotoidentificación de las ballenas francas australes que pasan por Uruguay.
El proyecto es coordinado por Paula Laporta y lo integran también biólogos, fotógrafos y educadores ambientales de Yaqu Pacha Uruguay, BallenasUy, Fauna Marina Uruguay, Vida Silvestre Uruguay y Proyecto Franca Austral.
La “cédula de identidad” que permite diferenciar a las ballenas francas australes son las callosidades que estos cetáceos tienen en sus cabezas, que forman patrones únicos. Los responsables del proyecto están abocados ahora a la titánica tarea de analizar todas las imágenes y clasificar a los ejemplares registrados en nuestras aguas con base en esas marcas distintivas.
Por ahora, la iniciativa se sustenta con fondos provenientes de los distintos grupos que la integran, pero su objetivo es conseguir un financiamiento estable que permita concluir el trabajo, considerando que quedará como patrimonio para los gobiernos, organizaciones, instituciones e investigadores de la región.
“Tener este catálogo compartido nos permitirá confirmar qué individuos se repiten año a año en Uruguay y también compararlos con los que se registran en Argentina y Brasil, de modo de hacer un seguimiento más fino”, cuenta Federico.
Los drones han abierto nuestra mirada al mundo sexual de los cetáceos, mucho más diverso de lo que se pensaba décadas atrás, pero no son simples herramientas voyeuristas. En asociación con otras tecnologías, como el láser, están permitiendo a nuestros científicos y científicas realizar también otro tipo de investigaciones, como el estudio de la condición corporal de los ejemplares que nos visitan.
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