No hay que planificar todo en la vida con base en los pronósticos del tiempo ni limitar posibles aventuras por miedo a mojarse; es la forma más sencilla de perder grandes oportunidades. Si el fotógrafo de naturaleza Gastón Gerpe hubiera decidido hacer caso a los anuncios de tiempo inestable un 21 de abril de 2024, hoy no estaríamos contando esta historia, y él y muchas otras personas apasionadas por las aves y la naturaleza se habrían quedado sin un día que resultó inolvidable.

Gastón había organizado para ese día una salida de observación de aves como las que realiza con frecuencia, pero al ver que las condiciones del tiempo estaban “al límite”, decidió consultar a las personas anotadas y tantear si querían hacerla de todos modos. Todos estuvieron de acuerdo en salir y temprano en la mañana arrancaron su recorrida en las inmediaciones de Punta Ballena.

Para maximizar las chances de tener una buena experiencia observadora, Gastón suele organizar sus salidas en momentos y lugares que ofrecen mejores chances de toparse con una buena diversidad de especies, como las lagunas costeras (o la costa misma) en épocas de movimientos migratorios.

Cuando llegaron a Punta del Chileno, en Punta del Este, notó un ave cuyo vuelo y aspecto le llamaron la atención, aunque la vio mar adentro y no pudo distinguirla bien.

La observación de aves tiene una cuota importante de azar. Quienes se dedican a ello pueden contar las muchas veces en que sacaron su cámara luego de ver un ejemplar raro, posado en un lugar inmejorable durante un buen rato, solo para comprobar cómo el ave volaba en el momento exacto en que intentaban enfocarla. Y en otros casos la especie está lejos, demasiado como para que la vista o la tecnología puedan identificarla, pero decide acercarse a los fotógrafos (saber ubicarse también ayuda, vale aclarar).

Esto fue lo que pasó en esta ocasión. El ave que llamó la atención de Gastón voló hacia la costa, se posó exactamente delante de los observadores y dedicó un rato a acicalarse con tranquilidad, lo que permitió que todos le tomaran fotos y videos. El negro intenso de su cabeza y buena parte del cuerpo contrastaban notablemente con el blanco de las alas y la cola.

El fruto de ese encuentro en las costas de Punta del Este es la publicación reciente de un trabajo en la revista ornitológica Achará, firmado por el propio Gastón, Thierry Rabau e Ignacio Ferreira, que se convirtió en el primer registro para Uruguay de un ave hermosa pero un tanto desubicada en estas tierras.

¿Qué hacés, perdido?

Gastón no estaba seguro de qué especie estaba viendo y fotografiando ese día. Lo primero que pensó fue que se trataba de un gaviotín negro (Chlidonias niger), un ave que se ve raramente en Uruguay. “Pensé que quizá fuera ese gaviotín pero con un plumaje nupcial, con el que nunca aparece en Uruguay. No estaba seguro de eso, pero sí sabía que se encontraba dentro del rango de algo interesante para el país”, cuenta Gastón. Es decir, un ave que aparece muy pocas veces o que nunca fue registrada aquí. Resultó ser lo segundo.

“Le sacamos fotos y al rato se fue. A la vuelta de nuestro recorrido pasamos otra vez por el lugar a ver si había vuelto, más que nada para poder disfrutarla más, porque realmente era un ave linda de ver. Sé que proyectar apreciaciones estéticas en la naturaleza es algo muy humano y de hecho bastante discutible, pero es difícil evitarlo; hay aves que atraen por sus tonalidades de plumaje, sus comportamientos y hasta por su carisma o algo especial que tienen, que se nota incluso al verlas volar. También juega la falta de costumbre de verlas, si no son comunes acá, pero en este caso, en un día nublado como ese, nos maravilló el nivel de perfección y de detalles, como ese contraste tan lindo entre blanco y negro repartido en dos mitades. Fue lindo poderlo experimentar”, agrega Gastón.

Junto a Ignacio Ferreira, integrante del grupo Aves de Salinas que se encontraba presente en la salida, comenzó a indagar un poco más. Consultaron primero a un observador muy experimentado como Julio Castillo, también del mismo grupo. Fue Julio el primero en acertar en la identidad de la especie: el gaviotín ala blanca (Chlidonias leucopterus), nunca antes registrado en Uruguay.

Era lógico que ni Gastón ni Ignacio identificaran de buenas a primeras la especie, porque ese gaviotín estaba muy fuera de lugar en nuestro país.

“Es una especie euroasiática. Nidifica en el hemisferio norte, desde Europa del este hacia el este de Asia, llegando al extremo noreste de China y este de Rusia, aunque su distribución no es continua. En el invierno boreal las poblaciones más occidentales migran hacia África y las orientales hacia el sur de Asia y Oceanía (Nueva Zelanda, Australia, Nueva Guinea). Las Américas están excluidas de su rango de distribución, tanto a nivel reproductivo como no reproductivo”, explica Thierry Rabau, otro de los autores del trabajo.

En su zona de ocurrencia es una especie abundante y que no está en peligro, aunque, al depender en buena parte del forrajeo en distintos tipos de humedales, se enfrenta en Rusia y Ucrania a las amenazas de la desecación de estos ambientes con fines productivos.

Thierry, al igual que el gaviotín ala blanca, también vino volando desde Europa. Agrónomo de formación y naturalista de vocación, llegó a Maldonado desde su Bélgica natal a fines de los 80 por motivos familiares, interesado por las aves de la región y con el deseo de tener un pedazo de tierra propio que cultivar, y terminó convirtiéndose en un referente de consulta para la comunidad ornitológica local.

Cuando Ignacio le planteó a Gastón la idea de hacer un artículo científico para registrar por primera vez esta especie para Uruguay, ambos acudieron a Thierry para que les ayudara a dar forma a la investigación.

Llegaron visitas

¿Qué hacía aquí un ave que nidifica en Europa y Asia, y cuya área de invernada más cercana es África, a más de 6.000 kilómetros de distancia?

Su presencia en América es muy casual, pero no insólita. Tal cual informa el artículo, es un raro visitante errante en la costa oriental de Estados Unidos (principalmente desde finales de mayo hasta agosto) y ha aparecido accidentalmente también en el oeste norteamericano.

Ejemplares de la especie también visitan muy ocasionalmente la región del Caribe y algunas zonas de América del Sur. El gaviotín ala blanca ha aparecido unas poquitas veces en la Guyana Francesa, en Argentina y en Brasil, pero nunca tan al sur. Su aparición en Uruguay, registrada por este artículo, es la más austral del continente hasta ahora.

A los individuos de una especie que aparecen por fuera del área normal de ocurrencia se les llama errantes (en inglés, vagrants). Puede tratarse de ejemplares que se despistan (nada raro, teniendo en cuenta los enormes viajes de ida y vuelta que realizan), que son desplazados más de la cuenta por fenómenos climáticos (como fuertes vientos o tormentas) o que tienen una disposición más aventurera que sus pares, ya sea porque buscan alimentos o porque exploran nuevas tierras. Una cosa es segura: dan grandes e inesperadas alegrías a los observadores de aves con ojos atentos.

Por el motivo que sea, este individuo hizo un viaje impresionante para arribar a Uruguay. Se estima que pertenece a la población europea de la especie y que cruzó el Atlántico para llegar hasta aquí, en lugar de hacer el viaje habitual hasta África.

Su presencia en Uruguay es, por lo tanto, muy rara y casual, como señala el trabajo. Tal cual dice Thierry, el porcentaje de individuos de esta especie que llega a América del Sur es ínfimo y todo parece indicar que su presencia es accidental. “Pero igual está bien seguir las apariciones de esta especie en nuestra región, porque no se puede descartar que algún día haya una implantación, es decir, que una corriente mayor de ejemplares errantes forme alguna población. Además, en Nueva Zelanda (que está fuera de su área reproductiva) se registró una pareja nidificando, algo interesante”, aclara con cautela.

Hay antecedentes de implantaciones como las que menciona Thierry. Así ocurrió aparentemente con una especie de costumbres muy distintas, como la garza bueyera (Ardea ibis). Originaria de África, en algún momento un núcleo de individuos hizo el cruce hacia América del Sur y a partir de allí se formó la población que habita el continente, incluyendo Uruguay.

El artículo señala que estas apariciones raras del gaviotín ala blanca en nuestra región “provendrían de llegadas de ejemplares empujados por los vientos alisios desde Europa y/o África entre los 30° latitudes norte y sur”.

Este registro “se enmarca dentro del período de migración prenupcial de la especie”, lo que explica el plumaje tan distintivo que llamó la atención de Gastón e Ignacio. “Vaya uno a saber si esta especie no pasó ya varias veces frente a nuestros ojos con otros estados de plumaje, más similares al del gaviotín negro, y no nos dimos cuenta”, dice Gastón. Los datos recabados nos cuentan que la aparición del gaviotín en América del Sur es un fenómeno relativamente reciente, pero eso no significa que estén viniendo más ejemplares últimamente.

El ojo que mira

Los 14 registros de esta especie en América del Sur se dieron a partir de 2008. El primero para nuestro continente ocurrió ese año en Lagoa de Peixe, en Brasil, pero tuvo también como protagonistas a expertos uruguayos, lo que habla bien de la comunidad local de observadores de aves. Quienes lo vieron y fotografiaron en 2008 fueron Alfredo Rocchi y Guillermo Mondón (que también consultaron en su momento a Thierry) y lo registraron en un trabajo de 2010 junto con Joaquín Aldabe, todos del grupo Aves Uruguay.

Como apunta el artículo de Gastón, Thierry e Ignacio, la llegada del gaviotín ala blanca a Uruguay representa una evidencia más de que existen desplazamientos de individuos de esta especie hacia América del Sur. “Sin embargo, aunque el número de registros ha ido en aumento en las últimas décadas, su presencia en estas latitudes sigue siendo extraterritorial, fuera de sus áreas habituales de invernada africana, asiática y oceánica”, indica.

Que antes de 2008 nadie lo hubiera registrado para América del Sur se debe probablemente a una cuestión de sesgos en la observación, no a un cambio en el clima o en el comportamiento de la especie. “Seguramente debe haber aparecido antes, pero no había suficiente gente para verla o tanta tecnología disponible para sacar fotos. Que cada vez haya más gente dedicada a la fotografía y a publicar los registros ayuda mucho a generar material que nos permite discriminar entre especies. Antes de los años en los que se produjeron los primeros registros de esta ave, los aportes eran bastante escasos”, asegura Thierry.

También incide que no se suele ver lo que no se espera ver. Al observar una especie que no está registrada en el país, uno podría descartar la posibilidad de que se trate efectivamente de algo nuevo y pensar que es otra parecida, más común. Las aves, sin embargo, no leen las guías de aves ni son turistas preocupados por las políticas migratorias para ver cuáles países pueden visitar y cuáles no.

“Cuando uno empieza en esto considera las guías como una biblia, da por sentado todo lo que está allí. No las interpreta con la flexibilidad que tiene la naturaleza, que siempre es móvil”, dice Gastón. En ese sentido, agrega, este registro es bueno porque muestra que pueden producirse cambios o apariciones inesperadas. “Más en este momento del mundo, en el que se están produciendo dinámicas que hace que algunas especies amplíen y otras disminuyan su rango, en el que es muy móvil todo”, aclara. En este caso, es tan cauteloso como Thierry y señala que hay que esperar un buen tiempo para ver si este registro realmente es parte de algo más grande y no una visita accidental.

Uruguay te da la bienvenida

Ambos piensan que seguirán apareciendo nuevas especies de aves en Uruguay. “Si hace 15 años me preguntabas si iba a poder conocer más de 500 especies de aves en Uruguay antes de mi muerte, no lo habría creído. Bueno, no estoy muerto y ya estamos bastante pasados de ese número”, bromea Thierry.

Para Gastón, esto seguirá ocurriendo porque Uruguay tiene la fortuna de tener muchos ecosistemas que conviven a poca distancia y contar con la influencia de ambientes muy distintos, lo que lo vuelve un sitio ideal para el avistamiento de aves pese a su tamaño relativamente pequeño. Estas grandes oportunidades para una actividad cada vez más popular, como la observación de aves, viene, sin embargo, con sus responsabilidades.

“Hay mucho fanatismo ahora y a veces la actividad no está hecha con las mejores prácticas. La observación y la presencia continua de personas, en forma poco amigable con el entorno, no debe distorsionar las propias costumbres de las especies”, opina.

Las aves tienen problemas mucho más serios en el mundo que la distorsión provocada por una observación poco responsable, como él mismo admite. “Que alguien haga huir a un ave por acercarse demasiado no puede compararse con los impactos serios que están sufriendo los ecosistemas, pero se trata de transmitir una coherencia en el amor por la naturaleza, de forma tal de que los que vengan después no naturalicen ciertos hábitos; si uno puede disminuir ciertos impactos, mejor”, agrega. Esto aplica para otros grupos de animales, como quedó demostrado muy claramente en este verano con la presencia de elefantes marinos en la costa.

No es el caso de este gaviotín ala blanca, cuya aparición en Uruguay fue una rareza y al que la observación, por intensa que fuera, no podía representarle ningún riesgo en el país. Por eso mismo Gastón subió las fotos a la plataforma eBird con todos los datos de su ubicación, para ver si alguien más lograba apreciarla en esos días. “La alegría, cuando es compartida, es más linda”, acota.

No hubo suerte, lamentablemente. El gaviotín ala blanca se tomó los vientos, literalmente, y se desvaneció en el cielo plomizo de una tarde nublada de otoño. No ha vuelto a aparecer desde entonces, que sepamos, pero cuando lo haga habrá probablemente más personas atentas para reconocer sus vuelos enérgicos y su plumaje elegante.

Artículo: Primer registro del gaviotín ala blanca (Chlidonias leucopterus) (Temminck, 1815) en Uruguay: una nueva evidencia de desplazamientos de individuos en Sudamérica
Publicación: Achará (diciembre de 2025)
Autores: Gastón Gerpe, Thierry Rabau e Ignacio Ferreira.