Cada actividad de recuperación y puesta a punto del parque Roosevelt es de carácter participativo, lo cual implica el codiseño y la implementación conjunta, características que se buscan adrede: “Entendemos que trabajar de esa manera hace que el proyecto sea eficaz cuantitativamente, porque somos más pensando y destinando recursos y tiempo, pero también es más sostenible, que es lo que nos importa”, señala el director del predio, el arquitecto José Freitas.

De ese modo, cuenta que, dentro de un largo proceso, vienen llevando adelante varias acciones estructurales. Por un lado, intentan recuperar el ecosistema del lago, entre otras intervenciones que comprenden estabilizar las márgenes, controlar y devolver la fauna acuática y forestar con árboles nativos. Por otro, el viernes pasado iniciaron otro gran plan al instalar la mesa del programa interinstitucional forestal del parque, ubicado entre los bañados de Carrasco y la playa (ver recuadro).

Desde que Freitas asumió su cargo, a fines del año pasado, detectó prioridades “para atender un espacio tan grande, un ecosistema con tanta área. Es un tema cuantitativo abordar esta dimensión de 370 hectáreas y casi 350 es zona arbolada”. Resume que pueden delimitarse básicamente tres ambientes: los humedales, el bosque y la costa. “A partir de diciembre nos enfocamos en algunos proyectos clave: por un lado, los manejos forestales, el sotobosque; por otro lado, la recuperación integral y regeneración del lago, un ecosistema espectacular que nosotros llamamos ‘el parque dentro del parque’, porque es donde tenemos toda una infraestructura para paseos infantiles, juegos, y el lago estaba sin mantenimiento desde hace mucho tiempo”. Entonces, relata, se vivió un proceso de pérdida de vida, así como de la calidad del agua, y regenerarlo es complejo.

“Los dos proyectos que tienen que ver con la gestión ambiental los planteamos de manera participativa, en el sentido del codiseño de la acción, que por su escala no consisten solamente en invitar a la gente a hacer una plantación, sino en invitarla a un proceso de largo plazo. Trabajamos con una red inicial de actores, comisiones barriales o de organizaciones vinculadas a la temática. En el caso del lago está la Red de la Costa de Educación Ambiental, Fauna Libre Uruguay, Recea, los municipios de Paso Carrasco, Colonia Nicolich, Ciudad de la Costa, comisiones barriales y todos los centros educativos de la zona. Hay un trabajo muy fuerte con ellos. También están la Brigada de Ingenieros del Ejército Nacional y las diferentes áreas de la Intendencia [de Canelones]”.

Apropiación vecinal

“A nivel ciudadano se sabe del parque Roosevelt, pero uno va descubriendo que la población desconoce lugares espectaculares que lo componen”, se lamenta Freitas. “Eso tiene que ver, quizás, con que el parque adolece de la falta de una propuesta atractiva de contacto con la naturaleza”. De allí el énfasis en la reconstrucción colectiva como modo de acercar a la comunidad a sus valores. “Esa es, de alguna manera, la apuesta estratégica”, indica el jerarca, “de incluir este esfuerzo que implica sostener una participación permanente. Y nos ha ido muy bien”. Los números son elocuentes: las obras en el lago se realizan por ciclos de una semana de duración; comenzaron en mayo y en la primera etapa ya participaron 230 personas y en la segunda sumaron 500. Esta modalidad no se interrumpe. “La idea es llegar a la primavera con el lago en un estado diferente”, subrayó. “Pero como no son cambios rápidos, hay que trabajar y ser persistentes”.

Mientras el verde sigue su proceso, estos grupos ejecutan seis tareas simultáneas. Desde la génesis, el intercambio fue en equipo y luego hicieron convocatorias tanto para que se inscriban grupos como para que aquellos vecinos que deseen colaborar puedan acercarse. Los interesados pueden escribir al correo [email protected]

Las cuadrillas agendadas son recibidas con una propuesta que conjuga el enfoque educativo. “Luego de las primeras jornadas, lo que nos han transmitido, sobre todo los docentes de liceos, de Biología, Geografía y hasta de Educación Social, es que han visto la oportunidad de desarrollar una actividad práctica con los gurises en el parque, algo que nos entusiasma mucho, pero al mismo tiempo han podido utilizarlo con fines educativos. No es lo mismo hablar de la diversidad de los ecosistemas y explicarlo en un pizarrón que cuando uno entra a la isla y saca especies exóticas invasoras para liberar espacio para que entre sol. Ahí es preparar el suelo; este mes empezamos con la plantación de nativas para promover, justamente, un ecosistema más diverso. Además, se están integrando nidos artificiales para promover la fauna de aves. Viendo eso, entienden mucho más que en un ambiente teórico, y eso los docentes de centros públicos y privados lo están aprovechando muchísimo. Ha sido uno de los mejores resultados de estas actividades. No sólo avanzamos en la recuperación sino que ahí hay una especie de reproducción del conocimiento de los adolescentes con el ambiente. Es súper interesante porque genera apropiación y cuidado del lugar”, subrayó.

Parque Roosevelt.

Parque Roosevelt.

Foto: Difusión

Lo anterior se vincula directamente con el lema del espacio: Parque de los derechos de los niños y niñas. “El Plan Maestro tuvo que ver con la designación del parque de ese modo y está asociado a que en este lugar tratamos de promover eso. Aparte del nombre, es algo transversal a todas las actividades. Acá se busca asociarlas temáticamente a los meses, por ejemplo, a la diversidad o al Mes del Ambiente, el derecho a la vivienda, el Día del Juego... Es decir, nos ayuda a cumplir con los objetivos del parque, que es generar una reflexión en torno a los derechos, y lo usamos como excusa para organizar nuestro cronograma, a partir de un derecho generamos una actividad. Por ejemplo, en torno al lago existe un circuito de los derechos, con estaciones, con juegos que ayudan a los recreadores a hablar de ellos en el marco de un juego”.

Entre liberar y sostener

Listar las tareas planteadas es, por supuesto, más ágil que emprenderlas, como arroja una mirada en detalle a algunas de ellas: “La recuperación y regeneración del ecosistema tiene una tarea fundamental que es la que más esfuerzo nos lleva desde el punto de vista mecánico, que es extraer toda la vegetación flotante que tiene el lago; en enero encontramos completamente cubierto el espejo de agua, las seis hectáreas. Sacar esos miles de metros cúbicos es un esfuerzo muy grande con diferente tipo de maquinaria y luego con trabajo manual en tierra”, explica Freire.

Un paso puede, no obstante, enriquecer al siguiente. Por eso están experimentando distintas opciones de disponer en el suelo lo que retiran del agua: “Buscamos encontrar soluciones ambientales con la propia naturaleza. Es decir, aprovechar esos restos vegetales para generar con ellos procesos en el suelo árido y arenoso que tenemos en algunos lugares, para nutrirlo, agregar biomasa y prepararlo para luego recibir un árbol o que crezca césped”, indica. Al mismo tiempo intentan mitigar los procesos de erosión que sufren las márgenes del lago, donde muchas raíces de árboles lucen a la vista, por el propio drenaje causado por las lluvias y el arrastre de arena.

“La otra gran tarea es la isla, donde queremos avanzar en lo que consideramos como una reserva natural con una gran biodiversidad. Ahí estamos haciendo una propuesta de manejo, retirando sobre todo acacias y algunos pinos, para que haya lugar para promover otro tipo de flora nativa de frutos y un ecosistema intenso, una isla intensa en biodiversidad. Si bien tiene un puente flotante precioso, que es de la brigada de ingenieros, y nos está permitiendo acceder, lo retiramos y se volverá a colocar cuando hagamos las próximas jornadas”, aclara. No buscan colocar un puente permanente -únicamente en instancias especiales, como el avistamiento de aves- para que se preserve el espacio de la intervención humana. El director del parque aspira a que esa isla sea un lugar desde el que se reproduzca una fauna y una flora diversa hacia el resto del espacio.

La apuesta a largo plazo es sostener tareas de mantenimiento que controlen la expansión de algunas especies vegetales por medios naturales, como peces y totoras, que recuperen la calidad del agua y su oxigenación, más allá del trabajo mecánico inicial.

Espacio de articulación

El viernes pasado quedó instalada la mesa del programa forestal del parque, un objetivo común que venían planteando hace cuatro meses, que involucra al sector público y privado, es decir que allí dialogan organizaciones del ámbito social y empresarial, junto con sectores académicos, para definir un espacio de coordinación de acciones vinculado al patrimonio verde y a un mejor diagnóstico de la infraestructura que significan árboles, arbustos y plantas en general. Forman parte de este programa la Universidad de la República, a través del Departamento Forestal de la Facultad de Agronomía, y la Licenciatura en Diseño de Paisaje del CURE, más organizaciones barriales y ambientales, viveristas, el sector forestal y la Sociedad de Paisajistas del Uruguay, la Intendencia de Canelones y los tres municipios zonales, el Ejército Nacional, con la Brigada de Ingenieros 1 y veterinarios.

La meta es “desarrollar un plan de actuaciones de corto y mediano plazo que se pueda sostener en el tiempo, porque la escala del trabajo no la puede abordar la dirección del parque Roosevelt ni ninguna institución de manera individual, aislada, que es lo que se ha hecho hasta ahora”, recalca Freire, con ánimo de que se potencien las iniciativas. El director se refirió a la unión de todos estos actores para poder tener “un músculo de elaboración técnica pero también de ejecución, importante”, que incluye plantaciones y sustituciones, un impulso necesario.