Todo comenzó por las ganas de leer una novela que me hiciera reír. En una librería es fácil encontrar la “sección” de ciencia ficción, de thrillers, de biografías noveladas de damas de la alta sociedad del siglo XIX. Pero en la sección de humor apenas si están los chistes de Pepe Muleiro y un libro con artículos de Enrique Pinti. Así que le pedí ayuda a internet.

Buscando novelas de humor de los últimos años, descubrí que en mi (gigantesca) pila de libros sin leer ya tenía un título bastante recomendado por lectores alrededor del mundo. Era una novela gráfica, es cierto, pero por estos lares la historieta no es un género menor, sino directamente mi favorito.

Así que, un par de años después de que llegara a mis manos, me encontré leyendo ¿Podemos hablar de algo más agradable? Un libro de humor, sin dudas, pero también un libro de dolor. Casi siempre al mismo tiempo.

Su autora, Roz Chast, es una referente fundamental entre las historietistas estadounidenses. Tanto, que en un episodio de Los Simpson de 2017 en el que Lisa y Marge publican una novela gráfica, ellas dos comparten un panel con Alison Bechdel (Fun Home) y Marjane Satrapi (Persépolis). La moderadora del panel es Chast. Para muchos no será importante y otros dirán que Los Simpson murieron en 1998, pero es solamente para ponerla en contexto.

Mejor no hablar de ciertas cosas

El tema fundamental de esta potentísima historia es la muerte. Pero no cualquier muerte, sino la de los padres de la autora. Si bien hay flashbacks a las infancias de los tres, el grueso del libro transcurre en sus últimos años, cuando George y Elizabeth ya eran noventones y comenzaban a perder su autonomía, su independencia, su salud y sus capacidades cognitivas. Esperen, yo estaba buscando un libro que me hiciera reír.

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La magia de Chast reside en presentar cada una de las rebanadas de su vida como “tiras cómicas”. La narrativa principal, que además de los dibujos tiene una cantidad importante de bloques de texto, puede verse interrumpida para compartir una página entera de gags acerca de historias inventadas por su madre, o narrar alguna de las hilarantes conversaciones telefónicas entre los tres.

Algunas de esas páginas recordarán a las Mujeres alteradas de Maitena, no solamente por el estilo de dibujo sino por la presentación temática. Por supuesto que ambas, pero sobre todo la estadounidense, navegan por las mismas aguas por las que viajaba la recientemente fallecida Claire Bretécher, creadora de Agripina.

En cuanto al formato híbrido, la referencia más cercana es la novela gráfica Lo que más me gusta son los monstruos, de Emil Ferris. En los dos casos se utiliza la literatura para avanzar en la historia cuando el dibujo no es necesario. Es Chast quien, al final de todo, se muestra como mejor historietista. Pero se viene mostrando desde hace décadas, mientras que Ferris tuvo uno de los mejores debuts de los últimos tiempos.

En cuanto a lo técnico, el trazo desborda neurosis porque así son sus personajes, que conoce desde el día en que nació y que no dejan de alimentar ese estereotipo de familia judía que huyó de Europa y se estableció en Nueva York que tanto hemos visto en el cine y la televisión. Sus personajes sufren de ansiedad, gritan y atraviesan los bordes de las ya irregulares viñetas. Vaya si habrá ocasiones en las que esto ocurre. Para cuando papá y mamá Chast pierdan la capacidad de pelearse con energía, la tensión quedará en los globitos de texto, que continuarán enviando sus dardos envenenados desde la pasividad de una cama de residencial.

Los auténticos decadentes

Dependiendo de la edad y la actualidad familiar del lector, algunos fragmentos pueden ser golpes certeros al alma. Pero Chast solamente apunta su reflector hacia la inexorable entropía de nuestra existencia y cómo podemos tener un preview contemplando las generaciones anteriores.

Entre las cosas que pueden mejorar nuestra calidad de vida también está el hacer las paces con la muerte, que solemos imaginar como una figura huesuda y terrorífica, pero que haríamos mejor en sustituir por la versión creada por Neil Gaiman en la historieta Sandman: una simpática joven que aparece para tomarnos la mano cuando esta (única o primera) aventura llega a su fin.

Mientras tanto, ¿Podemos hablar de algo más agradable? aborda con humor aquello a lo que muchos deberemos enfrentarnos. Desde tomar las riendas del relato familiar, hasta lidiar con toda clase de burocracias antes y después de un fallecimiento. En el medio, incluye una larga reflexión biográfica sobre los residenciales, geriátricos, asilos o como uno quiera llamarlos. Fuentes de tranquilidad, preocupación, angustia económica o todas las anteriores.

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¿No conocés la dignidad cuando la ves?

Días atrás, disfrutando el documental Mucho, mucho amor, sobre el astrólogo Walter Mercado, me encontré replanteándome cierta idea de la dignidad y de su pérdida en la vejez.

Mercado, una figura avasallante de personalidad y glamur durante los 90, es seguido por las cámaras dentro de su casa mientras juega con su mascota o desayuna con la velocidad de una persona de 80 y pico de años. Lejos de sentir una (reprobable) lástima, me encontré apreciando la entereza detrás de las limitaciones físicas. Cosas que ocurren cuando uno mira documentales después de cumplir 40 años.

Aquí el asunto es más complejo, porque George y Elizabeth son retratados como bastante infumables y porque el libro es lo suficientemente denso como para capturar los momentos de mayor fragilidad y vulnerabilidad de ambos. Que incluyen pérdida del control de esfínteres.

El mérito de Chast está en rescatar el humor de cada uno de estos eventos (incluyendo la pérdida del control de esfínteres), pero además en dotarlos de una naturalidad necesaria para afrontar situaciones por las que todos atravesaremos en primera y/o tercera persona, dependiendo del largo de nuestra aventura.

Una obra difícil, que nos estruja el corazón y nos hace cosquillas en la barriga. La clase de obras que no son para cualquier momento, pero que deberían ser para algún momento en especial.

¿Podemos hablar de algo más agradable? De Roz Chast. Reservoir Books, 2015, 240 páginas. Puede adquirirse en formato digital en español en megustaleer.com.uy